“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

viernes, 1 de abril de 2016

Felicidad


Los siete años de abundancia

Etgar Keret

Siruela 2014










         Para terminar el mes de la familia me pareció ideal el libro del escritor israelí Etgar Keret, Los siete años de abundancia. El título se refiere a los siete primeros años de vida del hijo del autor, cuyo nacimiento hizo que el mundo de su padre diera una vuelta de 180º.

En una entrevista Keret afirmó que el propósito de esta colección de relatos era intentar explicar el mundo no sólo a su hijo sino también a sí mismo, buscando la respuesta a las eternas preguntas: ¿por qué resulta tan difícil ser el hombre y, sin embargo, por qué merece la pena el esfuerzo?

         No creo que sea fácil contestar estas preguntas en un país en guerra, como Israel. En algunos momentos únicamente valen trucos, como cuando durante un ataque aéreo, para tranquilizar a Lev y, al mismo tiempo, convencerlo a que se tumbe en el suelo, juegan al sándwich de pastrami. El niño hace de fiambre entre dos rebanadas de pan en forma de sus padres, y no se asusta al oír una explosión cercana. De hecho, el conflicto irrumpe fuertemente en la vida de la familia desde el principio, cuando la mujer de Etgar Keret da a luz  con apenas cuidados médicos ya que el personal del hospital tiene que atender a los heridos en un ataque terrorista. Cuando Lev tiene 4 años y baja todos los días al parque con su padre, ocurre esto:

Como buen judío estresado que considera su supervivencia momentánea como algo excepcional y en absoluto trivial, y cuyas alertas diarias de Google se limitan al terreno reducido que hay entre desarrollo nuclear iraní y judíos +genocidio, no hay nada que disfrute más que unas pocas horas tranquilas hablando de biberones esterilizados con jabón ecológico y de las escoceduras del culito de los bebés. Pero esta semana la magia se acabó y la realidad política entró reptando sigilosamente en mi paraíso privado.
-Dime una cosa, ¿ingresará Lev en el ejército cuando crezca?- preguntó en tono inocente Orit, madre de Ron, de tres años.

         Tampoco es fácil explicar a un peque de dónde viene la incomprensión y la antipatía con las cuales Lev se topa a menudo. ¿Por qué el taxista le grita sin razón? ¿No sería mejor que la gente fuese siempre agradable con los demás?

         Desempeñar el papel del padre lleva a Etgar Keret a reflexionar acerca de su propia familia, sobre todo su padre. Habla con toda la sinceridad de los últimos meses de su vida, cuando padecía un cáncer incurable. Dice:

Tengo un buen padre. Tengo suerte, lo sé. No todo el mundo tiene un buen padre.

El padre del escritor, superviviente del Holocausto, fue el maestro quien le enseñó a amar el mundo y la vida. Ahora le toca a Etgar transmitir a su hijo los mismos valores.

         La familia del escritor sufrió también otra pérdida, aunque no haya sido a causa de  una muerte física:

Hace diecinueve años, en un pequeño salón de bodas en Bnei Brak, mi hermana mayor murió, y ahora vive en el barrio más ortodoxo de Jerusalén.

Etgar la echa de menos, ergo la quiere, ergo respeta su decisión, a pesar de todo. También el hermano mayor, el objeto de la eterna admiración, está lejos aunque en este caso de verdad los separan los miles de kilómetros que hay entre Israel y Tailandia. La distancia o barreras religiosas son nada en comparación con su los lazos que les unen. Leyendo las palabras que Keret dedica a sus hermanos sabemos que los quiere con locura.

Las páginas del libro dibujan el retrato de su autor como una persona llena de empatía y amor hacia los demás, de esas que invitan a su casa a los taxistas para que puedan utilizar el baño.

         Los siete años de abundancia rebosa de humor y observaciones irónicas que nos sacan varias sonrisas o directamente hacen soltar alguna que otra carcajada, como esta sobre las dedicatorias en los libros:

El hecho de haber escrito un libro, no le da derecho a nadie a garabatear mi propio ejemplar; especialmente si su caligrafía es fea, como la de un farmacéutico, e insiste en utilizar palabras difíciles que tienes que buscar en el diccionario para acabar descubriendo que no significaban nada más que “disfrutar”.

No obstante, los relatos de Etgar Keret no sólo divierten sino que también emocionan.  Uno de los más conmovedores es, sin duda, La casa estrecha donde el autor cuenta la historia de su casa-instalación en Varsovia. Creo que el tarro de mermelada que le regala una vecina mayor deja a varios lectores sin aliento.


         En mi opinión,  el mensaje  que el escritor-aprendiz de padre quiere transmitirnos es que no nos volvamos indiferentes, que no dejemos convencernos de que el mundo sea gris y aterrador, como lo presentan los medios de comunicación, sino que busquemos su belleza y sepamos enseñársela a nuestros hijos. Con esta actitud todos los años serán de abundancia.




















18 comentarios:

  1. Yo a veces, lo reconozco, soy de las que necesitan una buena dosis de esperanza y un empujoncito para ver el rosa en lugar del gris. Creo que sería una lectura que agradecería mi espíritu.
    Besos.

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  2. No lo descarto, mi última experiencia con los relatos fue mucho mejor de lo que pensaba... Lo buscaré.
    Un beso

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  3. Vaya, pues me gusta ese intento de rescatar la cotidianidad en esas circunstancias tan penosas y duras. A ver si lo puedo conseguir.
    Besos

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  4. No me van mucho los relatos, pero éste lo tendré en cuenta. Gracias, guapa.
    Besos

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  5. El tema de los relatos me frena pero la verdad es que, pese a la dureza de lo que cuentas, podría resultarme una lectura interesante.
    Besos

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  6. No sé, me pasa pocas veces pero después de la reseña me he dicho. "No sé" como si hubiera tantos puntos a favor como en contra, sin duda ninguna, a favor está la esperanza y el optimismo, en contra, el contexto, y así todo el rato. Si lo encuentro leeré un poco a ver qué me hace sentir.
    Besos

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  7. hola. es un hermoso vicio el de la lectura. nosotras morimos sino tenemos un libro a mano y si son tres o cuatro mejor, nos gusta lo variado y eso tiene tu blog. nos quedamos cerca. gracias por compartir!

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  8. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  9. Este libro hace mucho que tengo ganas de leerlo. Keret tiene algunos libros de relatos extraordinarios. Te recomiendo, en especial, "De repente llaman ala puerta". Genial.
    Saludos.

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  10. Ser judío y escritor es algo prometedor como principio. Ser escritor e israelí te pone en el ojo del huracán literario y mediático, igual que los productos en el Mercadona que vienen de Israel. Algo sospechoso. Otra culpa añadida a la historia del pueblo judío que no ven manera de no ser culpables de algo, y solo son tiernos y simpáticos cuando se dejan llevar mansamente a las cámaras de gas. Entonces seducen al personal y sus campos de exterminio como el de Auschwitz reciben centenares de miles de visitas anuales. Son interesantes como víctimas puesto que hay algo en ellos que les hace merecedores del castigo. Nadie sabe muy bien qué, pero existe en la psique mundial. Así que un escitor israelí que hable de visiones esperanzadoras, de cómo ser un buen padre y que rezume humor y humanidad no dejará sin duda indiferentes a los lectores.

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    1. ¡Estoy totalmente de acuerdo contigo! Etgar Keret es un escritor estupendo, como lo son otros israelíes: Amos Oz, Sara Shilo, Eshkol Nevo, Meir Shalev, Dror Mishani o Nir Baram (más apellidos no recuerdo ahora mismo). Pero ellos no escriben sobre jardineros en Dachau, así que el personal pasa, como de todo que no sea los tópicos que les venden en la TV o Twitter. El pensamiento crítico sigue siendo un bien escaso.

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  11. No conocía este libro, pero creo que me gustaría mucho: esos relatos con afán didáctico y toques de humor sobre la cuestión judía me parecen la mar de apetecibles... Así que me los llevo a buen recaudo. 1beso!

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  12. El tema de la familia siempre me gusta pero este libro me genera dudas

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  13. Últimamente estoy teniendo buenas experiencias con los relatos,así es que me lo anoto.
    Besos

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  14. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  15. No soy de relatos, ni tengo hijos pequeños, pero suena atractivo. Esperaré a que llegue por aquí. Tal vez, con motivo de la Feria del Libro local, la importadora allegue algún ejemplar. Estaré atento.
    Gracias por la recomendación, Agnieszka.
    Un beso.

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  16. Esta vez creoq ue no es de mi estilo y no lo iba a disfrutar tanto como tú
    Ahora estoy también con relatos, el último de Murakami. Es un género que me gusta
    Besos

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  17. hola! muy buen relato y si es chispeante y divertido mejor. los padres agradecemos! saludos. te esperamos algun dia por nuestro blog, saludos.

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