“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

domingo, 30 de agosto de 2015

Confieso haber leído


Azul Vermeer

Mar Mella

MR Narrativa

 

Si uno está sometido a un continuo goteo de información, al final logran crearte un interés y eso es todo lo que se necesita. Un anzuelo que logre despertar la curiosidad.

Con estas palabras Mar Mella explica muy bien la razón por la que he leído su novela. Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.

Marta Miralles, una brillante restauradora de pintura flamenca, accede a restaurar un antiguo lienzo sin catalogar perteneciente a la familia Medraño, propietaria de una de las casas de subastas más prestigiosas de Europa. Cuando Marta acepta el encargo, vuelve a reencontrarse con algunos de los fantasmas de su pasado, como Javier, su primer amor, y Paddy, el hombre del que estuvo enamorada la mayor parte de su vida. Pronto, la vida de todos terminará por fundirse con la historia de ese misterioso lienzo y con la obsesión de Marta por el famoso maestro Vermeer y su obra…

            Normalmente suelo hacer mi propio resumen de la trama pero esta vez la versión de la editorial me causó tanta alegría que no he podido resistir la tentación de citarla. Se saltan casi 100 primeras páginas - la cuarta parte de la novela. ¿No vienen al cuento? Pues parece que no. Conocemos a Marta Miralles mientras restaura una obra de Van Eyck perteneciente a una familia española de rancio abolengo. Todo el mundo es rico o muy rico, guapo y muy infeliz en la vida. Cuando no participan en cacerías, van a banquetes de etiqueta. Y, claro, cuando no lloran por sus vidas desdichadas, se dedican a ganar más y más dinero. La verdad es que tenía ganas de borrar la novela de mi Kindle. No aguanto a Danielle Steele ni Nora Roberts, y tenía la impresión de haberme topado con su versión española. Además, la autora nos cuenta muy poco sobre Marta, cuyo pasado se intuye dramático. Parece que en realidad los protagonistas de la novela son los dueños de la pintura de Van Eyck a los cuales la autora describe con puntos y señales, incluidas sus historias familiares, procedencia de su fortuna o gustos culinarios. Sin embargo, luego desaparecen por completo. ¿Un cambio de idea por parte de la autora sobre quién es el personaje principal de su libro? ¿Un error no detectado durante la redacción de la novela?

            La cosa cambia cuando aparecen dos individuos que se revelan claves para la trama. La primera de ellos es Emilia Medraño, la dueña del lienzo flamenco sin catalogar. Emilia es una mujer fuerte, de carne y hueso, con un secreto que intenta ocultar. Muy profesional pero tan mala que indignaría a la mismísima Cruella de Vil. Llegamos a conocer sus orígenes pero la autora nos niega la información sobre cómo fue posible que una señorita española de muy buena familia estudiase la conservación y restauración en París en los años 50. Como si fuera algo de lo más normal y corriente en España durante la dictadura de Franco. Un velo de misterio rodea también la formación del otro de los pilares de la novela, el personaje del restaurador holandés Ruud Smits. Conocemos los detalles de su paso por España durante la Guerra Civil – una de las mejores partes de la novela- cuando, con tan solo 17 años, falsificaba documentos para el bando republicano. Pero ¿dónde lo aprendió? ¿Qué formación recibió? ¿Cómo se convirtió en una eminencia en el mundo de la restauración de la pintura flamenca?

El trasfondo histórico es lo que hace llevadera la lectura de Azul Vermeer. El hilo contemporáneo le quita el interés, sobre todo a causa de la insoportable Marta Miralles. La protagonista principal de la novela ha tenido una vida muy difícil. Creo que todos los lectores sentimos pena por su personaje cuando por fin conocemos los pormenores de su infancia. Sin embargo, este sentimiento pronto se convierte en una irritación pura y dura. Brilla el Sol y Marta llora. Llueve y Marta llora. Todos están encantados con su trabajo y Marta llora. Es uno de los personajes más exasperantes y menos creíbles con los que me he topado jamás. Para el colmo, la autora nos obsequia con algunas joyas sacadas de la caja de los estereotipos como esta perla acerca del tiempo que hace en Amsterdam, donde Marta trabaja en el taller de Ruud Smits:

¿Cómo alguien acostumbrado a ver y sentir el sol en la piel todos los días podría vivir en un clima así?

Ya falta únicamente que nos hable de la superioridad de la comida española…

            En Azul Vermeer sobran varios elementos que convierten una novela en aburrida o irritante, como descripciones muy detalladas de escenas cotidianas o personajes poco creíbles, presentados de una manera muy superficial, sin profundizar en sus sentimientos.   El enigma del cuadro desconocido de gran Johannes Vermeer o las interesantes pero muy incompletas historias de los protagonistas secundarios no logran contrarrestar los efectos que tiene el tedio que se cuela en la lectura. Tampoco lo consigue la magistral clase que Ruud Smits le da a Marta sobre los pigmentos utilizados por los pintores en el siglo XVII . Resultó apasionante para una ignorante en la materia como yo, pero ¿no debería Marta, graduada en la restauración y conservación, conocer el tema a fondo? El final, aunque sorprendente e inesperado, no cambió mi opinión sobre la novela. Poco recomendable.
 


 

             

26 comentarios:

  1. Pues esta novela la tengo apuntada, no sé que hacer ahora... la verdad es que pintaba bien
    Besos

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    1. Pintaba bien y creo que el argumento es interesante. El problema es la ejecución que convierte el libro en una novela romántica al estilo Steele.
      besos

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  2. Conocía la novela de vista, pero vamos, mejor ni me fijo en ella :P
    Besos

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    1. A mí me gusta mucho la pintura flamenca, por eso la leí. Aprendí algunas cosas interesantes pero como novela "Azul Vermeer" decepciona.
      besos

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  3. La sinopsis prometía pero tras tu reseña se me han quitado las ganas la verdad
    Un beso!

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    1. Es una pena porque pintaba bien. Una decepción.
      besos

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  4. Le tenía muchas ganas a esta novela después de varias recomendaciones y reseñas positivas. Me has roto los esquemas, jaja. La tengo fichada en la biblio, igual más adelante le doy una oportunidad y si me aburre la devuelvo enseguida, jaja.
    Besitos

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    1. Ya me contarás. A mí me aburrió y creo que desperdicia el potencial de los protagonistas secundarios que se merecen más por parte de la autora.
      besos

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    2. Aún habiendo leído un mal libro, no lo considero un tiempo baldío, al menos son valiosos para afinar nuestra aguda observación como lectores, lo que al final nos hace más completos y exigentes como tales… Eso sí, mira que aburren!! :) jaja
      Abrazos!

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  5. Qué lástima que la hayas disfrutado tan poco... Es un título que recuerdo con cariño, sí que el principio se me hizo algo aburridillo y me costó entrar en ése mundo de ricos dolientes (me has sacado unas cuantas sonrisas con ésa Marta repelente) pero luego la disfruté mucho a pesar de entrar en un género que no suelo frecuentar.
    Besos.

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  6. Qué pena da cuando un libro no se disfruta. Seguro que vienen lecturas mejores enseguida. Un beso!

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  7. Creo que tengo una cosa que te puede ayudar, jeje. Madre mía, la has puesto fina pero mira, lo que nos has ahorrado, que decían en una peli que la luz de Vermeer tenía que ser una de las maravillas del mundo. Pues poco se puede decir, esto es peor que la Roberts y Steel juntas, ya le vale. No remonta en ningún momento y menuda caída en picado. Una verdadera pena porque el título prometía, en fin, siento que la hayas leído aunque me alegro por mí que me la he ahorrado.
    Un beso
    ¿Marta no lloraba en Amsterdam? Seguro que sí.

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  8. Que lastima que no te haya gustado, yo sí lo disfruté, pero es cierto que no llevaba expectativas y me sorprendió para bien.
    Besos

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  9. Pues vaya, es una novela que tengo anotada desde hace tiempo porque me atrae mucho. No la descarto pero bajaré un poco mis expectativas
    Besos

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  10. A mí esta novela no me llamó nada la atención cuando salió, la verdad, y veo -por lo que cuentas- que no me equivoqué al no pedirla ...

    bsos!

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  11. Pues tenía ganas de leerla pero viendo tu reseña creo que la dejaré pasar para mucho más adelante, hay otras que me llaman más. Un beso! :)

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  12. Bueno es ahorrarse unas pesetas -sí, me quedé en el tiempo, ya se-. Por aquí, ni noticias. Y por tus líneas, mejor.
    Un abrazo grande, Agnieszka.

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  13. Pues no me llamaba demasiado, así que mejor ir a por otro.
    Besos!

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  14. Leí este libro porque Vermeer es uno de mis pintores favoritos. Una trama que se basaba en una posible obra suya me arrastró a su lectura. Y coincido contigo en que hay algunas cosas poco creíbles, pero el trasfondo histórico fue lo que mas me gustó.
    Besos

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  15. agradezco y hago caso de la reseña y con saber de qué va me doy por satisfecha. ¡Gracias!
    un beso,
    Ale.

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  16. ¿Y quién no pica alguna vez? La frase primera de la autora es real, realísima.
    Quedo advertida.
    Abrazos!!

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  17. Me atrajo desde el primer momento, me gustó el principio con ese cuadro mantenido en la familia... y luego no sé qué pasó con el libro, que se cayó y no fue capaz de llegar a lo que yo esperaba.
    Me sigue pareciendo que la historia da para mucho.
    Besos

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  18. Hola,
    Ni la iba a leer, ni la leeré después de tu reseña. Está bien esto de ir descartando libros :)

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  19. ¡Pues vaya! ¡Qué decepción! De todas formas mira el lado positivo pensando en todo lo que has aprendido sobre los pigmentos utilizados en el siglo XVII. Siempre se aprende algo. Besos.

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  20. Me llama lo del enigma del cuadro de Veermer, pero la historia en sí no me convence mucho.
    UN beso.

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