“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

sábado, 7 de mayo de 2016

Recordando mis mejores lecturas: Mil otoños



Mil otoños

David Mitchell

DUOMO EDITORIAL  2011



Me encanta cuando una buena lectura lleva a la otra. Así fue en este caso: la absolutamente brillante Amsterdam:  A History of the World’s Most Liberal City de Russell Shorto hizo que por fin leyera una de las novelas de la larguísima cola de tengo que leerlo en esta vida, la muy elogiada Mil otoños de David Mitchell.  De esta manera, desde la comodidad de mi sofá y al calor de la chimenea, hice el mismo viaje que los protagonistas del libro – desde Holanda a Nagasaki, o más precisamente, a Deshima, una isla artificial construida en la bahía de Nagasaki.
Allí llega en verano  de 1799 un joven escribano de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), Jacob de Zoet. Su misión en Deshima, el único lugar donde estaban entonces permitidos contactos entre japoneses y europeos, va a durar 5 años. En ese tiempo pretende reunir una fortuna para poder, a la vuelta a Holanda, casarse con su amada Ana.  La VOC, en sus últimos estertores, está corroída por la corrupción –los empleados hacen negocios con los japoneses por su propia cuenta o como intermediarios entre éstos y la compañía, asegurándose pingües beneficios (parece que poco ha cambiado desde aquella época). Jacob, un idealista de 26 años, o sea con poca experiencia, se ve envuelto en una telaraña de intrigas, odios, reproches y envidias típicas de un pequeño y cerrado grupo de personas que, fuera de la temporada comercial (unos 3 meses al año cuando viene el único barco con mercancías), simplemente no tienen nada que hacer y se aburren. Los contactos con los japoneses están restringidos a los intérpretes y esposas.  Están prohibidos todos los símbolos cristianos- en el intento de preservar su libro de salmos Jacob logra acercarse a uno de los intérpretes, Ogawa Uzaemon, entusiasta de la ciencia y cultura occidentales. Entablan una amistad que va a cambiar la vida de los dos… El libro prohibido no es el único secreto de Jacob: el holandés pelirrojo se enamora de una comadrona japonesa, Orito Aibagawa.  La conoce en Deshima, donde la joven es la única mujer a la que se permite estudiar medicina bajo la tutela del médico del enclave comercial, doctor Marinus. Un día Orito desaparece. Aparentemente su madrastra la vendió como monja a un misterioso y aislado monasterio.

Así empieza la fascinante historia de Jacob, Uzaemon y Orito. No es un triángulo amoroso- nada por el estilo. Sí, el amor es uno de los principales ejes de la historia, pero detrás se esconden muchas más cosas. El poder, el ansia de conocimiento, un fanático convencimiento de la infalibilidad de uno, codicia – éstos son los factores que llevarán a un terrible drama que los lectores vamos a presenciar como testigos impotentes.  

Mil otoños es una novela de acción con persecuciones, batallas navales, samuráis y muchos secretos. Dividida en tres partes está preparada para convertirla en el guión de una trilogía cinematográfica. Engancha sin piedad presentando de forma muy gráfica un mundo del que ignoramos casi todo.  Las callejuelas de Nagasaki, las casas de madera de Deshima, los caseríos de los ricos y poderosos funcionarios japoneses, las chozas de los pobres, el monasterio y, sobre todo, las inescrutables costumbres y el mutismo del Japón de la era Edo están descritos con una impresionante riqueza de detalle.  Visitamos palacios, jardines, presenciamos batallas y unos cuantos procedimientos médicos que difícilmente podremos borrar de la memoria… A ver si esta novela encuentra a su Peter Jackson.
 Lo único que faltaría en la versión cinematográfica serían los olores – Mil otoños es una novela que huele,  como El perfume de Patrick Süskind. E igual que ésta, huele mal. En realidad  apesta. Como os podéis imaginar, el hedor lo desprenden los holandeses cuya higiene personal deja mucho que desear según los estándares  tanto nuestros como los japoneses de la época. Es tan sólo uno de los muchos contrastes entre los europeos y los  habitantes del País de Mil Otoños.  Mitchell convierte a Japón en uno de los protagonistas de su novela. El lento y solo parcialmente fructuoso proceso de la asimilación de Jacob nos brinda la oportunidad de disfrutar de la exótica realidad que rodea a los holandeses en Deshima. Las descripciones de algunas costumbres japonesas, el creciente con el tiempo número de personajes nativos en el libro y el gradual traslado del centro de los acontecimientos desde el enclave holandés a Nagasaki y más allá, crean un fantástico ambiente.  No podemos aburrirnos de Japón porque nunca tenemos demasiado. Todo el tiempo está en el fondo de la historia, la acompaña. El autor siembra en  nosotros el anhelo de saber más, descubrir, poder saborear  el Oriente como Jacob saborea un caqui del huerto de Orito.
Sin embargo, el verdadero atractivo de la novela reside en sus protagonistas. El  gran choque de culturas que presenciamos hace que todos tienen que revisar sus opiniones sobre el mundo y la vida, madurar. Mitchell se compadece de sus personajes pero no se apiada de ellos. Los recrea en un mundo que decide por ellos.  Monjes y científicos, jueces y samuráis, europeos y japoneses, ricos funcionarios y pobres mujeres del campo o esclavos – nadie puede elegir su destino.  Como Orito, quien, gracias a salvar casi milagrosamente al hijo recién nacido del magistrado de Nagasaki, tiene concedido el deseo de estudiar medicina occidental en Deshima. Sin embargo, pronto resultará que el milagro ha sido también una maldición para la partera. Éste es el destino que espera a todos los protagonistas-  socarrón, imprevisible, maravilloso y temible al mismo tiempo. En la escena final dos personajes están jugando al go, un juego tradicional chino.
No ha sospechado nunca que no somos nosotros los que jugamos al go, sino el go que nos juega a nosotros?- pregunta uno de ellos.
La verdad es que no puedo decir nada malo de Mil otoños. No me sorprende que haya sido galardonada  con varios premios como Commonwealth Writers Prize 2011, el Libro del Año de NYT y fue nominada al Man Booker Prize for Fiction 2010. La única pega que encuentro a la edición española es la portada- ¿de dónde han sacado este uniforme de la IGM? Una vez más me quedo con la portada original. Me encantan los caquis.






30 comentarios:

  1. hola! que linda lectura y nada menos que al lado de la chimenea, no hay mejor manera de disfrutar una lectura larga.muy explicita tu reseña, me gusto y lo anoto. gracias por comentar! beso.

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    1. Espero que puedas leer la novela y que te guste.
      besos

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  2. No lo conocía pero tiene una pinta estupenda, me encantaría leerlo así que intentaré localizarlo
    Besos

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    1. No creo que sea difícil de encontrar. Espero que la disfrutes.
      besos

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  3. La segunda portada me parece miucho más sugerente, la ambientación es parecida a La casa de las miniaturas ¿no? Tomo nota porque me dejo llevar por tus buenas impresiones:
    Un beso

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    1. Uno de los protagonistas es holandés pero aquí terminan los parecidos. Tanto la época como el lugar son diferentes. No obstante, las dos son novelas estupendas.
      besos

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  4. Es el autor de El atlas de las nubes, ¿verdad? Aunque esta trama me parece más interesante que la otra. Me lo apunto ^^
    Besos

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    1. Sí, es él, pero esta novela tiene poco que ver con la otra. Espero que la disfrutes.
      besos

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  5. Preciosa reseña como precioso libro parece ser, sin duda me lo llevo anotado y lo buscaré porque su ambientación me fascina.

    Besitos

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  6. Ya sabes que me encanta este autor, es uno de mis preferidos de hoy en día sin duda. El último libro que me compre este San Jordi, y que será el siguiente que lea sin duda, es el último que ha sacado y que tiene una pinta increíble. "Relojes de hueso" se llama, pero ya lo sabrás sin duda. Está más al estilo de otras dos de sus grandes libros, "Escritos fantasmas" y "El atlas de las nubes" que no de Mil otoños. Un abrazo.

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    1. Tengo que leer más de Mitchell por fin. Creo que empezaré por "El atlas de las nubes". ¿Qué te parece "Relojes de hueso"? Yo he visto buenas reseñas pero a Joselu no le gusta (eso dice en su comentario).
      un abrazo

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  7. Hola Agniezka! De vuelta por aquí, con mucho gusto. No conzco mucho de Mitchel, pero déjame que te ponga algo a propósito de un intercambio tuyo con Paco en su blog, a propósito de "el alma rusa". Me ha parecido una maravilla ese contrapunto -en el sentido positivo, mozartiano de la palabra, donde uno realza al otro-. También encontrar dos personas (más, se suman Laura, Marcelo...) que puedan intercambiar sobre temas tan centrales a nuestro ser humanos, en estos tiempos de banalidad y modernidad líquida. A mí me cuesta leer a los rusos del s. XIX, pero me doy cuenta que es porque su sufrimiento tan brutal, sus condiciones de vida tan denigradas me hacen mal. Cobardía lisa y llana, podría decirse. Soy un hijo del s. XX (ahora XXI) próspero, en una región donde las guerras se ven en el cine, y en su versión edulcorada yanqui. Lo que yo evoco cuando digo "sufrimiento" no tiene equivalente con lo que sufre y ha sufrido un habitante del Este europeo (no digo ya eslavo, como verás). Todos "sufrimos", pero de vez en cuando es bueno poner en perspectiva las palabras que usamos.
    Bueno, quería pasar y dejarte estas palabras. Muchas gracias.

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    1. No creo que las condiciones de vida de un campesino ruso en el siglo XIX fueran muy distintas a lo que vi en diferentes lugares de América Latina. Es muy triste pero real. Al mismo tiempo, el hecho de que hablemos sobre los rusos y no p.ej. españoles o portugueses se debe a que fueron los autores rusos quienes tuvieron el coraje y la sensibilidad de escribir sobre la vida en el campo mientras otros preferían concentrarse en otros tema que seguramente vendían mejor. El tema de las guerras y el sufrimiento que han causado es otro asunto. No pretendo comparar los dos pero creo que hay que diferenciarlos. Eso sí, estoy totalmente de acuerdo contigo en que hay que poner todo en perspectiva. ¡Anímate a leer a algún ruso! No todos son tan crudos. Gógol o Chéjov pueden ser incluso graciosos; y ya no digo nada de mi favorito, Bulghakov.
      saludos

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    2. Estoy de acuerdo contigo en que la pobreza de América Latina es en muchos casos infrahumana, y sólo recientemente ha surgido una literatura que la exprese. Durante décadas -y la tendencia persiste, y en parte me incluye- nuestros gustos literarios han estado moldeados por la estética europea o norteamericana. No por nada somos hijos de inmigrantes. Pero no es el caso de toda América, y por fin se está haciendo justicia. La generación posterior al Boom ha entrado de lleno en las crudas temáticas de la exclusión, la violencia... y tal vez tú los conoces mejor que yo.

      Y respecto de los rusos, he leido mucho de Tolstoy en mi juventud, un poco de Chéjov, y El Capote y Almas muertas de Gógol. El que es un auténtico desafío para mí es Dostoievsky. Pero con el tiempo me iré acercando a él. Una aproximación fue leer El maestro de Petersburgo, una novela de Coetzee donde intentan imitar el clima y la cadencia en la escritura del ruso. Para mi gusto logra recrear el mundo opresivo, lacónico, lleno de simbolismos de D.
      Bueno, gracias por este diálogo. Saludos

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  8. He leído tres títulos del autor y este es el que me gustó más sin duda alguna. Me parece un nombre muy a tener en cuenta que tiene un dominio del lenguaje que hace que sea un placer leerlo
    Besos

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    1. Me apetece leer más Mitchell. Sé que las otras novelas son muy distintas pero eso no debería impedir que las disfrute igual. Espero, jaja.
      besos

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  9. He empezado a leer Relojes de hueso de David Mitchell y lo he dejado. Me pareció muy simple con el lenguaje (tal vez porque lo leo traducido, en parte) y su temática me pareció más de bestseller que de obra con densidad. Me terminó aburriendo. Ahora estoy leyendo Canadá de Richard Ford y me estás gustando.

    No sé si concederé una segunda oportunidad a David Mitchell.

    Abrazos.

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    1. "Mil otoños" es diferente a las demás novelas del autor. Su ambientación deslumbra y la trama engancha como pocas. Dale una oportunidad. Creo que se lo merece. De "Canadá" he oído hablar maravillas, así que a lo mejor algún día me acerco a Richard Ford.
      abrazos

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  10. Me la llevo anotada. La primera portada no me gusta tanto como la segunda. Me encantan tus recomendaciones.
    Besos

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    1. Espero que puedas leerla y que la disfrutes.
      besos

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  11. ¡Hola!
    no conocía los libros que has puesto, la verdad que me llama bastante la atención, y las portadas son geniales *U*, me encantan.
    Por cierto, he seguido tu blog jeje, Te invito a que me visites y si te gusta te quedes.
    Un abrazo :3.
    Obsesión por la Lectura ♥

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    1. ¡Hola!
      Es una novela muy interesante y "exótica". Muy recomendable para los amantes de viajes desde el sillón. Ya me paso por tu blog.
      abrazos

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  12. Estoy leyendo ahora Relojes de hueso, la verdad que me parece un poco farragosa e inconsistente, me faltan solo 100 páginas. Me da la sensación de que los otoños me podrían gustar, a ver cómo resuelve y si no me cruzo con el autor podría repetir. Estoy contigo, la portada original es muchísimo más bonita.
    Besos

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    1. No te enfades con Mitchell si no te gusta "Relojes de hueso" y da una oportunidad a "Mil otoños". No te arrepentirás!
      besos

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  13. hola! te hemos nominado por los premios Liebster awards!pasa por favor, por el blog cenando con libros a recogerlo, ardiamos de deseos de compartirlo. espero te guste!

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  14. No es mi tipo de libro así que lo dejo pasar
    Un beso!

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  15. No me importaría leerlo. Este tipo de lecturas me gustan.

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  16. Creo tener varios de los libros de Mitchell y, si mi memoria no falla, éste lo había apuntado de tu anterior reseña...
    Refuerzas mi interés tanto en el libro como en el autor. Espero encontrar un momento para leerlo.
    Un beso grande, Agnieszka!

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