“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

miércoles, 29 de octubre de 2014

Like father, like son




El reflejo de las palabras
Salamandra, 2006


                Hay días cuando los libros nos sonríen desde las estanterías. “¡Léeme a mí!” – parecen estar diciendo. “¡Soy más interesante que el tercero a la derecha!” Pobrecitos- tienen que aburrirse mucho hasta que alguien se interese por sus páginas repletas de letras. ¿Y si no fueran letras? ¿Y si fueran signos cuneiformes como los que vemos en la portada de la novela de Kader Abdolah? Diríamos que se trata tal vez de unos apuntes secretos y los dejaríamos donde estaban sin prestarles más atención - ¡si es que hay tanto por leer, ¿cómo vamos a preocuparnos por un texto indescifrable?! Pero entonces nos perderíamos esto:

Somos dos: Ismail y yo. Yo soy el narrador omnisciente. Ismail es el hijo de Akbar, que era sordomudo.
Aunque soy omnisciente, no puedo leer esos apuntes.
Contaré sólo la parte de la historia que precede al nacimiento de Ismail. Dejaré que él mismo relate el resto. Pero al final volveré, pues Ismail es incapaz de descifrar la última parte de las notas de su padre.

Aga Akbar está muerto. Murió cerca de su pueblo natal al pie del monte sagrado del Azafrán, en la remota región persa de Arak. Sordomudo y analfabeta, durante toda su vida había tomado apuntes utilizando símbolos cuneiformes basados en las inscripciones sin descifrar que se encuentran en una cueva del monte Azafrán. Ahora Ismail, refugiado político en Holanda, recibe el diario de su padre. Desde el pólder en el que vive, se decide a traducirlo para, por un lado, homenajear a su padre y, por el otro, para cerrar un capítulo de su vida:


No quisiera quedarme estancado en mis recuerdos, pero es casi imposible vivir en una nueva sociedad sin haber hecho balance del propio pasado.

Por eso me he puesto a estudiar los papeles de mi padre, porque lo que él anotó es también mi historia. De modo que si consigo trasladar, aunque sólo sea de manera parcial, sus escritos a la lengua holandesa, eso facilitará mi integración en esta nueva sociedad.

Así que nos vamos de viaje – abrochad los cinturones de seguridad – en tiempo y en espacio. Nos trasladamos a la Persia de los principios del siglo XX, un país que vive según las costumbres que no han cambiado en siglos y donde la gente recita de memoria versos de poetas medievales como Hafiz. Allí nace Aga Akbar, hijo de la segunda esposa de un noble. No tiene derechos de herencia y es sordomudo, así que aprende el oficio de reparador de alfombras. Los cambios que experimenta su país parecen no afectarle de forma inmediata. Junto con él y su familia conocemos el afán modernizador del Sah Reza Pahlaví, la represión contra la oposición en los tiempos de su hijo, la revolución y la sanguinaria dictadura de los ayatolás. Una vida sin sonidos ni letras y, sin embargo, llena de contenido y esencia, aunque expresados de otra manera, en forma de símbolos cuneiformes. 

El reflejo de las palabras nos invita a reflexionar- ¿cómo es la vida de un sordomudo? ¿y de un analfabeta? ¿y de su familia? ¿Cómo se comunican? ¿Cómo sus hijos pueden transmitirle lo que les preocupa, lo que acaban de aprender en el colegio al que él nunca pudo ir?

Escrita con desenfado y desparpajo, con un lenguaje simple y elegante, en un idioma que no es el materno del autor, la novela nos hipnotiza, engancha, se pega a las manos.  Kader Abdolah hilvana la entrañable historia de Aga Akbar como, seguramente, se hace en su pueblo desde los tiempos inmemorables, con gran sensibilidad, riqueza  y el ritmo propios de su cultura milenaria. Parece que estamos sobrevolando las montañas de la región de Arak en una alfombra persa – ya no hacen falta los cinturones - dirigiéndonos a Teherán y más al sur, a Isfahán, donde Aga Akbar aprendió su oficio, para volver hacia el monte del Azafrán en busca de la cueva con inscripciones antiguas. Desde arriba podemos divisar a Aga Akbar montado en un burro camino a otro pueblo donde arreglar alfombras tejidas durante años por las mujeres. A la derecha se puede ver el castillo de su padre, abandonado tras su muerte, lleno de libros de poesía. Y detrás de aquella roca de forma rara a lo mejor está escondida la hija pequeña de Aga Akbar, Cascabelito, y sus compañeros con los que huyó de la cárcel de los ayatolás. Ismail dice que estará en la cueva durmiendo.

Un día, Cascabelito despertará.
Con una moneda de plata en la palma de la mano, abandonará la cueva.
Y cuando llegue a la ciudad, verá que todo ha cambiado.

            Porque todo cambia. Panta rhei. Por eso hay que preservar los recuerdos, por eso Ismail descifra los diarios de su padre. Por eso os recomiendo la exquisita novela de Kader Abdolah, una de las mejores que he leído este año.

lunes, 20 de octubre de 2014

Conrad Festival


http://www.conradfestival.pl/en/8/0/630/conrad-festival-2014


¿Alguien va a Cracovia estos días? Hoy empieza Conrad Festival 2014- festival de literatura con Boris Akunin, Paul Auster, John Banville, Jaume Cabré, Mircea Cărtărescu y Raja Shehadeh entre los invitados.
¡Todavía hay entradas para el encuentro con Auster!


Si a alguien le apetece un paseo literario por la ciudad de la  mano de Adam Zagajewski o ver el episodio cracoviense de Finnegans´ Wake, aquí está la página de Krakow Unesco City o Literature:

http://krakowcityofliterature.com/

viernes, 17 de octubre de 2014

Secrets and lies



The Interpreters
Myriad Editions 2011

The sins of the fathers, if they were really any sins, don’t have to be carried down the generations. We can make our own futures. Our own kinds of families in any way we choose.

¿Podemos desprendernos de la herencia emocional de nuestros padres? ¿Podemos olvidarnos de las emociones y la manera de ver el mundo que nos han inculcado? ¿O es que éstas nos determinan de tal modo que influyen en lo que nos pueda ocurrir a lo largo de la vida? A estas preguntas intentó responder Sue Eckstein en su magnífica novela The Interpreters.

            Julia Rosenthal regresa después de mucho tiempo a su casa familiar, invitada por la actual dueña. Visitando las  estancias  de la casa rememora su infancia que, aunque los Rosenthal parecían una familia normal, abundaba en acontecimientos inquietantes como las misteriosas desapariciones de su madre,  sus internamientos en un hospital psiquiátrico o el secreto absoluto que rodeaba su pasado.  Julia intenta encontrar sentido en los secretos y medias verdades en las que vivía sumida la familia Rosenthal, y si éstos influyeron en la manera en la que ella educó a su hija, Susanna. Lo que más le pesa a Julia es el hecho de que Susanna, siendo aún niña, tomó la decisión de vivir con su tío Max, el hermano mayor de Julia, en vez de viajar con su madre, conocida antropóloga, por África. Max dedicó toda su vida a los necesitados trabajando en hospicios, casas de ayuda y colegios para niños de necesidades especiales. Prefirió dejar atrás el pasado, como a los 18 años de un día a otro dejó de tocar el violín, y vivir el presente. Dos maneras diferentes de afrontar los mismos problemas.

 Max y Julia no nacieron en una familia patológica, nadie los pegó ni abusó de ellos. Su padre era un célebre pediatra, la madre les dedicaba todo su tiempo llevándolos a las actividades extraescolares de turno, cocinando y horneando. Vivían en una casa grande en un suburbio londinense, en un barrio de clase media-alta. Sin embargo, ambos eran conscientes de que algo no funcionaba en su familia.

Throughout my childhood, I assumed that sitting in the study with the door shut was how everyone´s fathers spent their evenings. It never occurred to me that some fathers might do something else, or even that houses without studies might exist.- cuenta  Julia sobre los hábitos de su padre.

Cada vez más a menudo la madre tenía ataques de histeria que terminaron en un hospital psiquiátrico, el padre empezó a ahogar sus penas, no necesariamente relacionadas con su matrimonio, en alcohol. Vivían juntos pero por separado:

That was the moment I realised that some people´s parents did things together. You know, they never went anywhere, just the two of them. Just for fun. – recuerda Julia en una conversación con Max.

Parece increíble lo poco que conocían a sus adorados padres, lo poco que sabían sobre ellos. No obstante, percibían su infelicidad y la sufrían, como cuando Julia intentaba esperar despierta el regreso de su madre de las clases de manualidades para poder verla un poco feliz.

            Los recuerdos de Julia, narradas en primera persona, se entrelazan con las conversaciones que una mujer mantiene con su psicoanalista. En ellas vuelve a su infancia en Alemania de los años 30, paso a paso desvelando unos secretos dolorosos que nunca antes compartió con nadie. 

            La estructura de la novela no es novedosa. Como siempre, los dos hilos de la trama se cruzan en algún momento. Así es también en este caso y no creo que haga mucho perjuicio a los potenciales lectores revelando que la mujer en la consulta del psicoanalista es la madre de Max y Julia. Aunque quien se acerque a la novela sin haber leído nada sobre el  libro antes de su lectura, tardará bastante tiempo en percatarse de ello. 

            The Interpreters puede parecer una novela deprimente. La impotencia de la señora Rosenthal y el hecho de que crea que tiene que pedir perdón por quién es y renunciar a su identidad, lo cual repercute en su salud mental de forma tan dramática, a lo mejor resultará incomprensible para algunos. Sin embargo, no creo que podamos realmente ponernos en el lugar de alguien con sus experiencias vitales y compartir sus emociones. Con este trasfondo histórico y las vivencias dramáticas de los protagonistas, la novela de Sue Eckstein nos atrapa y obliga a reflexionar. La madre de Julia se vio abocada al fracaso en las relaciones con sus seres queridos no sólo por quién era. Educada en un ambiente opresivo durante la peor época en la historia de la humanidad,  era incapaz de enfrentarse a sus demonios en soledad. Quizás si hubiera nacido en otros tiempos, quizás si su madre no hubiera sido abandonada por la suya, quizás, quizás… The Interpreters nos muestra también, y de forma magistral, cómo nuestras expectativas se ven confrontadas con la brutalidad de la realidad, doctorada en cortar las alas a los sueños.

            Es una lectura dura que recomendaría sólo a los que no temen enfrentarse a temas difíciles y que comprenden que las verdades sobre las personas más cercanas a nosotros deben leerse entre líneas, ya que interpretar las ambigüedades forma parte intrínseca de las relaciones humanas.

Lying destroyed people´s lives, she had said, looking as if she was about to cry. It destroyed whole countries.






miércoles, 15 de octubre de 2014

Reto Nobel 2014: Patrick Modiano


          



  Cuando la semana pasada la Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de literatura a Patrick Modiano, mi primera reacción fue ¿Patrick qué? Luego, cuando oí las palabras:
for the art of memory with which he has evoked the most ungraspable human destinies and uncovered the life-world of the occupation,
me di cuenta de que Modiano no me era totalmente desconocido, aunque no haya leído ninguna de sus novelas. Y es que de Modiano me hablaron largo, tendido y mal mis compañeras de piso en la universidad, ambas estudiantes de filología francesa. Eran tiempos de lectura de Madame de Staël, Zola, Proust y, sobre todo, Boris Vian. Lecturas disparatadas, entre las cuales, sin embargo, no cabía Patrick Modiano. Con el Nobel llegó su turno. Por eso me he unido a la iniciativa de Trotalibros:


            Espero que sea una experiencia tan positiva como el Homenaje a Ana María Matute.
¡Estáis todos invitados a participar!

1. Joyita
2. Calle de las Tiendas Oscuras
3. Dora Bruder