“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

sábado, 24 de mayo de 2014

Libertas perfundet omnia luce



Amsterdam- the history of the world´s most liberal city

Doubleday, 2013


Russell Shorto es un escritor e historiador norteamericano, autor de la novela “Los huesos de Descartes” (Planeta 2011) y la historia de la isla de Manhattan -“Manhattan. La historia secreta de Nueva York” (Planeta 2013). El año pasado publicó “Amsterdam. The history of the world´s most liberal city”. Cuando me enteré de su existencia por los numerosos news letters de varias librerías on-line a las que estoy suscrita, sentí que leerlo era para mí una necesidad vital. Y como me separaba del libro tan sólo un click, no me pude resistir… La verdad es que me fascina el hecho de poder conseguir libros de esta manera, en cuestión de segundos y a pesar de los miles de kilómetros que me separan de la librería…


Ad rem, desde que leí la fascinante historia de Wroclaw -“Microcosm: A Portrait of a Central European Cityde Norman Davies y Roger Moorhouse , soy fan de las biografías urbanas. “Jerusalén” de Simon S. Montefiore, “Lisbon. War in the Shadows of the City of Light. 1939-45” de Neill Lochery, “Berlin” de Rory Maclean y, sobre todo, el espectacular  Bukareszt” de Malgorzata Rejmer demuestran que los hechos históricos se pueden contar sin que el lector se sienta abrumado por la cantidad de acontecimientos, fechas y personajes.

 

 

 

 

            Amsterdam” se lee con gran interés y de una sentada (si tiempo permite) gracias al conocido truco periodístico que emplea el autor- el libro nos presenta la historia de la ciudad holandesa más importante a través de las historias individuales de sus habitantes.  La construcción del primer canal, la creación de la VOC- la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, la primera bolsa del mundo, Spinoza, Rembrandt, Maltatuli, Anna Frank, Ayaan Hirsi Ali y muchos más personajes son descritos con un estilo novelístico que nos traslada en tiempo a su lado para ver y experimentar lo mismo que ellos. Todas estas historias se unen, como los canales de la ciudad en forma de una telaraña primorosa, para demostrar que Amsterdam merece el título de la ciudad más liberal del mundo. Porque fue en la capital de Holanda donde se apostó por la libertad individual en los tiempos cuando ésta no se consideraba una virtud. Su ejemplo impulsó a otros y sigue alimentando su mito atrayendo a los que se sienten oprimidos en su lugar de origen y, al mismo tiempo, a millones de turistas al año. Por otro lado, Shorto, con gran maestría, nos  muestra los rasgos específicos de la cultura del Reino de los Países Bajos a través del prisma de su capital. Sus reflexiones  sobre lo que significa la libertad y sus diversos aspectos, nos llevan a la conclusión que Amsterdam es una ciudad atípica, una isla en el mar de la corrección burguesa del resto de país. Podemos entender las razones detrás de la reserva de los holandeses, qué valores profesan, por qué son tan bien organizados y, sobre todo, cómo fue posible que en esta nación-símbolo de la tolerancia -surgió en la última década un partido político abiertamente xenófobo. 



            Russell Shorto sabe trabar amistad con su lector. Ya después de las primeras páginas me parecía que el autor estaba sentado delante de mí, bebiendo una Hoegaarden con un trozo de limón, mientras intercambiábamos nuestras observaciones acerca de la ciudad. Además, tenía la impresión de que me iba a revelar increíbles secretos sobre Amsterdam. Es capaz de crear un ambiente tan íntimo, que la urbe se antropomorfiza, haciendo que la lectura de su libro sea puro placer y despierte la curiosidad de los que todavía no conocen esta bella y fascinante ciudad.  Esperemos que su traducción al castellano aparezca pronto. Y una cosa más: gracias a "Amsterdam" leí también "Mil otoños" de David Mitchell, que me gustaría recomendar como una novela inolvidable, de las mejores que he leído jamás.

 








viernes, 16 de mayo de 2014

Imprimatur!


Breve Historia de los libros prohibidos
 RBA LIBROS 2013

“Breve historia de los libros prohibidos” es precisamente lo que el título indica: una historia de la censura. Por consiguiente es también una historia de la prepotencia, arrogancia y estupidez. La historia de una guerra perdida por los que se atreven a recortar las libertades en nombre de unas ideas que intentan imponer a los demás. Al mismo tiempo, como definió la censura Federico Fellini- la mejor publicidad para el autor, además gratuita,  ya que con sus gastos corre el estado. Entonces, ¿por qué Ovidio fue expulsado de Roma? ¿Por qué arrestaron a Diderot? ¿Quién espiaba a Púshkin? ¿Cuál fue el papel del Correos en censurar las “obras inmorales” en los EE.UU? ¿Cuáles fueron las últimas palabras de Mayakovski antes de suicidarse (según el famoso chiste)? Respuestas a éstas y muchas más preguntas las encontramos en el libro de Werner Fuld, crítico literario e historiador de literatura alemán. Es una obra escrita con pasión por la palabra y en defensa de su libertad.

Fuld cuenta la historia de la persecución de la literatura. Habla de los libros que, por distintas razones, han sido considerados difíciles, incómodos o  peligrosos, y la reacción de las autoridades tanto civiles como eclesiásticas a ellos. Bien sabemos que a sus autores no se les ofreció dialogar sino que fueron perseguidos y oprimidos. Y, sin embargo, a pesar de la represión y su violencia, la que salía victoriosa siempre era la palabra. No olvidemos sin embargo, que también los autores mismos censuraban sus obras – Goethe regularmente quemaba sus obras, Kafka quiso que se hiciera lo mismo con las suyas después de su muerte. 

En “Breve historia de los libros prohibidos” conocemos no sólo los títulos censurados, sino que seguimos el desarrollo de los mecanismos detrás de la censura. El autor define el contexto y tiempo en los que fueron atacadas las diferentes obras y nos explica las razones por las que un libro podía parecer poco cómodo para quienes ejercían el poder. Nos lleva de viaje en el  tiempo, aunque no de manera cronológica, desde la Roma antigua hasta el siglo XXI. Las conclusiones parecen abrumadoras- los que ostentan el poder siempre intentan limitar el acceso al conocimiento de los demás para doblegarlos y manipularlos. Los perseguidos a menudo se convierten en perseguidores, como indican los ejemplos de Lutero o Calvino. Ni siquiera las democracias establecidas garantizan la libertad de expresión- vide el caso de las RDA y RFA después de la IIGM. Eso sí, en la RFA no se mataba a los escritores ni se los recluía en manicomios. Tampoco se les prohibía volver a publicar, como en la querida URSS y los países por ella ocupados.  Ya lo dijo Heine:
 Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres.
 Se me pone la piel de gallina con sólo pensar que en los EE.UU. se siguen quemando los libros sobre Harry Potter…

                Werner Fuld nos enseña el daño infringido a la literatura por el movimiento de Cromstock en los EE.UU, comparable sólo con la paranoia anticomunista de MacCarthy.  Resulta que la lista de los ecritores censurados en Francia es tan larga como la de Rusia- Heine, Hugo, Stendhal, Balzac o Flaubert- para comprender las razones de su prohibición hay que entender la mentalidad de la época que les tocó vivir. La censura en Rusia, ya desde el reinado del reaccionario Nicolás II, fomentó la desidia de los intelectuales y condenó el país al subdesarrollo. La dictadura comunista  no hizo más que emplear los mismos métodos, como demuestra el dramático destino de Mayakovski, Mandelshtam, Bulgákov o Ajmátova.  ¿Suena familiar? Pues sí, el caso de España es muy parecido. De hecho, Fuld le dedica todo un capítulo. Después de la victoria de Franco se prohibieron varios clásicos: Kant, Stendhal, Goethe, Balzac o Ibsen fueron reconocidos como degenerados. Se crearon catálogos de los libros cuya lectura estaba restringida a un pequeño círculo académico (2663 títulos) y libros totalmente prohibidos (1252 títulos). Lo realmente sorprendente son los muy bajos números que reflejan la escasa producción editorial de un país oprimido por la Iglesia católica y la monarquía retrógradas. No existía educación obligatoria (sic!, estamos hablando de la mitad del siglo XX) ni bibliotecas públicas. Los estudiantes estaban vetados en la Biblioteca Nacional en Madrid. En Sevilla los curas no dejaban acceder ni siquiera al catálogo de la biblioteca universitaria (la verdad es que este caso me recuerda el año que pasé en la Complutense, becada como investigadora por el Ministerio de los AA.EE. de España para preparar mi tesis del Máster en Filología Española- el catálogo de periódicos se pasó casi todo el año “en obras” plagadas de “errores informáticos”). Ad rem: las bibliotecas en España eran lugares donde se guardaba el conocimiento en vez de transmitirlo. Fuld dedica mucho espacio a Lorca y su grupo teatral acusados de difundir ideas socialistas entre las clases bajas. Es la mejor muestra del bajísimo nivel cultural de los conservadores-  “La Barraca” llevó a los pueblos de España las obras del Siglo de Oro… La muerte o el exilio de las élites intelectuales en consecuencia de la Guerra Civil han convertido al país en "el patio soleado de Europa, retrasado no sólo culturalmente  fósil, que se visita con gana, pero después de 2 semanas de vacaciones con igual gana se abandona su arcaísmo”.  Uno de los aspectos esenciales de la censura en la España franquista fue, según Werner Fuld, el analfabetismo y su fomento ya que la educación obligatoria seguía brillando por su ausencia. Esta afirmación me hizo comprender por fin cómo fue posible la publicación de “Nada” de Carmen Laforet o el estreno de “Bienvenido Mr. Marshall” a pesar de su fuerte crítica social y por ende política – los libros no eran “peligrosos” para el régimen porque pocos sabían leer y la película no era más que “de risas” para un público poco ilustrado.  Un capítulo realmente deprimente.

                Y aunque España no es más que otro ejemplo en la larga historia de los libros prohibidos, es uno de los casos más recientes y, como podemos ver hoy en día, sigue pagando un precio muy alto por lo ocurrido. Por eso no deberíamos olvidar las palabras de Alfred Whitney Grisworld, Presidente de la Universidad de Yale (para más inri vienen de sus Essays on Education publicados en 1954, en pleno auge del macarthismo):

Books won't stay banned. They won't burn. Ideas won't go to jail. In the long run of history, the censor and the inquisitor have always lost. The only sure way against bad ideas is better ideas. The source of better ideas is freedom. The surest path to wisdom is liberal education. 

                Con esta reflexión quiero recomendar una obra breve aunque fundamental para los amantes de libros. Su lectura no es fácil y seguramente requiere un conocimiento bastante amplio de la historia de las literaturas europea y norteamericana. Para mí, por ejemplo, resultó especialmente difícil el capítulo sobre la censura en la RDA cuya literatura desconozco por completo (y conocer no pienso por explícita recomendación negativa de Werner Fuld). Pero como nunca te acostarás sin saber una cosa más… Y a ver lo que nos depara el futuro.