“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

miércoles, 26 de febrero de 2014

When mama ain't happy, ain't nobody happy


Por favor, cuida de mamá

Grijalbo 2011

Nunca sospeché que me resultaría tan difícil abandonar el Lejano Oriente. Llevo ya unos 6 libros y casi todos los días descubro algo nuevo que parece que valdría la pena leer. Eso sin contar con, ni tocar, novelas de Mo Yan o Murakami. A más libros, menos tiempo…
Éste nos lleva a Corea del Sur. La mamá titular se llama Park So-nyo, tiene 69 años y  4 hijos. Un día desaparece. Iba con su marido a visitar a uno de sus hijos en Seúl, y se quedó en el andén mientras su marido se subía al tren de metro... Cuando el hombre se dio cuenta de lo que había pasado y regresó a por ella,  Park So-nyo ya no estaba allí.
“Hace una semana que desapareció mamá”. – así empieza esta novela que, en mi humilde opinión, debería leer todo el mundo. Park So-nyo podría llamarse María, Mary, Hedwig o Chimamanda y, en vez de kimchi, cocinar paellas, freír hamburguesas o desalar bacalao. ”Por favor, cuida de mamá” es una novela universal que habla de lo que todos tenemos en común, independientemente del lugar en el mundo donde nacimos – la familia en general y las madres en particular.
La familia de Park So-nyo la busca desesperadamente. Reciben varias llamadas de personas que dicen haber visto a la mamá – sucia, confundida, perdida, con una herida infectada en un pie. Siempre en sitios que resultan ser familiares para los 4 hermanos, por lo general cerca de lugares donde solían vivir. La historia de la búsqueda la conocemos desde la perspectiva de la hija mayor, el hijo primogénito, el marido (un personaje realmente asqueroso y egoísta) y la misma Park So-nyo. En el caso de la hija y el marido, la narración es en segunda persona, lo cual produce un inesperado y curioso efecto. Por un lado parece que estamos leyendo reproches por sus acciones o desidia que llevaron a la desaparición de la protagonista.  Por otro lado, da la impresión que el narrador nos apunta  con el dedo a nosotros preguntando ¿y tú te has portado bien con tu mamá/mujer?
Los recuerdos de los familiares de Park So-nyo pintan el retrato de una mujer humilde, madre abnegada dispuesta a sacrificar todo por sus hijos.  Éstos la quieren mucho pero ven como alguien que siempre estará allí, dedicado en cuerpo y en alma a facilitarles la vida. No se dan cuenta de que tiene sus problemas y secretos, anhelos y sueños. Me vienen a la cabeza unas palabras muy crueles: no la ven como un ser humano- la ven como su MADRE.
En el trasfondo del relato, la autora hace un dibujo sutil de los cambios que Corea del Sur experimentó en los últimos 60 años convirtiéndose en uno de los países más desarrollados y prósperos del mundo. Mientras los padres recuerdan  la guerra civil, el hambre y la pobreza, sus hijos, aunque después de muchos sacrificios, llevan vidas urbanitas, sin mayores problemas económicos. Choca, sobre todo, el contraste entre Park So-nyo, campesina analfabeta, y sus hijas. La mayor es una reconocida escritora, mujer soltera y sin hijos, va totalmente en contra del modelo de vida tradicional. La menor, a la que Park So-nyo observa y se dirige en la tercera parte de la novela, es farmacéutica, antigua activista estudiantil y madre de tres hijos pequeños con los problemas típicos que esto acarrea. Es ella quien dice las palabras que, en mi opinión, mejor resumen la idea principal del libro:
“Por mucho que digamos que las circunstancias la obligaron a pensar solo en nosotros, ¿cómo hemos podido pensar en mamá como mamá toda su vida? Aunque soy madre, tengo muchos sueños, y recuerdo muchas cosas de la niñez, de cuando era adolescente y de mi juventud, y no he olvidado nada. ¿Por qué pensamos que mamá fue mamá desde el principio? Mamá no tuvo la oportunidad de perseguir sus sueños, y se enfrentó ella sola a todo lo que la época le ofrecía, pobreza y tristeza, y no pudo hacer nada con la suerte que le había tocado aparte de sufrirla e ir más allá, dando lo mejor de sí, entregándose en cuerpo y alma a la vida. ¿Por qué nunca paré a pensar en los sueños de mamá?”
“Por favor, cuida de mamá” es una novela triste, llena de emociones pero no sentimentalismo barato. Es muy  realista y, como ya he dicho, universal – seguramente por eso ha tenido mucho éxito en todo el mundo. Pero también por sus personajes complejos, bien construidos, como si fueran de carne y hueso, y por  el estilo de su prosa, sutil y delicado y que nos deja conmovidos hasta los tuétanos.

viernes, 21 de febrero de 2014

Retos

En este blog pienso reseñar, entre otros,  y dar a conocer a quienes quieran leerlo, libros que no han sido publicados en castellano. Muchos de ellos están en inglés. Por eso me apunto al reto:







El reto fue presentado por Isi del blog From Isi.Espero que sea una buena experiencia. ¡A leer!

Los libros leídos:
1. Nevil Shute "A Town like Alice" - reseña
2. Ray Bradbury "Fahrenheit 451" - reseña 
3. Hannah Kent "Burial Rites"- reseña
4. Rhidian Brook "The Aftermath"- reseña  
5. Ferdinand von Schirach "The Collini Case"- reseña
6. Faiza Guene "Kiffe- Kiffe Tomorrow"- reseña 
7. Alexi Zentner "Touch"- reseña 
8. Jojo Moyes "Me before you"- reseña
9. Jeanette Winterson "Lighthousekeeping" 
10. Ben Aaronovitch "Rivers of London"- reseña
11. Alice Hoffman "The Dovekeepers"- reseña
12. Sue Eckstein "The Interpreters" - reseña 
13. Alex Capus "Léon and Louise"- reseña  
14. Irène Némirovsky "All our wordly goods"- reseña
15. Tove Jansson "The listener" - reseña 
16. Roald Dahl "Charlie and the Chocolate Factory" - reseña  
17. Jessie Burton "The Miniaturist"- reseña
18. Roald Dahl "Matilda"- reseña 
19. Gabrielle Zevin "The Storied Life of A.J. Fikry" - reseña 
20. Christina Baker Kline "Orphan Train" - reseña 
21. Alan Bradley "The Sweetness at the Bottom of the Pie"- reseña 

miércoles, 19 de febrero de 2014

El jardín de las brumas


El jardín de las brumas

Berenice 2012

Hay libros que empiezan de manera mágica. “I had a farm in Africa at the foot of the Ngong Hills”, “Un modesto joven se dirigía en pleno verano desde Hamburgo, su ciudad natal, a Davos Platz, en el cantón  de los Grisones” o “Muchos años después, frente al pelotón del fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” – estas frases hechizan y nos hacen querer seguir leyendo, averiguar dónde están los Ngong Hills, cómo se llamaba ese modesto joven alemán o qué le pareció a Aureliano el hielo. “El jardín de las brumas” del malayo Tan Twang  Eng pertenece a ese grupo selecto de las novelas que abren frases extraordinarias:
“En una montaña por encima de las nubes, una vez vivió un hombre que había sido el jardinero del emperador de Japón”.
Quien pronuncia estas palabras es Teoh Yun Ling, la primera jueza del Tribunal Supremo de Malasia. La conocemos cuando, al jubilarse y  consciente de estar perdiendo la memoria, vuelve al lugar donde enterró  sus recuerdos– Cameron Highlands, una sierra  al norte de Kuala Lumpur. Allí, entre colinas selváticas cubiertas de bruma, se encuentra Yugiri, el jardín japonés construido por el que fue el jardinero del emperador Hirohito, Nakamura  Aritomo.  Cuando Yun Ling regresa allí después de 35 años  de su última visita, afirma: “han empezado a liberarse recuerdos que yo había desterrado, como cascos que se desprenden de una placa de hielo árctico”. 
Cameron Highlands


Yun Ling llegó a Yugiri por primera vez en 1951, seis años después del final de la IIGM. Estaba profundamente herida, tanto física como psíquicamente, y llena de odio hacia todo lo nipón – durante la guerra había sido prisionera en un campo de concentración japonés. Allí murió su hermana Yung Hong. Yun Ling, quien no fue capaz de localizar su tumba, decidió honrar su memoria de una manera especial- construyendo en su honor un jardín japonés, estilo del que Yung Hong había sido gran admiradora. Por eso la protagonista viajó  a Cameron Highlands, donde sabía que vivía Aritomo, para pedirle que aceptase el encargo de diseñarlo. Lo hizo a pesar del rechazo que sentía.  Sin embargo, Aritomo se negó  y le propuso a Yun Ling que se conviertiera en su alumna “hasta que llegue del monzón”. Así, ella misma podría diseñar y construir el jardín. Todo esto ocurrió en medio de la guerra  que libraban las guerrillas comunistas malayas contra el poder colonial británico, y cuya brutalidad con el paso del tiempo convirtió los paradisíacos Cameron Highlands en un verdadero infierno. No obstante, Yugiri parecía alejado del caos de la guerra, mientras Yun Ling se sentía cada vez más atraída por su “sensei”. Además de jardinero, Aritomo era también un artista polifacético- autor de excelentes grabados ukiyo-e y tatuajes horimono.  No se sabía qué hacía en la selva malaya, por qué realmente se había asentado allí. Muchos veían en él un espía imperial aunque durante la guerra había ayudado a muchos protegiéndolos de ser recluidos en los campos de concentración o de trabajos forzosos  en el infame Ferrocarril de Birmania. Como expresión máxima de amor, Aritomo tatuó la espalda de Yun Ling. El día que decidió que el horimono estaba terminado, desapareció  durante su paseo diario por la selva. Yun Ling era incapaz de vivir en Yugiri sin él. No regresó hasta 35 años más tarde.  ¿Qué ocurrió realmente? ¿Quién era el hombre que “no se disculpó por lo que sus compatriotas nos habían hecho a mi hermana y a mí”? ¿Por qué Yun Ling siempre lleva guantes? ¿Cómo logró ser la única sobreviviente del campo en el que la encerraron los japoneses?
“El jardín de las brumas” enamora.  No es una historia de amor en los tiempos de guerra. Tampoco es un relato de las atrocidades cometidas por los japoneses durante la IIGM. La acción se desarrolla lentamente, sin prisa crece el suspense que rodea a los protagonistas. El lector sabe que al final llegarán los secretos, el recuento de los recuerdos más dolorosos, y parece que el encanto de Yugiri, el clima de paz y serenidad que crea, lo preparan para ello. Creo que el autor quería conseguir un efecto parecido al que produce un jardín japonés:
“El jardín tiene que llegar a tu interior. Puede cambiar tu corazón, entristecerlo o animarlo. Tiene que hacerte apreciar la transitoriedad de todo en la vida” – dice Yun Ling.
La novela está escrita de una manera muy sutil. Los maestros de horimono siempre dejan un trozo de piel sin tatuar- el tatuaje no debe ser acabado, tiene que permanecer en él algún secreto. Yun Ling no se fía de su memoria. Escribiendo sus memorias quiere salvar lo que intentó borrar a lo largo de los años. Sin embargo, no está segura si lo que recuerda no es más que una ilusión. Tan Twan Eng, como un maestro de tatuaje, deja al lector igual de inseguro y con varias preguntas sin respuesta.
Es una novela muy sensorial. Las descripciones de la belleza de los paisajes nos dejan sin aliento, nos duelen las heridas físicas de los protagonistas, saboreamos las exquisiteces de la cocina malaya y, sobre todo, el té. “El jardín de las brumas” tiene incluso su banda sonora- el Larghetto del Concierto de Piano No.1, Op. 11 en e menor de Chopin, que todas las noches tocaba uno de los protagonistas para su mujer.
Para mí ha sido una especie de madalena de Proust- me hizo recordar “A town like Alice” de Nevil Shute, “Rey de la ratas” de James Clavell, “El puente sobre el río Kwai”… Me atrevo a afirmar que “El jardín de las brumas” es una de las novelas más bellas que he leído jamás, de las que le marcan a uno de por vida, como, por ejemplo, “Tren nocturno a Lisboa” de Pascal Mercier. Transmite mucha paz, siendo su principal mensaje, en mi opinión, la tolerancia y el perdón. Lo dice Yun Ling al profesor japonés que estudia los ukiyo-es de Aritomo:
“Me doy cuenta de que somos iguales. Las personas que amábamos nos dejaron y desde entonces hemos estado intentando continuar con nuestras vidas. Pero lo único que no podemos hacer es olvidar.”