“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

martes, 21 de julio de 2015

Las trampas de la tolerancia


El librero de Kabul

Asne Seierstad

Maeva 2003

 

 

            El librero de Kabul es, creo, un libro muy difícil de reseñar por todas las emociones que despierta. La autora describe la vida de una familia afgana poco después de la caída de los talibanes, cuando se supone que a las calles de Kabul volvió la normalidad- lo que quiera que signifique la palabra en ese contexto. La familia del librero Sultán Khan es, como dice la misma Seierstad, una familia afgana atípica porque no pasa hambre, casi todos sus miembros saben leer y escribir, y porque Sultán es, comparando con otros afganos, muy progresista… La autora, una periodista noruega, vivió en su casa, compartió sus experiencias y escuchó sus historias. Aunque da la impresión de no querer opinar sobre lo que vio y oyó, el retrato de la familia que nos presenta no es halagüeño. La pregunta es: ¿lo podría ser?


            El choque de civilizaciones en este caso es casi mortal. Lo que en Afganistán pasa por normal es considerado aberrante en el mundo occidental, cosa de la cual los Khan ni siquiera parecen tener consciencia. Las mujeres son poco más que esclavas para sus maridos, hijos, padres, hermanos o tíos. Imperan el analfabetismo y la ignorancia. La única tecnología al alcance de todos son las armas. La pobreza extrema es apabullante y omnipresente, al igual que la suciedad. Y parece que nada cambia nunca, que las siguientes generaciones son educadas de la misma manera para perpetuar el orden de las cosas.


            El librero de Kabul es un estremecedor testimonio de la vida cotidiana en Afganistán, uno de los  países-víctimas y teatros de la Guerra Fría, donde los siguientes gobiernos norteamericanos armaban a los muyahedines para que lucharan con la URSS, como si no fueran conscientes de que las mismas armas serían utilizadas más tarde en su contra. Me hizo recordar estas palabras de El nadador de Joakin Zander:


Un día estaremos cara a cara con lo que nosotros mismos hemos creado. Las capas se van pelando una tras otra. El fanatismo no se percibe en Washington. Las religiones no son un factor en el crisol. Hasta el día que lo son. Tras la ideología viene la religión. Los que eran nuestros amigos acabarán siendo nuestros enemigos.


La verdad es que no me siento con fuerzas ni ánimo para hablar más de lo que Asne Seierstad describe en su libro. Por enésima vez me pregunto qué pensarán hoy los que se creyeron el fin de la historia anunciado por Francis Fukuyama  y hace 20 años se reían de Samuel P. Huntington.


La vida en un lugar como Afganistán (y no creo que mucho haya cambiado desde la publicación de El librero de Kabul) parece una tortura. Por un lado la guerra convierte  la vida humana en una mercancía, muchas veces sin valor porque la oferta supera la demanda. Por el otro, la pobreza, el fanatismo religioso  y la intolerancia destruyen la poca humanidad que queda en los seres humanos. Lo que nos distingue de los animales son los sentimientos, pero ¿qué pasa si los sentimientos imperantes son el miedo y el odio? ¿Cómo se puede construir una sociedad en un lugar donde las personas aborrecen y temen unas a otras? Aunque, si lo pensamos bien, la situación en nuestra querida y amenazada civilización occidental no era tan distinta hace no mucho tiempo. ¿Es entonces justo esperar otra cosa de las sociedades como la afgana?  Han pasado más de 10 años desde la publicación del libro. No obstante, no parece que las reflexiones a las que nos lleva hayan perdido nada de su actualidad. ¿Podemos permitirnos ser tolerantes con los que no lo son con nosotros y nuestros valores? ¿Por qué los machistas más grandes son mujeres? ¿Cómo interpretar la indignación del verdadero Sultán Khan y su familia causada por el libro que, según dijo el patriarca, humilló a él, su familia y a todos los afganos?

Llegué a odiar esta vestimenta porque aprieta la frente y provoca dolor de cabeza, la rejilla limita el campo de visión y dentro huele a cerrado y se suda mucho porque no deja pasar el aire. Hay que andar siempre con cuidado porque una no se ve los pies y se ensucia. La prenda molesta mucho. Pude experimentar qué liberación es poder quitártela al volver a casa.

El libro está escrito con un lenguaje simple, escueto, gracias a lo cual su contenido resulta, si todavía cabe, más impactante. Como una buena reportera, Seierstad se abstiene de hacer comentarios. Relata y describe pero no valora ni evalúa. Nos lo deja a los lectores. Una obra maestra del reportaje.





 

15 comentarios:

  1. Lo he visto en varias ocasiones, pero no me decido a leerlo. Creo que de momento lo dejaré pasar.
    Besos!

    ResponderEliminar
  2. A mi la verdad es que este tipo de libros que muestran una cultura tan diferente me atraen a pesar de la dureza de la vida en estos países.

    Besos.

    ResponderEliminar
  3. Lo leí hace unos años y me pareció una lectura muy interesante, casi todas las novelas ambientadas en este país me atraen
    Besos

    ResponderEliminar
  4. Pues ¡qué te puedo decir? Me lo llevo, me gusta todo lo que cuentas, si es capaz de conseguir un retrato fidedigno además de ser capaz de despertar sentimientos no es como para dejarlo escapar. No sé si has leído A constellation of vital phenomena, de Anthony Marra, basado en Chechenia. Una auténtica lástima que un libro así de prometedor no haya tenido trascendencia fuera de EEUU.

    ResponderEliminar
  5. En su momento leí varias novelas de este tipo pero me quedé con El grito silenciado de Ana Tortajada, nunca he podido comprender estas culturas y determinadas costumbres. Ahora que estoy en plan hipersensible ya no puedo con estas lecturas.

    ResponderEliminar
  6. No se porqué, cuando hablamos de sociedades primitivas, lo primero que acude a nuestra mente es la geografía africana cuando, en verdad, aun hay muchos otros lugares que se manejan casi de la misma manera. Puro prejuicio, sospecho.
    No soy muy amigo de los reportajes pero confieso que éste puede resultar muy interesante, Agnieszka. Lo apunto.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Uno de los mejores libros que he leído. Genial de principio a fin. Un beso.

    ResponderEliminar
  8. Está claro que a cada uno le pueden seducir diferentes argumentos para que esta lectura pudiera resultar interesante.
    A mi me llama poderosamente la atención el enclave, Kabul, una de esas ciudades que el tiempo parece haber detenido.
    Lugar mítico, como punto de llegada o de retorno, para los montañeros de medio mundo. Inframundo para las mujeres afganas. Infierno para unas, paraíso para otros. Qué extraña es la vida. Me lo apunto.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
  9. Tiene muy buena pinta. La verdad es que no me importaría leerlo.

    ResponderEliminar
  10. Tiene buena pinta aunque me da que no es una lectura para corazones sensibles.

    Besos!

    ResponderEliminar
  11. Hoy lo dejo pasar porque tengo mucho pendiente y no me atrae demasiado. Un beso!

    ResponderEliminar
  12. Lo leí hace algún tiempo y fue interesante y espeluznante a partes iguales. Por ahí está reseñado en el blog ;)
    me alegro que te gustara: como dices, está con un lenguaje que es fácil seguir (ya el tema es difícil, se agradece que cuando menos la lectura sea fluída).
    Un beso,
    Ale.

    ResponderEliminar
  13. Pues parece de los que no se pueden dejar pasar, lo apunto.
    Besos

    ResponderEliminar
  14. Lo leí hace 11 años (etapa pre-blog, así que no lo tengo reseñado), he acudido a mi libreta y solo tengo un breve comentario respecto a que es un relato que no de ficción y que me pareció interesante y sorprendente. A veces, era muy parca en palabras cuando anotaba algún comentario sobre el libro que acababa de leer, así que cuando vuelvo ahora para ver la impresión que me dejó, me quedo con las ganas.

    Hay zonas del planeta en las que está instalado el infierno.

    Un abrazo!!

    ResponderEliminar
  15. Otro que no leería hoy pero agradezco tu reseña y tu agradable forma de escribir y compartirlo. Gracias

    ResponderEliminar