“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

domingo, 30 de marzo de 2014

Ritos funerarios


Burial Rites
Picador 2013

La noche del 13 al 14 de marzo de 1828 en la granja Illugastadir en el norte de Islandia se propagó un incendio. Entre los escombros carbonizados de la casa se encontraron los cuerpos sin vida de Natan Ketilsson, el dueño de la granja, y Pétur Jónsson, su invitado esa noche. Desafortunadamente para los supervivientes del suceso,  las sirvientes Agnes Magnúsdóttir y Sigrídur Gudmundsdóttir, así como el novio de ésta, Fridrik Sigurdsson, pronto se descubrió que las víctimas no murieron como consecuencia del fuego sino que fueron asesinadas a puñaladas. Los tres fueron condenados a la pena  capital. Fridrik y Agnes fueron decapitados el 12 de enero de 1830, mientras la pena de Sigrídur fue conmutada por la cadena perpetua en una prisión en Copenhague. El largo periodo de tiempo entre el final del  juicio hasta la ejecución se debió a que en Islandia no había ni verdugo, ni patíbulo, ni hacha. Tampoco había una prisión propiamente dicha. Por eso los condenados fueron ubicados en sendas granjas y tuvieron que esperar el momento de la ejecución viviendo entre familias campesinas. Agnes fue trasladada al norte del país, a la granja llamada Kornsá, el lugar donde había vivido los momentos más felices de su infancia, a pasar sus últimos días con una familia que la veía como a una asesina convicta y simplemente le temía.

Esta historia ocurrió de verdad. Agnes Magnúsdóttir fue la última persona ejecutada en Islandia. “Ritos funerarios” de Hannah Kent relata su historia con una maestría asombrosa para una escritora nouvelle. La autora, quien oyó hablar sobre Agnes estando en Islandia en un intercambio de estudiantes, hizo una magnífica labor de investigación leyendo innumerables documentos de la época, informes, cartas, crónicas etc., para intentar aproximarse a lo que realmente ocurrió entre Agnes y las demás personas involucradas en este trágico suceso. No obstante, su trabajó no terminó ahí- el fruto de su investigación lo transformó en una novela que no deja a nadie indiferente.

La familia en cuya casa Agnes vivió hasta su trágico final parece de lo más común. La madre gobierna con la mano de hierro. El padre- granjero-arrendatario y, al mismo tiempo, un funcionario local- no tiene mucho que decir sobre ningún asunto. Tienen dos hijas casi adultas, de la cuales una parece despreciar y odiar a Agnes a muerte, mientras la otra es la primera persona en ver a un ser humano en la convicta. No la quieren en su casa pero nadie les deja la opción de negarse a acogerla. Cuando la mujer aparece en Kornsá, la tratan con suma hostilidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, llegan a conocerla y Agnes resulta muy diferente a  la imagen preconcebida que tenían de ella. A lo largo del invierno la convicta cuenta la historia de su vida.  La empieza, a susurros, contándosela al sacerdote que tiene asignado. Pero en una casa islandesa de turba, donde todos duermen en el mismo bedstofa, no hay sitio para la intimidad. Muy pronto todos los habitantes de la granja, los sirvientes incluidos, conocen la historia de una hija ilegítima que a los seis años fue abandonada por su madre en la misma granja en la que se encuentran. La suerte que tuvo al ser adoptada por los arrendatarios de Kornsá en aquel entonces termina con la muerte de su madre adoptiva  como consecuencia de un parto. A partir de aquel momento la vida de Agnes, a cargo de la parroquia, es más que dura, tanto por sus condiciones físicas como por los sentimientos de la soledad y el abandono que la acompañan.
“It seems everyone I love is taken from me and buried in the ground, while I remain alone. Good thing, then, that there is no one left to love. No one left to bury.”- dice en un momento.

La historia se desarrolla a medida que el duro invierno se apodera del mundo alrededor. Y es que, además de Agnes, el principal protagonista de la novela de Hannah Kent es Islandia con sus paisajes y el severo clima. Los extensos valles con sus fuertes vientos, los fiordos y el gélido océano dan a la novela un toque gótico. Todo parece “eerie” (espeluznante, escalofriante), los sonidos no pueden definirse de otra manera que “wailing” (lamentándose), parece que el Mal está esperando el momento propicio para aparecer entre las colinas… Muchas veces durante la lectura me venía a la memoria el ambiente creado en “Cumbres Borrascosas”. Sólo faltaban los brezales, aquí reemplazados por la nieve. No obstante, la novela de  Emily Brönte no tiene nada del naturalismo de “Ritos funerarios”. Las descripciones de las condiciones de la vida predominantes en aquella época en Islandia la asemejan a  “Germinal” de Émile Zola.  La mayoría de la gente vivía en casas de turba, que aunque protegía bien del frío, con el paso del tiempo se secaba y caía en polvo provocando varias enfermedades respiratorias sin remedio en el siglo XIX. Las casas se calentaban con excrementos secos de vaca, que tenían que ser recogidos en el campo, las ventanas tenían vejigas de pescado en vez de vidrio, todos los habitantes de la granja dormían en el mismo cuarto, el ya mencionado bedstofa. Los alimentos eran escasos, abundaba el hambre y la vida era una constante lucha por la sobrevivencia. Imaginaos los olores. Patrick Süskind en “El Perfume” se queda corto.
“I am rank. I am scabbed with dirt and the accumulated weeping of my body: blood, sweat, oil. I cannot think of when I last washed. My hair feels like a greased rope.”- en ese deplorable estado se encontraba Agnes al llegar a Kornsá.
“It stank of shit, and the floor was alive with lice, but eventually I fell asleep.”- así describe el lugar donde tuvo que dormir una noche.

casas de turba

Y sin embargo, a pesar de toda esa crudeza, Islandia, ya a finales del siglo XVIII, ostentaba los niveles de alfabetismo de casi 100% de la población. Agnes, en una conversación con su sacerdote, admite que le gusta leer, sobre todo las sagas.  Se nos muestra como una mujer muy inteligente, con criterio propio, capaz de pensar de forma crítica y consciente de que la situación en la que se encuentra se debe, en gran parte, a que es mujer:
“But they see I’ve got a head on my shoulders, and believe a thinking woman cannot be trusted.”

La vida en un entorno natural tan hostil, según el ritmo marcado por las estaciones del año, en una sociedad cerrada y bien organizada para poder sobrevivir, aunque subsistiendo, constituye un fantástico material novelístico. Y más aún si se trata, como en este caso, de una historia basada en hechos.  La conocemos desde las perspectivas de distintos personajes involucrados, lo cual nos hace ponernos en su sitio, sentirnos más cercanos al drama que viven. Aunque desde el principio sabemos cómo va a terminar la novela, el suspense crece y es difícil dejar la lectura. Porque ¿qué pasó realmente aquella noche de marzo en Illugastadir?

La narración está entrelazada con fragmentos de los documentos oficiales sobre el caso. No obstante, el más interesante, más original y estremecedor es, sin duda, el relato de la misma Agnes. Parece increíble que una novela tan, aparentemente, fría y equilibrada pero que, como un géiser, hierve con las emociones subcutáneas, sea el debut literario de su autora. Creo que estamos presenciando el nacimiento de un enorme talento. Espero con impaciencia las siguientes obras de Hannah Kent.

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La traducción al español de la novela va a ser publicada el 1 de abril de 2014 por la editorial Alba.




El libro lo he leído en inglés para el reto:




martes, 25 de marzo de 2014

La gente feliz ¿lee y toma café?

La gente feliz lee y toma café
Agnès Martin-Lugand
Alfaguara 2014


Después de la muy triste, conmovedora y hasta desgarradora lectura de este fin de semana- "Burial Rites" de Hannah Kent- decidí leer algo positivo y optimista. Leo libros y tomo café, así que me decanté por una novela que, además, afirma que lo hace la gente feliz. ¿Qué podría ser más positivo y optimista ? PUESSS....
Es la primera vez que reseño un libro después de leer tan sólo 69 de sus 200 páginas. Y creo que leí mucho, demasiado...
La protagonista, Diane, se ve incapaz de superar la muerte de su marido e hija en un accidente de coche. Lleva un año encerrada en casa, apenas come, no ha cambiado las sábanas en todo este tiempo para preservar el olor a su marido, duerme abrazada al osito de su hija. Suena muy duro pero cuando lo lees, parece como un juego. Y más así porque justamente un año después del accidente, como consecuencia de la pelea diaria con su socio y amigo Félix, Diane decide cambiar su vida e irse a un pueblo en Irlanda. En este momento pasamos de la guía de viajes de París, que es donde vive la pobre mujer, a la de Irlanda. ¿Le habrán pagado a la autora por la promoción del pueblo de Mulranny?- es que yo soy cada vez más propensa a creerme este tipo de complots. Será la edad. Pero volviendo a la novela- allí, entre las colinas verdes que bajan hasta la playa y sobre la cuales pastan unas ovejitas sonrientes, conoce a un tal Edward, sobrino de sus caseros. Al principio se odian, vamos, Edward parece tan maleducado que resulta difícil creerlo. Lo que pasa más tarde sólo lo puedo sospechar ya que en el momento en que llegué a la página 69, decidí abandonar esta obra maestra de literatura-basura.
Es una novela debilucha, poco interesante y, lo peor, me temo, del montón. La construcción psicológica de los protagonistas me recordó "La Tabla Esmeralda" de Carla Montero- Diane es una mujer inmadura e histérica a quien, además, tocó una gran desgracia. Su mejor amigo y socio Félix es, como no, un homosexual muy marchoso y promiscuo. Debo admitir que no me gusta esta manera, por no decir manía, de estereotipar a un colectivo que tanto ha sufrido la intolerancia. El tema principal de la novela que, quiero creer, es la superación personal después de una gran tragedia, seguramente se puede tratar de varias maneras. No todo el mundo tiene el talento del dúo Kieslowski/Piesiewicz para escribir una historia tan asombrosa, desgarradora y, al mismo tiempo, realista como su guión para ""Tres colores. Azul". No obstante, la novela de  Agnès Martin-Lugand simplemete desespera. Soy feliz, leo y tomo café. No necesito este tipo de libros.

domingo, 23 de marzo de 2014

Breakfast at Tiffany's o el 3er día del Readathon 1/2014

Como durante el día normalmente no tengo mucho tiempo para leer, me quedé anoche hasta la 1:30 para recuperar un poco el tiempo perdido. El resultado- el 80% del libro leído.La verdad es que no es una novela difícil de leer desde el punto de vista lingüístico. Sin embargo, no es una lectura fácil por su tema y emociones que despierta. Sobre todo, porque desde el principio sabemos cómo va a terminar y que no va a ser un final feliz...
Bueno, para recuperar las fuerzas después de la juerga lectora no hay nada mejor que un buen desayuno:




¡No, no! ¡Algo para el cuerpo y no para el alma!
A mí no me van los desayunos typical British - bacon and eggs o fried sausages (a ver si alguien se anima), así que me decanté por una mezcla belga-inglesa: gofres con lemon curd (home-made) y Golden Syrup. Muy calórico y muy rico.


De todas formas, ¿alguien se ha parado a pensar alguna vez en los desayunos de los protagonistas de los libros que leemos? En "Burial Rites"- que estoy leyendo ahora -hay una mención de un desayuno, creo que típico en Islandia A.D. 1829- dried fish and butter.  Aunque nada puede superar los desayunos del outback australiano en "A Town like Alice"- filetes de ternera con huevos fritos (ya sé que a algunos les gustaría). Eso claro, después de una cena igual, y antes el almuerzo y el desayuno del día anterior...
Así que no olvidéis:


viernes, 21 de marzo de 2014

Readathon 1/2014

Hoy empieza el primer Readathon in English:
 


Pienso leer "Burial Rites" de la australiana Hannah Kent:


Es una historia realmente asombrosa, novela basada en hechos reales  que cuenta la historia de la última persona ejecutada en Islandia.  No sé qué tiene la literatura australiana pero me he enganchado por completo- "La luz entre los océanos" que reseñé en porlaestantería.blogspot.es, "A Town like Alice" y ahora la historia de Agnes Magnúsdóttir que me lleva a Islandia de 1829. A ver si cambio un poco de aires... Eso sí, seguramente va a hacer más frío.
La novela tiene 448 páginas, lo cual en el idioma de Kindle se traduce a 4742 posiciones.
Seguramente se va a publicar en español porque ya se está rodando la película basada en la novela, con Jennifer Lawrence (de verdad no sé quién es pero tiene un Óscar así que habrá mucho marketing alrededor de esta producción) en papel de Agnes.





¡A leer!


miércoles, 19 de marzo de 2014

Fire! Fire!


Fahrenheit 451





                La distopía nunca ha sido mi género favorito. Después de leer dos novelas distópicas- "Un mundo feliz" de Aldous Huxley y "1984" de George Orwell- decidí ingenuamente que la realidad se sobrepone a la ficción y que, conociendo la historia y sabiendo cómo funcionan los totalitarismos, nunca llegaremos a tales extremos como los allí presentados. El utilizar la figura del Gran Hermano en un programa de TV (que conste que nunca lo vi) me pareció incluso ingeniosa (¿habrá cobrado la SGAE por los derechos del autor?). Sin embargo, los acontecimientos de los últimos años me han hecho cambiar de opinión acerca del asunto. El Google y el FB lo saben todo sobre sus usuarios. Si añadimos el espionaje cibernético de los gobiernos, podemos decir que se cumplió una pequeña parte de la "profecía" de Orwell -en vez de uno tenemos tres Big Brothers.  No obstante, no se puede afirmar lo mismo acerca de "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury. Me temo que su antiutopía está ya muy cerca, a punto de llamar a nuestras puertas...
El mundo de la novela es un mundo sin libros. Su posesión, y por ende, su lectura, están prohibidas. Las casas en las que se encuentran libros son quemadas por bomberos, cuyo trabajo ya no consiste en apagar los incendios sino en provocarlos. La gente pasa su tiempo libre enfrente de la tele, o mejor dicho, entre las paredes hechas de enormes pantallas de TV, viendo una especie de telenovela en la que, además, pueden participar como miembros de "la familia". En el top 10 del ocio está también lo que llamaríamos hoy la conducción temeraria- existen límites mínimos de velocidad y accidentes de coche se han convertido en la causa principal de la muerte. Se valúa el deporte y actividad física en detrimento del estudio o actividades culturales. Los sobrevivientes del anterior sistema- profesores universitarios, intelectuales- viven escondidos en los bosques. No hace falta pensar: "You ask WHY to a lot of things and you wind up very unhappy indeed, if you keep at it" dice uno de los protagonistas. Porque lo más importante es la felicidad y los que piensan demasiado son infelices... Por eso se ha reducido el periodo de escolarización, dejado de enseñar filosofía, historia, idiomas, ortografía. Crece la velocidad a la que se vive. Cuenta el puesto que uno tiene y el ocio después del trabajo. ¿Para qué entonces estudiar y aprender?


Bradbury escribió su novela en 1953. Me temo que 61 años más tarde es muy actual. La verdad es que su lectura me dejó aterrorizada. ¿No pasamos el tiempo exactamente como lo describió el autor- durante horas delante de la tele u ordenador, buscando  hobbies cada vez más alocados, peligrosos (¡qué bien sabe un subidón de adrenalina!)?
                "More sports for everyone, group spirit, fun, and you don't have to think, eh? (...)More  cartoons in books. More pictures. The mind drinks less and less. Impatience. Highways full of crowds going somewhere, somewhere, somewhere, nowhere. (...)No wonder books stopped selling, the critics said. But the public, knowing what it wanted, spinnig happily, let the comic-books survive. And the three-dimensional sex-magazines, of course."
Si lo pensamos bien, es mejor no saber, sobre todo si no podemos influir en los acontecimientos. ¿Por qué preocuparnos? ¿Por qué sufrir los problemas de los demás? Pero ¿puede la ignorancia curar el mal? "Los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla" dijo Cicerón. Pero esto también parecemos haber olvidado... O no nos lo han enseñado a propósito. Sin embargo, aparentemente sabemos pensar, lo cual nos diferencia de los demás animales. Uno de los resultados del pensamiento es la cultura y los libros como uno de sus soportes. Si dejamos de leer, perderemos lo que la humanidad ha creado a lo largo de los siglos - el conocimiento que nos induce a ser mejores, recordar, ser más empáticos, evitar repetir los mismos errores.
Bradbury critica también a la political correctness. La señala como uno de los factores que condujeron a la censura, o incluso autocensura, y la consiguiente caída de nivel de toda la producción cultural, sobre todo la literaria:
                "Bigger the population, the more minorities. Don't step on the toes of the dog lovers, the cat lovers, doctors, lawyers, merchants, chiefs, Mormons, Baptists, Unitarians, second generation Chinese, Swedes, Italians, Germans, Texans, Brooklynites, Irishmen, people from Oregon or Mexico."
                Todo esto ha llevado a la sociedad del "Fahrenheit 451" a la guerra y desintegración. La gente ha dejado de conversar. Pocos tienen hijos y si ya los tienen, no se ocupan de ellos - su "familia" vive en las paredes-pantalla de TV. Cualquier intento de cruzar la calle puede ser lo último que uno hace en su vida, ya que los conductores se lo pasan pipa atropellando a los peatones. Los bomberos reciben "soplos" sobre quién esconde libros en su casa. Además, acaba de empezar otra guerra.
                 451ºF equivale a 232.78ºC. Es la temperatura a la que arde el papel, arden los libros, desaparece el conocimiento, nos volvemos más tontos, o sea más manipulables. Se esfuman los restos del pensamiento crítico que nos quedan a algunos. No permitamos que esto ocurra. Leamos libros.




El libro lo leí en inglés para el reto :


Existen numerosas ediciones en castellano.

viernes, 7 de marzo de 2014

Locura


Persona -Kråkflickan

Erik Axl Sund

Ordupplaget 2010

En España: RESERVOIR BOOKS, mayo de 2015

Stieg Larsson, Ǻsa Larsson, Camilla Lӓckberg, Arne Dahl, Jussi Adler Olsen, Ingrid Hedström,  Leif GW Persson,  Unni Lindell, Hӓkan Nesser, Jo Nesbo, Camilla Ceder, Lena Oskarsson, Ǻke Edwardson – seguramente hay más. Los malos de sus novelas agreden, violan, matan, descuartizan, desuellan y queman con cada vez más brutalidad y crueldad. A veces como revancha, a veces porque así les apetece, a veces para paliar traumas de una infancia carente de amor y llena de violencia...  Pero siempre hay un buen comisario/una excelente comisaria quien, a pesar de tener muchísimos problemas personales y un sueldo bajo, trabaja 24/7 para resolver el caso y poder llevar al asesino ante la justicia. Todo esto ocurre en lo que se supone que es el paraíso terrenal de bienestar e igualdad y se llama Noruega, Suecia, Dinamarca o Islandia.

 Al principio me gustaba. Es más, me sigue gustando. Por eso he leído el libro de Erik Axl Sund, el primero de la trilogía sobre Victoria Bergman. En polaco se titula “Obłęd”, o sea “Locura”, en inglés “The crow girl” (La chica-cuervo), lo cual es la traducción al pie de la letra del sueco  “Kråkflickan”, "Persona" en castellano (un título sorprendentemente elusivo y evasivo, creo). El autor, Erik Axl Sund, es una especie de hidra ya que en realidad son dos personas: Jerker Eriksson y Håkan Axlander Sundquist, bibliotecario en una prisión e ingeniero de sonido respectivamente. “Two heads are better than one” dicen los anglosajones. No sé yo…

La policía de Estocolmo encuentra los cuerpos de unos chicos adolecentes, casi niños. Han sido brutalmente golpeados, llevan huellas de pinchazos, a dos de ellos se les cortaron los genitales, al tercero le quemaron la cara con ácido. La investigación está a cargo de la comisaria Jeanette Kihlberg, recientemente ascendida aunque sin subida de sueldo. El asesino no dejó huellas. Tampoco se sabe nada de las víctimas. Parece que uno de los chicos era de Bielorusia, otro de África y que a lo mejor el caso tiene algo que ver con la trata de niños. La policía empieza a buscar entre los pedófilos locales y así la comisaria conoce a Sofia Zetterlund, una famosa psicóloga especialista en traumas infantiles. Jeanette Kihlberg por algo es policía y protagonista de una novela policíaca sueca- tiene problemas con su marido. Llevan 20 años juntos, tienen un hijo de 13 y durante todo este tiempo Ǻke, el esposo y pintor, no ha vendido ni una obra suya. La pareja tiene serios problemas financieros hasta que un día Ǻke conoce a una tal Alex Kowalska, una atractiva marchante de Cracovia (¡sic!) y su carrera despega. No hace falta decir que despega también su love affair. ¿Qué hace nuestra comisaria? Pues también se enamora. Después de todos estos años con Ǻke, de repente se da cuenta de que es lesbiana. ¿Y con quién descubre su nueva sexualidad? Con nadie más ni menos que con Sofia Zetterlund. Para más inri, todo esto ocurre hacia el final de la novela, después de que leyéramos páginas y páginas sobre dos relaciones heterosexuales, eso sí, poco felices, de la psicóloga. Sofia es un personaje complicado y muy oscuro, como los casos que trata. Tiene, por ejemplo, experiencia con los niños soldado, a los que intentó ayudar en Sierra Leona, donde le pasaron cosas realmente espantosas. Pero, sobre todo, siente una extraña predilección por una de sus pacientes, Victoria Bergman, víctima de abusos sexuales por parte de su padre. No voy a revelar nada más por si alguien decida leer la novela cuando ya  no podrá negarse a ello porque la tendrá hasta en la sopa…

La van a vender como el último fenómeno literario, la trilogía digna sucesora del genio del género Stieg Larsson. Van a alabar su profundidad psicológica y la destreza de los autores a la hora de retratar personas con el trastorno de identidad disociativo. Los blogs a cuyos autores la editorial enviará un ejemplar gratuito se llenarán de  reseñas repletas de adjetivos grandilocuentes como “extraordinario”, “lleno de suspense”, “genial”, “fantástica”, “nunca visto” o “habla de problemas importantes”. Yo tan sólo espero que nadie admita que le haya encantado leer sobre pedofilia, trata de niños y las más rebuscadas torturas infligidas a éstos… Porque en realidad de eso va la novela. Parece que la premisa del libro es la de sorprender e impresionar al lector mediante descripciones impactantes que golpean sentimientos primarios de éste, utilizando escenas de máxima violencia, brutalidad y crueldad en las que, además, se ven envueltos los más débiles. Demasiado para mi estómago. Estas cosas ocurren, desgraciadamente, y no es mi intención criticar a nadie por escribir sobre ellas, pero todo tiene sus límites de buen gusto. Y la novela de Erik Axl Sund es, en mi opinión, simplemente repugnante. Un estudio sobre “lo mucho que puede aguantar uno hasta caer por completo y convertirse en un monstruo”, como reflexiona Sofia en un momento. Poco interesante y muy retorcido.

 No obstante, no es la única razón por la que no voy a leer las siguientes partes de la trilogía. Como ávida lectora de novelas policíacas y de suspense, puedo afirmar que esta es sin duda una de las peores que han pasado por mis retinas. Antes que nada, los personajes son muy poco veraces, sus reacciones a veces hacen pensar que estamos delante de extraterrestres. Además, el suspense no existe – todo es más previsible que el cuento de la Cenicienta, aunque esta vez en versión hardcore de los hermanos Grimm, en la que las hermanastras se cortan los dedos de los pies y los talones para que les quepa el zapato de cristal. Y para el colmo, los autores nos llevan de un peculiar paseo por Estocolmo (los capítulos toman sus títulos de diferentes sitios donde transcurre la novela) y da la impresión que ya se están preparando para las visitas guiadas de los fans al estilo “Código Da Vinci” por París y Londres.

No recomendable. Parafraseando las palabras de una de las protagonistas: “Preferiría a veces no entender lo que algunos escriben”.