“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

lunes, 27 de julio de 2015

All I needed was the love you gave


La música para feos

Lorenzo Silva

Destino 2015

 

Fea ella, feo él, pero tan bonito su amor- me acordé de esa canción vieja al ver el título de la novela de Lorenzo Silva. Mi segundo encuentro con el escritor se lo debo a las entusiásticas reseñas de Mientrasleo y Meg quienes pusieron esta novela en mi lista de los libros por leer. Así que cuando la vi entre las novedades en mi biblioteca – en el año electoral no sólo se asfaltan las calles- me la llevé de acompañante playero, entre um galão y uma bolinha de Berlim o pastel de natas de turno.

No sé si los protagonistas de la novela son feos aunque él, Ramón, se emocione al escuchar a Radiohead cantar I´m a creep,  I´m a weirdo. ¿Acaso pensará  que es lo que opinan de él los demás al conocer su profesión tan despreciable para los que creen que basta con gritar Make love no war para que la paz reine en el mundo? Ella, Mónica, tiene 29 años y es periodista. Tiene un subempleo en la producción de uno de aquellos programas de TV sobre famosos cuyo éxito me hace pensar que la gran mayoría de la gente es simplemente descerebrada. Vive sola y no está atravesando su mejor momento. Un sábado por la noche sale con una compañera de trabajo y, en un tugurio de mala muerte donde el tiempo se paró en los 80 juzgando por la música que echan, le conoce a él. De esta manera empieza una de las historias de amor más extraordinarias que he leído. Vale- no las he leído muchas porque normalmente son repelentes. Quizás por eso la historia de Mónica y Ramón me pareció tan asombrosa y excepcional. Tan bella.

Su amor es a contracorriente, a pesar de la distancia, diferencia de edad, gustos musicales distintos y el secretismo de Ramón. La suya es una relación gracias a la tecnología, mantenida por sms, whatsapp y Skype, imposible 20 años atrás. Además, está acompañada de una lista de reproducción bastante interesante que va desde Allan Parsons Project a la inmortal Amy Winehouse. Ramón quiere ser un misterio  y me gustaría saber cuántos lectores se vieron muy sorprendidos por su personaje, poco habitual en la literatura española moderna.
 
La novela tiene el ritmo pausado al que el autor nos tiene acostumbrados y que, en mi opinión, desentona en las novelas policíacas, pero es ideal en Música para feos. La narración corre a cargo de Mónica, quien nos cuenta su historia con bastante desparpajo, abriéndonos las puertas de su casa, cama y corazón. A veces tenía la impresión de que me revelaba demasiado, de que se desnudaba delante de los lectores física y emocionalmente, mientras yo prefiero que los personajes de las novelas conserven sus recovecos donde esconderse de vez en cuando. Sin embargo, no puedo negar que Mónica nos regala la mejor escena erótica que he leído jamás:

Y entonces, sucedió. Mientras escribo estas líneas, no sé si formarán parte de algo que alguien vaya a leer algún día, y por tanto nada puedo prever, o descartar, respecto de cuáles serán las expectativas de ese hipotético lector o lectora. Sin embargo, sé que hay quienes, al llegar aquí, esperarán que me recree en pormenorizadas descripciones anatómicas, de mecánicas amatorias y hasta de dinámica de fluidos. Sólo puedo decirles que me dispongo a decepcionarles, y que a efectos de satisfacer sus necesidades, además de una bibliografía en incesante crecimiento, disponen de millones de terabytes en internet, con cuya espectacularidad, incandescencia o aberración no soy tan desaprensiva como para intentar a competir, por lo que éste es buen momento para cambiar de lectura, con mis disculpas por el malentendido.


En realidad toda la novela está llena de observaciones más que atinadas y frases de las que nos habría gustado ostentar la autoría pero no somos Lorenzo Silva y quod natura non dat... Así que permitidme que termine con una de las que seguramente pasarán a la historia de la literatura:

La felicidad es separarse y no tener miedo de no volver a verse, despedirse con un beso rápido en el andén y luego viajar sentada en el vagón rumbo a la soledad de tu casa, que desde que existe el otro, y desde que se produjo el encuentro, ya no es una condena, sino otro lugar donde esperar, serena y confiada, la oportunidad de recobrarlo todo, entero y sin menoscabo, mejor aún que en el comienzo, tan sólo una semana después, siete días que, para variar, tendrán uno por uno sentido.
Y con la siempre grandiosa Alison Moyet a quien se la veía notablemente más atractiva que tres décadas atrás:
 

 

martes, 21 de julio de 2015

Las trampas de la tolerancia


El librero de Kabul

Asne Seierstad

Maeva 2003

 

 

            El librero de Kabul es, creo, un libro muy difícil de reseñar por todas las emociones que despierta. La autora describe la vida de una familia afgana poco después de la caída de los talibanes, cuando se supone que a las calles de Kabul volvió la normalidad- lo que quiera que signifique la palabra en ese contexto. La familia del librero Sultán Khan es, como dice la misma Seierstad, una familia afgana atípica porque no pasa hambre, casi todos sus miembros saben leer y escribir, y porque Sultán es, comparando con otros afganos, muy progresista… La autora, una periodista noruega, vivió en su casa, compartió sus experiencias y escuchó sus historias. Aunque da la impresión de no querer opinar sobre lo que vio y oyó, el retrato de la familia que nos presenta no es halagüeño. La pregunta es: ¿lo podría ser?


            El choque de civilizaciones en este caso es casi mortal. Lo que en Afganistán pasa por normal es considerado aberrante en el mundo occidental, cosa de la cual los Khan ni siquiera parecen tener consciencia. Las mujeres son poco más que esclavas para sus maridos, hijos, padres, hermanos o tíos. Imperan el analfabetismo y la ignorancia. La única tecnología al alcance de todos son las armas. La pobreza extrema es apabullante y omnipresente, al igual que la suciedad. Y parece que nada cambia nunca, que las siguientes generaciones son educadas de la misma manera para perpetuar el orden de las cosas.


            El librero de Kabul es un estremecedor testimonio de la vida cotidiana en Afganistán, uno de los  países-víctimas y teatros de la Guerra Fría, donde los siguientes gobiernos norteamericanos armaban a los muyahedines para que lucharan con la URSS, como si no fueran conscientes de que las mismas armas serían utilizadas más tarde en su contra. Me hizo recordar estas palabras de El nadador de Joakin Zander:


Un día estaremos cara a cara con lo que nosotros mismos hemos creado. Las capas se van pelando una tras otra. El fanatismo no se percibe en Washington. Las religiones no son un factor en el crisol. Hasta el día que lo son. Tras la ideología viene la religión. Los que eran nuestros amigos acabarán siendo nuestros enemigos.


La verdad es que no me siento con fuerzas ni ánimo para hablar más de lo que Asne Seierstad describe en su libro. Por enésima vez me pregunto qué pensarán hoy los que se creyeron el fin de la historia anunciado por Francis Fukuyama  y hace 20 años se reían de Samuel P. Huntington.


La vida en un lugar como Afganistán (y no creo que mucho haya cambiado desde la publicación de El librero de Kabul) parece una tortura. Por un lado la guerra convierte  la vida humana en una mercancía, muchas veces sin valor porque la oferta supera la demanda. Por el otro, la pobreza, el fanatismo religioso  y la intolerancia destruyen la poca humanidad que queda en los seres humanos. Lo que nos distingue de los animales son los sentimientos, pero ¿qué pasa si los sentimientos imperantes son el miedo y el odio? ¿Cómo se puede construir una sociedad en un lugar donde las personas aborrecen y temen unas a otras? Aunque, si lo pensamos bien, la situación en nuestra querida y amenazada civilización occidental no era tan distinta hace no mucho tiempo. ¿Es entonces justo esperar otra cosa de las sociedades como la afgana?  Han pasado más de 10 años desde la publicación del libro. No obstante, no parece que las reflexiones a las que nos lleva hayan perdido nada de su actualidad. ¿Podemos permitirnos ser tolerantes con los que no lo son con nosotros y nuestros valores? ¿Por qué los machistas más grandes son mujeres? ¿Cómo interpretar la indignación del verdadero Sultán Khan y su familia causada por el libro que, según dijo el patriarca, humilló a él, su familia y a todos los afganos?

Llegué a odiar esta vestimenta porque aprieta la frente y provoca dolor de cabeza, la rejilla limita el campo de visión y dentro huele a cerrado y se suda mucho porque no deja pasar el aire. Hay que andar siempre con cuidado porque una no se ve los pies y se ensucia. La prenda molesta mucho. Pude experimentar qué liberación es poder quitártela al volver a casa.

El libro está escrito con un lenguaje simple, escueto, gracias a lo cual su contenido resulta, si todavía cabe, más impactante. Como una buena reportera, Seierstad se abstiene de hacer comentarios. Relata y describe pero no valora ni evalúa. Nos lo deja a los lectores. Una obra maestra del reportaje.





 

viernes, 17 de julio de 2015

La crueldad del haiku


el camino estrecho al norte profundo-richard flanagan-9788439731139El camino estrecho al norte profundo

Richard Flanagan

Literatura Random House 2016

en inglés: The Narrow Road to the Deep North
Vintage Australia, 2013

Man Booker Prize 2014


It was as if life could be shown but never explained, and words- all the words that did not say things directly- were for him the most truthful.


            Voy a decirlo desde el principio: The Narrow Road to the Deep North es una de las mejores novelas sobre el sinsentido de la vida y la aleatoriedad del destino que he leído jamás. Es uno de esos libros que te hace salir fuera de tu ser y verte desde lejos. Un libro inolvidable por varias razones.

            Richard Flanagan dedicó la novela a su padre, prisionero de guerra recluido en uno de los infames campos japoneses, donde los soldados occidentales fueron empleados como mano de obra esclava en la construcción del ferrocarril de Birmania. El título del libro viene de la colección de poemas haiku escritos por el maestro japonés Matsuo Basho en el siglo XVII, y puede tener numerosas interpretaciones en el contexto del libro.

El principal protagonista de la novela, Dr. Dorrigo Evans, tiene 77 años y es un célebre héroe de guerra. Lo conocemos como una persona muy desdichada e infeliz, plenamente consciente de todo lo que ha fallado en su vida. Para sus compatriotas es un arquetipo del superviviente de los campos en la Birmania ocupada por el ejército imperial. Su nombre aparece siempre cuando se habla del tema, sale mucho en la televisión y varios periodistas sueñan con poder entrevistarlo. Es una situación muy molesta para nuestro protagonista:

Dorrigo Evans hated virtue, hated virtue being admired, hated people who pretended he had virtue or pretended to virtue themselves. (…) Virtue was vanity dressed up and waiting for applause.

 Cuando está a punto de terminar la introducción al libro de dibujos sobre el campo, hechos por uno de los prisioneros muertos allí, le viene a la memoria un día de aquella época. El día que cambió todo y después del cual ya nada era igual.

            El personaje de Evans está lleno de contradicciones. En el campo, después de que otros oficiales de mayor rango hayan muerto como consecuencia de las terribles condiciones de vida, Dorrigo, muy a su pesar, se convirtió en el leader de un grupo de 700 prisioneros enfermos y hambrientos, a quienes

 he held, nursed, cajoled, begged, hoodwinked and organised into surviving, whose needs he always put before his own.

Jamás admitió delante de ellos su propia inseguridad y debilidades. ¿Era entonces un hombre débil, tal y como opinaba de sí mismo,  o era un héroe, tal y como lo veían los demás?

            Las descripciones del campo son terroríficas, más gráficas todavía que las de Auschwitz-Birkenau en el libro de Seweryna Szmaglewska Una mujer en Birkenau. Son tan dolorosas que sentí alivio cuando parecía que los capítulos ambientados en la selva birmana habían terminado. Y se me encogieron el corazón y el estómago cuando, ya hacia el final de la novela, Flanagan me hizo regresar allí para aclarar qué fue lo que realmente convirtió a Dorrigo Evans en un hombre desgraciado para el resto de su vida - la gran sorpresa de la novela.

            No obstante, no creo que las aterradoras escenas del campo japonés de prisioneros tengan como el objetivo principal impactar al lector. Más bien sirven para subrayar el sinsentido absoluto y total de todo lo ocurrido allí, sobre todo porque

Nothing endures. Don’t you see? That’s what Kipling meant. Not empires, not memories. We remember nothing. Maybe for a year or two. Maybe most of a life, if we live. Maybe. But then we will die, and who will ever understand any of this?

El autor no recurre al maniqueísmo, nunca hace divisiones entre nosotros los buenos y ellos los malos. Después de la guerra tanto los ex prisioneros como sus guardias japoneses tienen que luchar para superar el trauma. Eso sí, cada parte a su manera…  Sin embargo, Flanagan no se anda con rodeos explicando el papel que la educación y mentalidad japonesas jugaron en su recreación del Hades en la Tierra:

It´s not about the railway, Colonel Kota said, though the railway must be built. Or even the war, though the war must be won. It´s about the Europeans learning that they are not the superior race, Nakamura said. And us learning that we are, Colonel Kota said.

Nos adentramos en los laberintos del alma de quienes fueron educados en la idolatría al emperador  y entrenados en un sistema de una brutalidad  casi ritual. Flanagan  pinta un retrato estremecedor de la fuerza de la cultura y de la manera en la que la retorcida lógica política mezclada con el fanatismo religioso convierten las atrocidades en algo rutinario, indispensable para vivir. No exonera a los criminales de guerra sino hace que admitamos que la historia conspiró para ponerlos en lugares donde medró la crueldad y donde cualquier muestra de amabilidad y compasión fueron consideradas indignas de los súbditos del emperador. Al mismo tiempo, observamos atónitos el cambio que se produce en estos hombres-  malvados en el campo, incapaces de matar una mosca una vez de vuelta en casa, maestros de la auto-absolución, de hacer irrelevantes sus propios crímenes y el dolor de las víctimas.

            Sin embargo, son ellos- los prisioneros- el centro de la novela. Los que murieron y los que sobrevivieron para vivir en una especie de estupor el tiempo que les quedaba, los que se suicidaron, los que callaron y los que olvidaron. Dorrigo Evans nunca encontró paz aunque el autor sugiere que sus razones pudieran ser distintas. De esta manera añade un poco de misterio a esta novela que, en mi opinión, destaca en todos los aspectos- por su tema, la manera de presentarlo, la belleza del lenguaje, el estilo, etc., etc. Dorrigo, un lector empedernido, constata en un momento:

A good book (…) leaves you wanting to reread the book. A great book compels you to reread your own soul. Such books were for him rare and, as he aged, rarer.

Estoy más que segura de que The Narrow Road to the Deep North pertenece a este club exclusivo de novelas.


















martes, 7 de julio de 2015

Libros, mon amour


Aunque todo esté perdido


SB e&books 2015

 

Los días son siempre copias unos de otros. La gente normal se levanta, se viste, desayuna, se va a trabajar, vuelve agotada, ve un rato la televisión y se va a dormir para volver a empezar. Una rutina continua, día tras otro. Un ciclo infinito. Estamos condenados a esta incesante repetición. Quizás, la esperanza a un cambio mejor es lo que nos permite cada mañana levantarnos con ilusión de la cama. La esperanza a no tener que pagar hipoteca en un futuro, la esperanza de viajar a Cancún de vacaciones, la esperanza de ascender de puesto de trabajo y trabajar menos horas. Un sinfín de deseos en los que creemos firmemente y son éstos los que hacen de la vida un camino más llano. ¿Qué ocurre cuando no se espera nada del futuro?

Es en este sinsentido existencialista donde habita Tristán, uno de los protagonistas de la novela de Carlos Garvín. Lo único que le ayuda a sobrellevar el terrible peso de la vida son los libros. Y el club de lectura en el que se reúne con sus amigos cada martes por la tarde. Las reuniones se celebran en casa de Arturo, un conductor de autobús sexagenario y escritor a quien nadie quiere publicar, y participan en ellas también dos chicas: Sofía, una veinteañera de baja autoestima,  y Celia, víctima de maltratos por parte de su marido y el gran amor de Tristán. Todos ellos llevan unas vidas anodinas, tienen serios problemas que dificultan su día a día, y en la lectura encuentran una escapatoria de lo que les rodea y hace sufrir. Hasta que un día una persona nueva se une al club y las cosas cambian prácticamente de un día para el otro. Y no necesariamente para lo bueno…

            Aunque todo esté perdido podría ser otra novela metatemática protagonizada por unos personajes que rehúyen la realidad y prefieren vivir las vidas imaginarias que ocuparse de sus propias existencias miserables. Luego algo ocurre, todo cambia y las estanterías se llenan de happy end. Hasta cierto punto la ópera prima de Carlos Garvín sigue el mismo esquema- los protagonistas solo empiezan a ver la luz al final del túnel cuando al club de lectura se une Héctor. La aparición de este profesor guapetón y atlético supone una bocanada de aire fresco en el ambiente cada vez más tenso, triste e irrespirable que se apoderó del club. Con Héctor las cosas mejoran y se resuelven algunos problemas. Todo se transforma, llega el progreso en forma del lector de ebook y se sustituyen los clásicos lúgubres tipo Dostoievsky por lecturas más optimistas como Pippi Calzaslargas porque

detrás esconde un mensaje interesante. Pippi es una niña de nueve años que se rebela contra el mundo de los adultos, respira anarquía, independencia y libertad.

            Creo que la mayoría de la gente, cuando atraviesa un mal momento, solo necesita un empujoncito o una voz al lado que les diga que la vida sí tiene sentido y que vale la pena luchar por lo que importa. Así son Arturo, Celia y Sofía. Pero Tristán es un personaje mucho más complicado y muy distinto a lo que nos han acostumbrado los autores. Al principio da pena. Parece que las Moiras han formado un complot en su contra y nada le sale bien. No obstante, mientras vamos conociéndolo, nos damos cuenta de que en realidad Tristán tiene gran parte de la culpa de que su vida sea así de triste y desdichada porque no es más que un egocéntrico mimado a quien encanta regodearse en sus miserias. Es un personaje odioso, que va a peor, y nos hace sentir mal por habernos compadecido de él. Creo que pocos escritores tienen el coraje de crear un antihéroe de este estilo aunque, desafortunadamente, el mundo esté poblado de Tristanes envidiosos y dispuestos a todo para que los demás sean igual de desgraciados que ellos. Sin duda, es el protagonista más destacable de la novela aunque no su único punto fuerte. Como siempre en las novelas metaliterarias también en Aunque todo esté perdido encontramos varias referencias a otros libros y autores. Una de las más logradas, en mi opinión, es ésta con palabras de García Márquez para describir cómo se sentía Tristán en compañía de Celia:

La peor manera de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.

Hay que subrayar también el estilo de la novela, muy elegante y sutil. Sin embargo, en mi opinión, el autor en ocasiones abusa de un lenguaje demasiado rebuscado, como cuando escribe:

A la hora de la comida satisfacieron el hambre en un restaurante italiano (…)

Por mucho que lo parezca, Aunque todo esté perdido no es únicamente una novela sobre la literatura como un salvavidas. Creo que el autor va mucho más lejos en su reflexión sobre las razones que llevan a diferentes personas a esconderse entre las páginas de los libros. No sé si ha sido su propósito pero nos muestra la lectura como una adicción, eso sí, aparentemente más benigna para la salud de lo que pueden ser otras, pero que sigue siendo un sucedáneo de la realidad. De nosotros depende si la embellece o reemplaza.  
 
*****************
 
Quería agradecerle al autor el ejemplar de su novela.
 

 

 

 

 

jueves, 2 de julio de 2015

Lost in translation- De Grecia con amor


Crónica de una ciudad

Pandelis Prevelakis


 

            Grecia siempre me ha parecido un escenario perfecto para grandes novelas, por ejemplo El mago de John Fowles o La mandolina del capitán Corelli de Louis de Bernières, más que de una crisis económica permanente y colas a los cajeros. Aunque he tenido también experiencias lectoras negativas como en el caso de las novelas de Victoria Hislop, después de las cuales me dieron ganas de tirar los libros por la ventana gritando ¡¿Por qué esta ambientación e historias tan fantásticas se le ocurrieron a esta escritorzuela?! Lo natural sería leer a algún autor griego contemporáneo. Sin embargo, parecía que los únicos que se traducían eran  Nikos Kazantzakis, el creador de Zorba, o  Petros Markaris, autor de una saga detectivesca. Y últimamente, como no, el macho alfa de Yanis Varoufakis. Hasta que, gracias a una serie de coincidencias, llegó a mis manos Crónica de una ciudad de Pandelis Prevelakis, uno de los novelistas y poetas griegos de la llamada Generación’30, gran amigo y biógrafo del mencionado arriba Kazantzakis.

            Crónica de una ciudad es una colección de anécdotas, relatos y recuerdos sobre la ciudad cretense de Rétino, de dónde era oriundo su autor. Cuando, después de años de ausencia, Prevelakis vuelve a su ciudad natal en 1938, ve un pueblo en decadencia, lleno de ruinas y habitado casi únicamente por ancianos. Su época de esplendor parece haber acabado hace tiempo y el lugar que el escritor conocía en su juventud existe solo entre los confines de su memoria. Por eso empieza a recordar cómo era Rétino antes. Gracias a sus recuerdos la ciudad recobra la vida y podemos admirarla en toda su gloria de un importante puerto, primero veneciano y, luego, otomano. Prevelakis dibuja un retrato de su ciudad comparando su pasado con el presente, contándonos historias de sus gentes- comerciantes y pescadores- con la nostalgia típica para los que saben que algunas cosas nunca más volverán a ser como antes. El resultado es una imagen multisensorial, llena de colores, olores y sabores característicos para los lugares donde, como en Rétino, se mezclaban las culturas, los idiomas y las religiones. Más que una crónica, el relato de Prevelakis recuerda una elegía de amor que, con melancolía y nostalgia, evoca la belleza pasada.
 
El puerto veneciano de Rétino (fuente)
 
            Aunque nostálgico, el libro no transmite tristeza sino más bien la admiración por lo que era la ciudad. Las historias y anécdotas son tan interesantes y amenas como lo debían de ser los nakli o cuentos para adultos que cada noche escuchaban en las cantinas cretenses los turcos fumando en sus narguiles. Al igual que ellos, llegamos hasta el final con la sensación de querer más. Esto ocurre en gran parte gracias al estilo del autor- sugestivo y poético, lleno de amor hacia su tierra, gentes y la mar. En las descripciones, escuetas y muy gráficas al mismo tiempo, se nota la vocación poética de Prevelakis. Leyendo el libro

sientes como te saluda el agua mientras la arena besa tus pies, como te saludan las nubes colgadas alto en el cielo inmaculado.

            La edición que leí, de la fantástica editorial Książkowe Klimaty- Climas Libreros- incluye también otras dos descripciones cortas de Rétino, más modernas. La introducción fue escrita por el traductor de Crónica de una ciudad en 1974, casi 40 años después de Prevelakis, mientras que el epílogo es de hace 2 años y de la autoría de un reportero de visita en la ciudad. Rétino no ha desaparecido, todo lo contrario- es una ciudad llena de vida, estudiantes de la Universidad de Creta de la cual es una de las sedes, y de turistas, of course. Me gustaría poder visitarlo un día. Eso sí, fuera de la temporada alta. Y espero que, a pesar de todo, sin la necesidad de tener un visado…
 
*************

            Crónica de una ciudad fue publicada en España en catalán por la editorial Empuries en 1999.