“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

martes, 28 de junio de 2016

El género y el sexo

Middlesex
Jeffrey Eugenides
Anagrama 2008

            Calliope desciende de una familia griega, originaria de un pueblo cercano a Smyrna- hoy Izmir, Turquía. Sus abuelos llegaron a los EE.UU. huyendo de los pogromos turcos. Se asentaron en Detroit, en los años 20 del siglo pasado la capital mundial de la industria automovilística, luego conocida por los altísimos niveles de crimen y los guetos afroamericanos; hoy una ciudad en bancarrota. Calliope-Cal Stephanides nació y fue criado como una niña hasta que, durante su adolescencia, resultó que… era alguien más, que no era del todo una niña. Cal era hermafrodita como consecuencia de una mutación genética causada por la endogamia, y que sus abuelos llevaron consigo a América desde su aldea en Asia.
La novela de Eugenides se centra en dos temas. Por un lado, habla del largo y doloroso proceso que lleva al protagonista y narrador a la vez hacia el descubrimiento de su identidad. Su adolescencia, el periodo tan difícil en la vida de cada uno, se complica aún más cuando Calliope se percata de que es diferente a la mayoría de la gente. Las cuestiones del género, el sexo biológico y cultural, cualquier excepción a la norma (lo que signifique aquello) siguen despertando emociones poco saludables aunque mucho ha cambiado con el paso del tiempo. No obstante, por muy importante que pueda resultar el problema de la intolerancia para con el distinto, Middlesex pone énfasis sobre todo en cómo el hermafrodismo influye en la psique y la vida del protagonista.
Por el otro lado, la novela trata del proceso de la integración de los inmigrantes y los cambios sociales que tuvieron lugar en los EE.UU. en el siglo pasado. Sin embargo, Middlesex no deja de ser sobre todo una saga familiar que cuenta la historia de la familia de Cal. Todo empieza al principio del siglo XX en un pueblo griego donde el tiempo parece haberse parado, y donde los antepasados del protagonista crían gusanos de seda. Luego vienen las guerras griego-turcas, la inmigración forzosa para salvar la vida, los locos años veinte con el charleston y la prohibición, la Gran Depresión, varios intentos más o menos exitosos de prosperar en diferentes negocios, la revolución sexual, los hippies, la emancipación de la mujer. Eugenides hilvana la historia de las siguientes generaciones de la familia- y el fruto de un amor prohibido- ofreciéndonos una narración rica en detalles, extendida como un arco iris del Este al Oeste, que bulle con anhelos, emociones y pasiones. Uno de sus puntos centrales es el choque entre la tradición y la modernidad. No obstante, lo que hace que estemos delante de una novela excepcional son, sin duda, sus protagonistas- del tipo que yo llamo de pura sangre, expresivos y llenos de vida. El autor crea sus personajes de tal manera que incluso el más gris e insulso de ellos tiene el aura de extraordinario, cada uno parece ser único e irrepetible, y su vida merece una novela aparte.
Otro elemento destacable es el estilo de la novela de Jeffrey Eugenides. La palabra que, en mi opinión, mejor lo define es fenomenal. El autor norteamericano escribe de una manera sutil y llena de matices. Podemos saborear cada frase pero también simplemente dejarnos llevar por la historia, permitir que nos deslumbre y engulle enteros. Porque en Middlesex el qué es igual de importante que el cómo se cuenta la historia.
Una lectura imprescindible. Como todos los Pulitzer, ¿no?






jueves, 23 de junio de 2016

Recordando mis mejores lecturas: Cinco cuartos de naranja

Cinco cuartos de naranja
Debolsillo 2003

Este libro fue una gran sorpresa. Muy grata- debo admitir desde el principio. Joanne Harris se hizo mundialmente conocida a raíz del gran éxito cosechado por la película Chocolat basada en una novela suya. El siempre extraordinario Johnny Depp, la très jolie Juliette Binoche, un poco de realismo mágico y gran amor mezclados con un mar de chocolate- ¡para chuparse los dedos! Sin embargo, no para mí. Creo que la comida forma una parte importante de nuestras vidas pero no como para convertir novelas en libros de recetas (vide Como agua para chocolate de Laura Esquivel). Además, la pizca de realismo mágico mal usado puede ser el ingrediente que estropee el plato de lectura por muy apetitoso que parezca, o incluso cause una indigestión aguda.. Así que cuando, además, me enteré de que Cinco cuartos de naranja formaba parte de la trilogía de comida (junto con Chocolat y Vino mágico), no me esperaba demasiado. Hasta que empecé a leer la historia…
Françoise Simon, una viuda de 56 años y madre de 2 hijas con las que apenas se habla, llega al pueblo en el que pasó su infancia, Les Laveuses, y se instala en la arruinada finca que pertenecía a sus padres. Restaura la granja y abre allí un pequeño restaurante. Lleva una existencia tranquila hasta el día cuando por la puerta del restaurante entra un conocido crítico culinario y se enamora de la cocina de Françoise. La fama abre una verdadera caja de Pandora: en la vida de la protagonista aparece de repente su sobrino Yannick y su codiciosa mujer Laure, ambos interesados en arrebatarle la fuente de sus conocimientos gastronómicos -el cuaderno de recetas heredado de su madre. A Françoise  no le importan demasiado las recetas- teme que las maniobras de su sobrino destrocen la vida que se ha construido en el pueblo y revelen a sus habitantes su verdadera identidad. Porque Françoise Simon en realidad es Framboise Dartigen, la hija menor de Mirabelle Dartigen, una mujer todavía recordada en Les Laveuses y odiada por un trágico incidente que ocurrió en el pueblo durante la IIGM.  Lo que pasó marcó la vida de la familia Dartigen  de tal manera que Framboise-Françoise  aún siente la necesidad de ocultar quién es.  Releyendo el cuaderno de recetas  descubre allí también apuntes con las memorias, reflexiones y opiniones de su madre. La lectura la hace volver a los tiempos de infancia y enfrentar el pasado- un pasado muy oscuro, difícil y trágico. 
La verdad es muy dura y la historia estremecedora. Oscuro es el adjetivo que mejor, en mi opinión, refleja el clima de Cinco cuartos de naranja- sentimientos oscuros, historia oscura; oscuro es también el bosque a las orillas del Loira, donde se desarrolla gran parte de la trama. Esta impresión no la pueden cambiar ni las muy coloridas descripciones de los árboles frutales del huerto de la granja ni del mercado donde Mirabelle vende sus frutas, mermeladas y conservas. La comida que tanto me preocupaba sí que está en abundancia, con una profusión  de sabores, colores y olores, pero desempeña un papel muy distinto al que yo sospechaba. La comida en Cinco cuartos de naranja es una expresión de amor de una madre hacia sus hijos. La única de la que Mirabelle es capaz. La falta de comunicación entre la madre y sus tres hijos, falta de cariño y el trato casi vejatorio que les da llevan a una serie de acontecimientos que terminan en una gran tragedia.
Años más tarde Framboise revive los traumáticos sucesos e intenta comprender cómo éstos influenciaron su vida y relaciones con los demás. Mientras descubre la verdad, ¿aprenderá a perdonar a su . madre y a sí misma? ¿Se dará el permiso de amar y ser amada? ¿Recuperará a sus dos hijas? ¿Dejará atrás el pasado?   
Es una lectura que recomiendo a todo el mundo, también a los que tienen reparos a la hora de leer sobre la IIGM. Hay algunos acontecimientos trágicos pero la verdad es que, así presentadas las cosas, a mí no me deja de sorprender lo ligera y suave que era la ocupación alemana de Francia en comparación con otras partes del continente, sobre todo donde la gente no se resignó al papel de esclavos que les asignó el psicópata de bigote, no colaboró con sus secuaces sino luchó como pudo. O simplemente intentó sobrevivir con la mayor dignidad posible.



jueves, 16 de junio de 2016

Volver a casa

Homegoing 
Yaa Gyasi
Alfred A. Knopf 2016

         Me dice Don Google que los derechos de este libro fueron vendidos a un grupo editorial español por una cuantía de varios dígitos. ¿Merecidos? Mi respuesta va a ser corta: Sí.
         El siglo XVIII, Ghana, la costa oeste de África. Dos hermanastras que nunca se han conocido, hasta el último momento ni siquiera saben de su existencia. La mayor, Effia, se casa con el comandante británico de la fortaleza Cape Coast Castle, a pesar de las reticencias de su padre, y vive una vida de lujo y opulencia. La otra, Esi, llega allí en circunstancias dramáticas y pasa meses en los calabozos, en condiciones más que deplorables, antes de ser vendida como esclava que trabajará el resto de su vida recogiendo algodón en las plantaciones del sur de los EE.UU. Yaa Gyasi, la nueva estrella de la literatura norteamericana, nos cuenta la historia de Effia, Esi y 6 generaciones de sus descendientes en África y en América. Y nosotros, los lectores, la seguimos con los ojos como platos y el corazón encogido, envueltos en la magia de África y del gran talento de la autora.
         La acción de la novela se extiende a lo largo de casi 300 años. La colonización de África, la esclavitud de los africanos, su lucha por la libertad e igualdad de trato en los EE.UU, las tragedias familiares, envidias, momentos de felicidad y el amor- Homegoing explota con emociones como un volcán, nos deja sin aliento ni ganas de hacer otra cosa que no sea leer sus páginas.


Yaa Gyasi
         Lo que sin duda diferencia la novela de Yaa Gyasi es su forma. La autora ha decidido presentarnos la historia de las dos ramas de la misma familia por separado, aunque paralelamente y en orden cronológico. Cada capítulo está dedicado a uno de los descendientes de la siguiente generación y, por lo general, muestra sólo un momento determinado de su vida. El resto de la historia lo conocemos en los capítulos siguientes. Es una construcción muy bien pensada y trabajada al detalle, ya que parece que la información acerca del destino de cada uno de los protagonistas corre sin cesar como sangre por las venas del libro. Aunque también da la impresión de que la autora nos arranca a fuerza de su relato, como  fueron arrancados de su entorno natural los millones de africanos tratados como mercancía. Por otro lado, alternando los dos hilos de la trama, Gyasi consigue que suba la tensión y  que en ningún momento decaiga el interés del lector. Con cada capítulo, con cada página leída la historia parece volverse más y más elástica, pero de un sabor muy amargo al mismo tiempo. La África de Yaa Gyasi es un continente de extremos, la exótica tierra llena de belleza y de sufrimiento a la vez. Gracias a sus raíces africanas, la autora domina a la perfección la paleta de colores con los que dibuja cada elemento del paisaje y de la historia de Ghana. De esta manera nos trasladamos a la costa oeste de África para verla tal y como es. Y como fue cuando un pueblo asaltaba de noche a sus vecinos para venderlos luego a los europeos. No he leído mucho sobre este tema, pero debo admitir que, en mi caso, ésta es la primera novela donde la esclavitud no recibe un trato abiertamente maniqueo, con únicamente los blancos como la encarnación del mal, silenciando tanto el hecho de que fueran los mismos africanos quienes traficaban con los esclavos como los modos de hacerse con ellos. Por lo menos Raíces de Alex Haley no lo presenta de esta manera…


Cape Coast Castle

         Las vidas de los descendientes de las dos hermanastras no fueron fáciles. En la novela no faltan el sufrimiento, la maldad y escenas desgarradoras de una crueldad de la que sólo son capaces los seres humanos. Al mismo tiempo no se puede negar que la obra de Yaa Gyasi cautiva e hipnotiza a sus lectores, en mi opinión, gracias sobre todo a la manera novedosa de abordar el tema. Homegoing está llena de la magia de esos cuentos folclóricos de tradición oral, pasados de padres a hijos, gracias a los cuales los descendientes de Kunta Kinte encontraron sus Raíces. En el caso de la novela de Yaa Gyasi (quien afirma no haber leído el bestseller de Alex Haley), una parte de la familia vive la esclavitud, los préstamos de prisioneros a las minas en Alabama y la Gran Migración de los descendientes de los esclavos hacia el norte, se afinca en Harlem, sucumbe a la epidemia de la heroína… Del otro lado del Atlántico, la novela explora la poco cómoda verdad sobre la participación de las tribus Asante y Fante en el comercio de los esclavos. La autora habla en nombre de los que fueron silenciados por los engranajes de la historia, los devuelve a su lugar del que nunca deberían haber partido en contra de su voluntad. Como dice uno de los protagonistas africanos, profesor de historia, a sus alumnos:

We believe the one who has the power. He is the one who gets to write the story. So when you study history, you must always ask yourself: Whose story am I missing? Whose voice was suppressed so that his voice could come forth? Once you have figured that out, you must find that story too. From there, you begin to get a clearer, yet still imperfect, picture.


Ghana en el mapa

         Homegoing es una lectura maravillosa, un sabio relato sobre la determinación y la fuerza de la voluntad que nos pueden llevar a cruzar las fronteras que parecían infranqueables.  Es una de esas historias que se quedan con nosotros mucho tiempo después de terminar el libro y que nos permiten reflexionar acerca de la esencia de la humanidad.

Evil begets evil. It grows. It transmutes, so that sometimes you cannot see that the evil in the world began as the evil in your home.


domingo, 12 de junio de 2016

Labrando entre las ruinas

El labrador de aguas
Huda Barakat
Belacqua 2007


Al final de la descripción de la novela de Huda Barakat podemos leer: Labradores de aguas, según la imagen fenicia, no surcan la tierra: sólo alcanzan a construir ruinas. No sé de qué imagen fenicia se trata y el señor Google no ha sido capaz de ayudarme a averiguarlo. No obstante, no puedo negar que sea una frase que perfectamente resume la esencia del libro por el cual la autora libanesa recibió el Premio Naguib Mahfuz 2000.  
         Nos situamos en Beirut durante la guerra civil que asoló Líbano en los años 70 y 80 del siglo XX. Nicolás, un comerciante de telas, pierde su casa saqueada y ocupada por extraños mientras estaba visitando a un familiar. Lo único que se le ocurre en el momento de desesperación es buscar su antigua tienda entre las ruinas del centro de Beirut. El edificio está totalmente quemado pero permanece intacto el sótano donde se almacenaban las telas más valiosas. Desde allí, envuelto en los linos, terciopelos, brocados y sedas, irá hilvanando su historia. Nos hablará de su madre quien quería ser cantante de ópera y de su padre- uno de los últimos grandes conocedores de los secretos que esconden los tejidos y que, locamente enamorado de su mujer, rompió la promesa dada a sus ancestros de que nunca viviría en Beirut. Además, conoceremos también los detalles de la relación que Nicolás mantuvo con su sirvienta kurda, Shamsa, a quien intentó enseñar todo lo que sabía sobre las telas.
         Los capítulos en los que el protagonista evoca su vida pasada en la llamada París del Medio Oriente se entrelazan con las descripciones de su vida en el presente, entre las ruinas de la ciudad. Recoge el agua de lluvia, come frutas de los árboles que sobrevivieron los bombardeos y la destrucción, planta su propio huerto entre los escombros de la tienda, caza palomas, huye de los perros callejeros convertidos en bestias salvajes. Su deambular por las ruinas de la ciudad buscando algo con que alimentarse me recordó a Władysław Szpilman, el Pianista de la oscarizada película de Roman Polański, y su lucha por sobrevivir entre lo que quedaba de Varsovia después del Levantamiento en 1944. Sin embargo, la prosa de Barakat carece de la fuerza que sí poseen las memorias del músico polaco, y que residen en la veracidad de la experiencia. El labrador de aguas es un ejemplo más de las numerosas obras de ficción que, en mi opinión, caen vencidas por la realidad. Creo que habría disfrutado mucho más de un reportaje o crónica sobre aquella época en la historia de Beirut y Líbano. La novela me pareció a ratos tan delirante como delira Nicolás dando la impresión de vivir sólo porque se aferra a sus recuerdos, sobre todo a los de Shamsa. Pero ella también desapareció de su vida una vez aclarados los secretos de la reina de las telas- la seda. En ese momento la autora introduce un elemento de misterio que une a la amante kurda con la madre del protagonista, y cuya revelación resulta tan inverosímil que estropea el buen sabor de boca que dejan las realmente extraordinarias historias de las diferentes telas o de la familia de Shamsa. Escrita con un estilo que evoca a veces el bíblico, llena de descripciones y reflexiones muy atinadas, la novela nos regala algunas frases magníficas por recordar, como:
No conocía la miseria de la sabiduría o El consejo está demasiado lejos del tiempo a venir y no se saca provecho de la experiencia hasta que ésta ya ha transcurrido.
         Por muy universal que sea el sufrimiento de Nicolás, su añoranza de un pasado glorioso de su familia y su ciudad, la novela me pareció muy hermética, demasiado anclada en las particularidades de su lugar de ambientación. Durante la lectura tenía la impresión de que había algo más, algo que ignoraba y que, desde mi desconocimiento, no era capaz de comprender. Por eso no es una novela que recomendaría a todo el mundo.

martes, 7 de junio de 2016

Hermanas, higos y Ava Gardner

Las Inviernas
Cristina Sánchez -Andrade
Anagrama 2014


¿Qué distingue una novela realmente buena de esa montaña de libros, mejores y peores, que salen a la venta todos los días? Sobre todo, nos aporta la diversión intelectual. Además, toca en sus lectores ciertas cuerdas de cuya existencia ni se percataban. Habla de temas importantes aunque no de forma directa. Y, hoy en día, constituye el único método conocido y seguro de teletransportación a otro tiempo y lugar. Así es la novela de Cristina Sánchez-Andrade, Las Inviernas.
A la aldea gallega de Tierra de Chá regresan un día las hermanas Saladina y Dolores. Las dos se vieron obligadas a abandonar el pueblo durante la Guerra Civil. Vuelven a la casa de su abuelo e intentan llevar una vida sencilla. Cuidan de la granja, cosen ropa por encargo, escuchan novelas en la radio, hablan de las estrellas del cine, a veces se pelean. Pero la tranquilidad no dura mucho. La reaparición de las Inviernas, como las llaman los demás habitantes de la aldea, destruye el orden de las cosas y trae a la memoria algunos acontecimientos que todos preferirían olvidar. Se despiertan los fantasmas. Las Inviernas han vuelto después de años de exilio que las llevó incluso a Inglaterra. Pero ¿de verdad han vuelto a casa? Parece que ellas mismas no están muy seguras de qué es lo que las ha traído a Tierra de Chá. Más bien cumplen con su destino. Además, pronto nos enteramos de que su abuelo, Don Reinaldo, firmó con sus vecinos contratos de venta de sus cerebros. Ahora los habitantes de la aldea quieren recuperarlos. Y no es el único secreto que descubriremos a lo largo de las páginas de la novela…
Pronto aprendieron también que cada aldea tiene su idiosincrasia, su temple, sus leyes de pertenencia, y que la compañía tenía su precio: o se replegaban a las costumbres de la comunidad, con todo lo que suponía ir y estar en ciertos sitios, ir y estar en ciertos sitios siempre, o se quedaban solas.
Presenciamos el choque de dos mundos. Por un lado están las Inviernas, mujeres independientes, libres y extrañas para los aldeanos. Por el otro, está el mundo de la aldea, perfectamente ordenado según sus propias reglas, donde cada uno conoce bien su sitio, donde la libertad es una noción desconocida, donde todos prefieren olvidar. Por encima flota un secreto familiar que las Inviernas descubrirán a pesar de los obstáculos. Aunque las víctimas vuelvan a sufrir y la solidaridad gane a la justicia. El ambiente huele a estiércol y tojo, Saladina no para de comer higos y las gallinas enloquecen de celos por el gallo nuevo.  Ava Gardner viene a Tossa del Mar para rodar Pandorra y el holandés errante y ambas Inviernas, una fea y la otra guapa, creen que pueden ser su doble. Entre las hermanas empieza a crecer el muro de envidias y hartazgo mutuo, se sienten condenadas a su compañía y esclavizadas una por la otra.
La novela de Cristina Sánchez-Andrade nos sitúa en la frontera entre el sueño y la realidad. La gris cotidianidad española de la postguerra, con sus heridas todavía por curar, se ve impregnada de cuentos y leyendas del pasado, pero también de sucesos extraordinarios del presente. Casi todos los protagonistas tienen algo que ocultar, empezando por el párroco que escondía provisiones de comida durante la guerra como ahora esconde su televisor, el mecánico dentista quien oculta su verdadera identidad en una habitación rosa, hasta el maestro temeroso de que se descubra su falta de conocimientos. Cada uno tiene sus sueños incumplidos o frustrados que, con el tiempo, se convierten en veneno que destroza sus vidas. Conocemos también las razones por las que los habitantes de Tierra de Chá no pueden ser felices. Los terribles remordimientos, el resultado de una traición vergonzosa, no les permiten disfrutar de la vida.
Desde hacía tiempo se respiraba en el aire una suerte de amenaza y no era preciso ser muy listo para saber que pronto se desataría un mal incontrolable. Se veía en las caras perplejas y ajadas de las gentes. Se olía en el aire y se vislumbraba al atardecer, cuando el cielo se cuajaba de naranjas. Se intuía en los comentarios a medias, en las sonrisas reprimidas y las risas apagadas.
Las Inviernas es una novela llena de matices y detalles significativos, ambigua. Con palabras escuetas la autora logra expresar todo un abanico de emociones, describir cómo funciona una aldea, qué mueve a sus habitantes. Al mismo tiempo, crea el universo quasi fantástico de las Inviernas, donde el bien y el mal adoptan las formas físicas, donde todo es individual y relativo, cambiante y redefinible. Estamos ante un relato poético y sutil, cuya interpretación depende del lector. El lenguaje, vivo y dinámico pero lleno de absurdo y desasosiego, hace que respiremos el ambiente cargante de la creciente aversión hacia las hermanas. Sin embargo, no olvidemos de que aquí nada es blanco ni negro. El bien nace del mal, y al revés. La novela sorprende con su frescura y originalidad, rasgos poco comunes en la literatura española de los últimos años.

        













viernes, 3 de junio de 2016

¡Qué se haga la magia!

La bruja de abril
Galaxia Gutenberg 2002

Es sin duda alguna una de las novelas más conmovedoras que he leído jamás. No se trata de una novela romántica ni policíaca a pesar de venir de la capital mundial del género. La bruja de abril cuenta varias historias entrelazadas, con el rechazo, la necesidad de aceptación, amor y, sobre todo, las trágicas consecuencias de una infancia infeliz como denominadores comunes. Es Literatura. Horrorosamente verdadera. Cada frase parece una espina que se te clava en el cuerpo, te hace sufrir de tal manera que quieres dejar de leer para dejar de sentir el dolor que aflige y atormenta a los protagonistas- todo es demasiado palpable y auténtico. Y sin embargo abandonar a La bruja de abril resulta ser una tarea imposible; no puedes escapar su peculiar encanto y tienes que seguir leyendo…
La bruja de abril es un ser capaz de entrar en el subconsciente de los demás y manejarlos a su antojo. Así es Desirée, la narradora y una de las principales protagonistas de la novela. Desirée nació con parálisis cerebral y epilepsia, lo cual en la Suecia de los años 50 significaba que sería separada de su madre e internada en un centro para minusválidos. Mientras tanto su madre, Ellen, convencida por los médicos de que su hija es una retrasada mental incapaz de sentir nada, acoge a tres niñas abandonadas o abusadas por sus progenitoras: Margareta, abandonada de recién nacida en una tintorería, Christina, a quien su propia madre intentó quemar, y Birgitta, hija de una alcohólica. Crea para ellas un hogar casi idílico y todo va bien hasta el momento cuando el pasado decide vengarse…  Años más tarde Desirée se entera por casualidad de quién era su madre y de que tiene 3 hermanastras que apenas mantienen contacto entre sí. Ninguna de las tres ha logrado superar los traumas del pasado. Conocemos a fondo sus estremecedoras historias, secretos y complejos. Desirée, quien, a pesar de todo, como la única de las hermanas acepta su destino, decide reunirlas y hacer que hablen, por mucho que les duela a ellas. Y a nosotros. Porque La bruja de abril es una novela que duele y su lectura requiere un poco de masoquismo.
Quizás por eso es también la única obra de Axelsson traducida hasta ahora al castellano. ¿O estarán los traductores del sueco demasiado ocupados con los Larssons, Lackberg, Marklund, Ohlsson &Co.? Majgull Axelsson es autora de varias novelas traducidas a muchos idiomas, novelas que tratan de temas difíciles como las relaciones entre padres e hijos, superación de traumas de la infancia, el mal y la injusticia; critica el mal funcionamiento del supuestamente ideal estado del bienestar sueco. Es una pena que no se conozca mejor en el mundo hispanohablante.