“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

jueves, 29 de enero de 2015

Un pasito pa'lante, un pasito pa'trás


Un paso de más

Tina Seskis

Suma de Letras, 2014


            Emily Coleman parece llevar una vida perfecta, casi de ensueño. Esta  abogada inglesa, felizmente casada con su gran amor, Ben, vive con su marido e hijo en una preciosa casa en Manchester. Y sin embargo, un día Emily decide dejarlo todo y desaparecer. ¿Por qué?

            Esta pregunta es el eje central alrededor del cual gira todo el libro, haciendo que crezca el suspense mientras nos acercamos al desenlace. Por el camino conocemos la historia de Emily presentada en dos planos temporales. Por un lado, la protagonista misma nos cuenta  sus pasos después de haber abandonado a su familia; por el otro, retrocedemos hasta el momento de su nacimiento para ver cómo ha sido su vida y qué ocurrió para que decidiera  coger el tren a Londres dejando todo atrás. Los dos hilos narrativos mantienen el equilibrio sin que uno de ellos eclipse y reste importancia al otro, gracias a la gran destreza con la que Tina Seskis construyó la historia.

Durante la lectura intentamos averiguar cuál es el secreto de Emily, cosa imposible ya que no disponemos de toda la información. Además, la sinopsis y la autora misma nos confunden, por no decir directamente que se aprovechan de nuestra confianza.  ¿Suena interesante, no?

Pues sí, la novela de Tina Seskis es de las que se leen de una sentada, con una taza de café, chocolate o té humeantes, idealmente en compañía de alguien dispuesto a rellenarla cada dos por tres. No obstante, aquí termina el encanto de Un paso de más. Porque una vez terminada la lectura nos damos cuenta de que en realidad es una historia del montón, aunque parezca dramática. La novela tiene como target reader a mujeres de clase media como Emily, que llevan sus vidas ordenadas y a las que, de vez en cuando, apetece fisgar un poco para saber qué puede pasar cuando una decide desaparecer.

En mi caso, más que la trama en sí, me pareció interesante y fidedigno el retrato de la sociedad inglesa de hoy en día pintado por la autora: familias disfuncionales, meritocracia forrada de clasismo con el acento como la mejor manera de distinguir quién es quién, estrés y vidas vacías de contenido remediados por el alcohol y las drogas. La expresión española beber como un cosaco se ha quedado obsoleta, me temo (si no estáis de acuerdo conmigo, preguntad a los que viven en Lloret de Mar o Magaluf).

También me parecieron muy verídicos los protagonistas de la novela, aunque el único por quién sentí simpatía era el marido de Emily, Ben. Sin embargo, las actuaciones de todos los personajes del libro, nos gusten o no, estemos de acuerdo con ellas o no, son veraces. Nos puede molestar su afición a dejarse llevar por la inercia en la vida, pero creo que si miramos a nuestro alrededor siempre encontraremos a alguien así. Por eso destaca tanto el personaje de Angel, la compañera cockney de piso de Emily, dispuesta a luchar por alcanzar sus propósitos. Y por eso también puede resultar casi insoportable Caroline, la hermana gemela de la protagonista. De todas formas, opino que la autora desaprovechó un poco el potencial de algunos de los personajes que, de haberlos desarrollado, podrían haber mejorado la novela. Es como si existiera un número limitado de palabras que no se debía sobrepasar por alguna razón. ¿A lo mejor libros con más de 350 páginas no venden entre el público al que Un paso de más está principalmente destinado?

 Lo que realmente desentona es, en mi humilde opinión, el final hollywoodiense, con el cual sé que varias personas se han sentido defraudadas. Personalmente, creo que no deberíamos haber esperado otra cosa- al fin y al cabo se trata de una novela de suspense chic-lit, con muchas ganas de que la lleven a la gran pantalla.

Total, Un paso de más es una lectura entretenida, ideal para pasar el rato, pero totalmente prescindible. La verdad es que no creo que me acuerde de ella en unos meses. Como se dice en inglés: You can take it or leave it.






lunes, 26 de enero de 2015

Dejad gritar a las voces de Chernóbil


Voces de Chernóbil
DEBOLSILLO 2015
Bielorrusia. Para el mundo somos una tierra incógnita, tierra ignorada, aún por descubrir. La Rusia Blanca, así suena más o menos el nombre de nuestro país en inglés. Todos conocen Chernóbil, pero en lo que atañe a Ucrania y Rusia. A los bielorrusos aún nos queda contar nuestra historia…
Todos sabemos, creo, qué pasó en Chernóbil (Ucrania, cerca de la frontera bielorrusa) aquel nefasto 26 de abril de 1986, a la 1 h 23' 58" cuando  una serie de explosiones destruyó el reactor y el edificio del 4º bloque energético de la Central Eléctrica Atómica. La catástrofe de Chernóbil se convirtió en el desastre tecnológico más grave del siglo XX.
En Bielorrusia nunca hubo una central nuclear, pero es sobre todo allí donde se están pagando, y muy caras, las consecuencias de la tragedia de Chernóbil. Ese pequeño país  de tan solo 10 millones de habitantes fue también uno de los que más sufrieron la II Guerra Mundial, durante la cual los alemanes destruyeron 619 aldeas bielorrusas con sus pobladores. Después de Chernóbil, se perdieron 485 aldeas y pueblos, 70 de los cuales fueron enterrados bajo tierra. Durante la guerra Bielorrusia perdió la cuarta parte de su población; hoy, el 20% de los bielorrusos vive en un territorio contaminado con todo lo que esto conlleva- enfermedades, el incremento de la mortalidad, el descenso demográfico, el sufrimiento de miles de personas.
El libro de la periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich, publicado por primera vez en 1997, recoge testimonios de algunas de las personas afectadas por la tragedia. Fue traducido a varios idiomas y galardonado con numerosos premios. En 2006, para conmemorar el vigésimo aniversario de la catástrofe, se publicó una versión actualizada del libro, Voces de Chernóbil. Crónica del futuro, que este mes sale a la venta en España reeditada por DEBOLSILLO.
Cualquier comentario a un texto de Alexiévich es y siempre será tan sólo un intento de explicar su importancia. Cada lector debería enfrentarse cara a cara con las palabras de la periodista bielorrusa. Porque es muy difícil, casi imposible, reflejar en pocas frases su fuerza, grandeza y significado. La autora misma también está lejos de comentar los acontecimientos del 26 de abril de 1986. Como en La guerra no tiene rostro de mujer, da la voz a los protagonistas y testigos de aquellos momentos. Voces de Chernóbil es por tanto una colección de monólogos de personas afectadas por la tragedia. La autora permanece en la sombra, como Zofia Nałkowska en Medallones, dejando que los hechos hablen por sí mismos.
No es un libro sobre Chernóbil sino sobre el mundo de Chernóbil (…) Describo y colecciono la cotidianeidad de las emociones, los pensamientos, las palabras. Intento atrapar la vida del alma. (…) La noche del 26 de abril de 1986… En una noche nos trasladamos a otro lugar en la historia. Saltamos a una nueva realidad, fuera del alcance  no solo de nuestros conocimientos, sino también de nuestra imaginación. 
Voces de Chernóbil empieza con el relato de la mujer de uno de los bomberos que apagaron el incendio en la central.
Todo parecía iluminado. El cielo entero. Unas llamas altas. Y hollín. Un calor horroroso. Y él seguía sin regresar. El hollín era porque ardía el alquitrán; el techo de la central estaba cubierto de asfalto. Sobre el que la gente andaba, como él después recordaba, igual que sobre resina. Sofocaban las llamas, y mientras, él reptaba. Subía al reactor. Tiraban el grafito ardiendo con los pies. Se fueron sin los trajes de lona; se fueron para allá tal como iban, en camisa. Nadie les avisó; los llamaron a un incendio normal.
Un monólogo desgarrador, en el que el amor de una pareja joven se cae literalmente a trozos, como el cuerpo del bombero. Expuesto a la radiación moría en gran dolor:
Le salían por la boca pedacitos de pulmón, de hígado. Se ahogaba con sus propias vísceras. Me envolvía la mano con una gasa y la introducía en su boca para sacarle todo aquello de dentro. ¡Es imposible contar esto! ¡Es imposible contar esto! ¡Es imposible escribirlo! ¡Ni siquiera soportarlo!... Todo esto tan querido… Tan mío… Tan…  No le cabía ninguna talla de zapatos. Lo colocaron en el ataúd descalzo.
Y es tan solo el principio del drama, uno de muchos relatos que componen el reportaje de Alexiévich – historias de los habitantes de la zona, liquidadores de la catástrofe, responsables de las explosiones, familiares de los soldados y bomberos muertos como consecuencia de la radiación, campesinos y científicos, fotógrafos y periodistas, niños y adultos. Todo el espectro de la sociedad.  Alexiévich afirma:
El destino es la vida de cada uno, la historia es la vida de todos nosotros. Quiero contar la historia sin perder de vista al ser humano. Porque el destino alcanza más lejos que cualquier idea.
Chernóbil sigue siendo una guerra total que continúa cosechando sufrimiento y muerte. La soledad de las viudas, la impotencia de los hombres, el miedo en los ojos de los niños que saben que van a morir… La ineptitud, la desidia y el secretismo de las autoridades de un imperio decadente han magnificado la tragedia. No se informó a las personas que limpiaron la zona- los liquidadores- de lo que estaba pasando de verdad, no se los protegió adecuadamente con ropa y equipamiento apropiados. Era más fácil y políticamente recomendable apelar al patriotismo, a la necesidad de defender el país del enemigo externo (no, nada ha cambiado por aquellos lares). Décadas de lavado de cerebro y hectolitros de vodka hicieron el resto. Era más fácil y recomendable políticamente apelar al patriotismo, a la necesidad de defender el país del enemigo externo (no, nada ha cambiado por aquellos lares). Décadas de lavado de cerebro y hectolitros de vodka surtieron el efecto.Era más fácil y recomendable políticamente apelar al patriotismo, a la necesidad de defender el país del enemigo externo (no, nada ha cambiado por aquellos lares). Décadas de lavado de cerebro y hectolitros de vodka surtieron el efecto.Era más fácil y recomendable políticamente apelar al patriotismo, a la necesidad de defender el país del enemigo externo (no, nada ha cambiado por aquellos lares). Décadas de lavado de cerebro y hectolitros de vodka surtieron el efecto.Era más fácil y recomendable políticamente apelar al patriotismo, a la necesidad de defender el país del enemigo externo (no, nada ha cambiado por aquellos lares). Décadas de lavado de cerebro y hectolitros de vodka surtieron el efecto.Era más fácil y recomendable políticamente apelar al patriotismo, a la necesidad de defender el país del enemigo externo (no, nada ha cambiado por aquellos lares). Décadas de lavado de cerebro y hectolitros de vodka surtieron el efecto. Todo esto pasó en un país obsesionado con la posibilidad de un ataque nuclear, lleno de refugios para tal ocasión y donde ya en primaria los niños tenían clases de defensa civil.
Creíamos en nuestra suerte; en el fondo de nuestra alma todos somos fatalistas, y no boticarios. No racionalistas. La mentalidad eslava. ¡Yo confiaba en mi buena estrella! ¡Ja, ja, ja! Y hoy soy un inválido de segundo grado. Enfermé enseguida. Los malditos “rayos”. Ya se sabe. Hasta entonces no tenía ni siquiera una ficha en la clínica. ¡Que los parta un rayo! Y no era yo solo. La mentalidad.
La autora crea una nueva categoría de hombre – el hombre de Chernóbil - marcado por la tragedia, rechazado marcada por la tragedia, rechazada por el resto de la sociedad, con un equipaje de experiencias que no caben dentro del pensamiento lógico de los demás.
El mundo se ha partido en dos: estamos nosotros, la gente de Chernóbil, y están ustedes, el resto de los hombres. ¿Lo ha notado? Ahora entre nosotros no se pone el acento “yo soy bielorruso” o “soy ucraniano”, “soy ruso” … Todos se llaman a sí mismos habitantes de Chernóbil. “Somos de Chernóbil”. “Yo soy un hombre de Chernóbil”. Como si se tratara de un pueblo distinto. De una nación nueva.
 Sin embargo, los malos recuerdos forman tan solo una pequeña parte de todo a lo que tienen que enfrentarse los sobrevivientes– no olvidemos las consecuencias de la radiotoxemia. El sufrimiento psíquico se une el dolor físico. Chernóbil no escatimó a nadie ni a nada, maltrató a los hombres, a los animales, a las plantas. Se burló de nuestros conocimientos, nos devolvió a nuestro lugar entre los demás habitantes de este planeta. ¡A nosotros, tan orgullosos y confiados en los logros de la ciencia!
            Resulta imposible borrar Voces de Chernóbil de la memoria. Es una lectura potente y conmovedora; sobrepasa los límites de nuestra comprensión. Hablando del pasado trata de las preocupaciones del futuro. Crónica y testimonio, es también un intento de devolver el sentido de la vida a una sociedad donde la vida carecía de valor. Una lectura dura pero imprescindible.















domingo, 18 de enero de 2015

¿Recordar u olvidar?


Calle de las Tiendas Oscuras

Patrick Modiano

Anagrama 2009

 

            Después de Joyita que no lució todo lo que esperaba de ella, para mi segunda cita con Patrick Modiano escogí Calle de las Tiendas Oscuras, galardonada con el Premio Goncourt en 1978. Durante la lectura experimenté una sensación de déjà vu: de nuevo deambulé por las calles de París en pos del narrador que buscaba las huellas de su pasado…

            Modiano vuelve a dar una muestra de su obsesión por la memoria. El protagonista de la novela sufre de amnesia. No sabe quién es, de dónde viene, qué le ha pasado, a quién amó, quiénes eran sus amigos. Lleva un apellido falso – Guy Roland- inventado por el hombre que lo encontró en la calle y empleó en su agencia de detectives, Constantin von Hutte. Cuando éste decide jubilarse en Niza y cierra la oficina, Guy empieza la búsqueda de su identidad. Las personas que conoce por el camino y sus relatos constituyen las piezas del particular puzzle de su vida. Roland intenta encontrar a los testigos de su pasado, a alguien quien pueda aportarle información que, como una llave mágica, a lo mejor abrirá las puertas cerradas de su memoria. Lo acompañamos en esta laboriosa tarea recorriendo las calles de la capital francesa. Un triste emigrante ruso le da unas fotos viejas en las que se aprecia a alguien con cierto parecido a Guy. Nuestro protagonista se aferra a esta idea y con la ayuda de una dirección, la portada de una revista vieja y un número de teléfono construye lo que cree su pasado.

            La ardua investigación resulta intrigante, por lo menos al principio. Mientras perseveré en la lectura, empecé a preguntarme ¿por qué empezó la búsqueda diez años después de perder la memoria? ¿Cómo es posible que todas las personas que encuentra quieran ayudarle, le dejen entrar en sus casas, regalen sus fotos de infancia? La verdad es que la historia me pareció poco realista.  No obstante, no se puede negar que el autor sepa crear el ambiente de misterio y nostalgia. Leer Calle de tiendas oscuras es como ver una película en blanco y negro sobre el glamuroso mundillo de la aristocracia parisina antes y durante la IIGM, y el no menos intrigante círculo de los emigrantes rusos. Sin embargo, no puedo decir nada más positivo sobre la novela. La trama resulta poco original, el protagonista insípido. La historia en sí parece desgarradora pero no me ha conmovido lo suficiente, no me ha hecho las preguntas que esperaba. El final, como en Joyita, da esperanzas pero yo creo que ya estaba demasiado cansada para preocuparme de lo que le pueda pasar al protagonista de allí en adelante.

 Modiano afirma que sin memoria estamos vacíos, no conocemos ni tenemos nuestro lugar en el mundo, y que nuestra existencia se limita a lo que queda del pasado- fotos, algunos objetos.

Estaba claro que todo se quedaba en cajas viejas de bombones o de galletas. O de puros. 

 Sin recuerdos nos esfumamos en la densa niebla de nuestras efímeras vidas. Sus tesis no son revolucionarias, más bien llenas de clichés y hacen que la novela parezca un buñuelo intelectual esperando su crema para rellenarlo.

Hutte repetía siempre que, en el fondo, todos somos “hombres de las playas” y que “en la arena”- cito sus propias palabras – “no dura más que unos segundos la huella de nuestros pasos”.





 

martes, 13 de enero de 2015

Hace frío en Macondo


Galore

Michael Crummey

Other Press,
New York, 2009

 

            Me gusta el frío. En pleno verano del año pasado os recomendé Touch de Alexi Zentner, ambientada en la taiga canadiense y con el invierno como uno de los principales protagonistas. Ahora, con las temperaturas bajo cero y al calor de la chimenea, vuelvo al país de los arces, esta vez de la mano de Michael Crummey.


            La novela cuenta la historia de cinco generaciones de habitantes de dos pequeños pueblos pesqueros en las costas inhóspitas de la isla de Terranova. La trama se centra en dos familias unidas por lazos de amor y odio, los Devines y los Sellers. Su tierra, olvidada por Dios y los hombres, rebosa de magia, supersticiones y conflictos. La vida depende del océano – si en verano aparecen cerca de la costa bancos de bacalao, la supervivencia está garantizada. En el caso contrario, familias enteras pasarán hambre hasta el año siguiente. El suelo es prácticamente estéril, no se puede contar con ninguna ayuda desde fuera. Todos están sometidos a la gracia de los elementos. 


            En la escena inicial  de la novela, el océano se muestra muy generoso con los habitantes de Paradise Deep y The Gut (¿os gustaría vivir en un lugar llamado  La tripa?). Una ballena ha quedado varada en la playa. Su carne alimentará a toda la población durante semanas. Cuando empiezan a despedazar el gran cetáceo, en sus tripas encuentran el cuerpo de un hombre. Para su asombro y terror, resulta que el hombre- una criatura pálida, desnuda y apestosa- está vivo. De esta manera en la vida de los dos pueblos entra Judah. Debería llamarse Jonás pero la única Biblia por esos lares también ha sido rescatada de la tripa, aunque en este caso de un bacalao, y le faltan páginas, lo cual provoca confusión acerca de varias de sus historias. Judah, mudo y dócil, será la causa de numerosos acontecimientos tanto felices como trágicos.
 

            La novela abarca el periodo de unos 150 años, desde los últimos años del siglo XVIII (aunque las fechas no aparecen hasta casi el final del libro) hasta 1919, cuando el último descendiente de los Devine vuelve a casa después de luchar en la IGM. No obstante, tenemos la impresión de que la trama podría desarrollarse en cualquier época. Paradise Deep y The Gut parecen existir fuera del tiempo. El médico local, doctor Newman, quien llegó allí desde los EE.UU., cada vez que visitaba a su familia en Connecticut, empezaba a dudar de si Terranova fuese un sitio real:
 
Newfoundland seemed too severe and formidable, too provocative, too extravagant and singular and harrowing to be real. He half expected never to lay eyes on the place again, as if it didn´t exist outside the stories in his head.

Pasan años, mueren los ancianos, nacen nuevas generaciones, pero en aquel lugar remoto poco parece cambiar. Solo las diversas iglesias luchan contra las supersticiones (y entre sí), ya que los protagonistas de la novela de Crummey se muestran muy reticentes al llamado progreso y, sobre todo, a la educación.

They were backward and illiterate and happy to leave their children no hope of a better life.

            El microcosmos de Galore está habitado por una muchedumbre de personajes variopintos, el principal fuerte de la obra del escritor canadiense. La vida no tiene piedad con ellos ni ellos tienen piedad con la vida. Se casan sin amor, se aman a escondidas, se matan en afecto, conciben hijos con los cuales no saben relacionarse. Y aunque los hombres en aquella época tenían más poder, las mujeres constituían la fuerza detrás de la mayoría de los acontecimientos; ellas tramaban y conspiraban en defensa de sus seres queridos, ellas eran más fuertes y más astutas que sus padres, maridos o hijos. Los protagonistas de Galore se caracterizan por su obstinación, egoísmo y falta de sensibilidad. Su primitivismo no sorprende- las condiciones de la vida no propiciaban la empatía, había que luchar por la supervivencia. Por eso las emociones positivas se escondían, lo cual traía, cada dos por tres, resultados trágicos.
 


 En este caso prefiero la portada de la traducción al polaco.

            Aunque las historias de los protagonistas se entrelazan y el autor a menudo emplea la retrospectiva, no es difícil seguir la trama. Se oyen claramente las notas altas del realismo mágico – Judah saliendo de la tripa de la ballena, el espíritu de un marido celoso siguiendo a su pobre y fiel mujer como el fantasma de Prudencio Aguilar hostigando a José Arcadio Buendía… Los Devine y los Sellers parecen condenados a la soledad igual que los habitantes de Macondo, y también para ellos el tiempo se cierra en una elipse en la escena final de la novela. Solo que Paradise Deep no muere como la aldea colombiana sino que se transforma por fin en un lugar bastante próspero, gracias a la obstinación de sus gentes.

Otro fuerte de la novela es su espléndida ambientación en las costas de Terranova, un lugar remoto, a merced de la feroz naturaleza que doblega al hombre. En este momento me viene a la memoria Atando cabos, la fantástica novela de E. Annie Proulx, Premio Pulitzer en 1994, y Kevin Spacey como Quoyle en su adaptación cinematográfica.
 
No puedo resistirme a hablar de un fragmento de Galore que se refiere a los libros, los cuales no juegan un papel importante en la vida de los protagonistas, en su gran mayoría analfabetos. Pero en la tercera generación de los Devine tiene lugar un cruce raro de genes y nace Patrick, gran amante de la literatura, dispuesto a arriesgar su vida para salvar cuanto pueda de la biblioteca de un buque a punto de hundirse en las heladas aguas del Atlántico Norte:

He wasn’t a religious man but a vision of what Paradise might be came to him, a windowed room afloat on an endless sea, walls packed floor to ceiling with all the books ever written or dreamed of. It was nearly enough to make giving up the world bearable.

            ¡Patrick Devine, somos muchos que compartimos tu visión! 

            Me fascina el título de la novela- Galore significa abundantemente. Lo único que realmente no faltaba ni en Paradise Deep ni en The Gut eran hambre y desgracias. Ni siquiera en cortas épocas de prosperidad, cuando había bacalao que pescar, la situación  mejoraba, y todos estaban conscientes de que, como consecuencia de la mano invisible del mercado, abundance could be a tool of destitution.

            No creo que haga falta decir que he disfrutado muchísimo de la lectura de Galore. La novela se sale de todos los moldes. Nos transporta a otra dimensión, quita el aliento y no queremos que termine. Simplemente excelente.
 




 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 8 de enero de 2015

Leer en inglés


Por fin llega el último reto al que pienso apuntarme este año, Keep calm and read 20 books in English, organizado por Isi del blog From Isi.
El reto tiene dos modalidades: leer 10 o 20 libros en inglés. El año pasado disfruté de este reto como una enana, sobre todo con los desayunos British durante los readathones que Isi convoca para motivarnos. Estos pancakes, scones, lemon curd...



A ver si me animo este año a hacer crumpets...

Se me está haciendo la boca agua al pensar en todas las lecturas que me esperan.
Aquí la lista que espero llenar pronto:
1. Michael Crummey "Galore"- reseña
2. M.J. Arlidge "Eeny, Meeny"- reseña
3. Jojo Moyes "The One Plus One" - reseña
4. Lisa Genova "Still Alice"- reseña
5. Pierre Lemaitre "Irene" - reseña
6. Richard Flanagan "The Narrow Road to the Deep North"- reseña
7. L.M. Montgomery "The Blue Castle"- reseña
8. Claire North "The First Fifteen Lives of Harry August"- reseña
9. Geling Yan "The Flowers of War"- reseña 
10. Iris Chang "The Rape of Nanking"- reseña
11. Dezso Kosztolányi "Skylark"- reseña
12. Owen Sheers "I saw a man"- reseña
13. Jón Kalman Stefánsson "Heaven and Hell" - reseña
14. A.A. Milne "Winnie the Pooh" - reseña
15. Anne Fadiman "Ex Libris" - reseña
16. Julian Barnes "The Sense of an Ending"- reseña
17. Herbjorg Wassmo "Dina's Book"- reseña
18. Alexi Zentner "The Lobster Kings: A Novel"- reseña




miércoles, 7 de enero de 2015

Reto Serendipia Recomienda 2015


Mónica-serendipia ha vuelto a convocar el reto Serendipia Recomienda que consiste en recomendar tres libros que nos hayan gustado. Mónica va a elaborar una lista con todas las propuestas, de las que tendremos que elegir tres para leer y reseñar a lo largo del año. Las bases están AQUÍ.

Propongo para el reto:
1. El reflejo de las palabras de Kader Abdolah, una novela mágica sobre los padres y los hijos, de las mejores que leí en 2014.
2. Pájaros ciegos de Úrsula Poznansky, una novela policíaca clásica aunque muy moderna, y con poesía como uno de los elementos cruciales de la trama.
3. Nápoles´44 de Norman Lewis, un libro de no-ficción sobre la ocupación aliada de Nápoles y alrededores durante 1944; una crónica de su tiempo y prueba de que hay partes del mundo inmunes al cambio; el mejor libro que leí el año pasado.

A ver si alguien se anima a leerlos...
 
Y aquí apuntaré los libros que leeré para el reto:
1. El pantano de las mariposas, de Federico Axat, recomendado por Lunilla y Los libros al Sol
2. Azul Vermeer, de Mar Mella
3. La amiga estupenda, de Elena Ferrante, recomendada por Ginger

martes, 6 de enero de 2015

Se fue, se fue … el 2014



Para unos mejor el anterior, para otros peor, lo cierto es que el viento se llevó el año 2014 y con él algunas lecturas. Pero sólo algunas, porque, por lo menos en mi caso, la mayoría va a quedarse. En total han sido 73, de los cuales 30 en español, 22 en polaco y 21 en inglés.  Sólo 11 en papel, aunque esta tendencia parece estar cambiando. Y cambiará sin duda si suben los precios de los ebooks, como consecuencia de la nueva Ley de Propiedad Intelectual...

Hay dos novelas que no olvidaré nunca por muy malas que han sido:

1.       La gente feliz toma café y lee libros, el primer premio al bodrio del año.

2.      Los hilos de la memoria de Victoria Hislop– en este caso sigue asombrándome cómo se puede echar a perder un tema tan interesante.

No obstante, ha habido numerosos libros que me han emocionado, enseñado algo, hecho reflexionar, o  con cuyas historias simplemente he disfrutado de unos momentos inolvidables. Me ha resultado muy difícil elegir mis mejores lecturas de este año, pero aquí están:

Mil otoños de David Mitchell

El jardín de las brumas de Tan Twan Eng

Touch de Alexi Zentner

La intrusa de Eric Fayé
Primera memoria de Ana María Matute

The Dovekeepers de Alice Hoffman

Medallones de Zofia Nalkowska

El reflejo de las palabras de Kader Abdolah

La miniaturista de Jessie Burton

El tren de los huérfanos de Christina Baker Kline


And the Oscar goes to…

1.       Spiewaj ogrody (Canta a los jardines)de Pawel Huelle, novela que espero se traduzca un día al español porque me ha dejado sin aliento ni palabras. A lo mejor entonces, después de su segunda lectura, seré capaz de expresar lo que siento y pienso.

2.      Nápoles´44 de Norman Lewis, mi gran descubrimiento de este año, porque la realidad, si bien descrita, siempre supera a la ficción.

¡Qué el 2015 sea por lo menos igual de bueno en cuanto a las lecturas!