“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

miércoles, 19 de febrero de 2014

El jardín de las brumas


El jardín de las brumas

Berenice 2012

Hay libros que empiezan de manera mágica. “I had a farm in Africa at the foot of the Ngong Hills”, “Un modesto joven se dirigía en pleno verano desde Hamburgo, su ciudad natal, a Davos Platz, en el cantón  de los Grisones” o “Muchos años después, frente al pelotón del fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” – estas frases hechizan y nos hacen querer seguir leyendo, averiguar dónde están los Ngong Hills, cómo se llamaba ese modesto joven alemán o qué le pareció a Aureliano el hielo. “El jardín de las brumas” del malayo Tan Twang  Eng pertenece a ese grupo selecto de las novelas que abren frases extraordinarias:
“En una montaña por encima de las nubes, una vez vivió un hombre que había sido el jardinero del emperador de Japón”.
Quien pronuncia estas palabras es Teoh Yun Ling, la primera jueza del Tribunal Supremo de Malasia. La conocemos cuando, al jubilarse y  consciente de estar perdiendo la memoria, vuelve al lugar donde enterró  sus recuerdos– Cameron Highlands, una sierra  al norte de Kuala Lumpur. Allí, entre colinas selváticas cubiertas de bruma, se encuentra Yugiri, el jardín japonés construido por el que fue el jardinero del emperador Hirohito, Nakamura  Aritomo.  Cuando Yun Ling regresa allí después de 35 años  de su última visita, afirma: “han empezado a liberarse recuerdos que yo había desterrado, como cascos que se desprenden de una placa de hielo árctico”. 
Cameron Highlands


Yun Ling llegó a Yugiri por primera vez en 1951, seis años después del final de la IIGM. Estaba profundamente herida, tanto física como psíquicamente, y llena de odio hacia todo lo nipón – durante la guerra había sido prisionera en un campo de concentración japonés. Allí murió su hermana Yung Hong. Yun Ling, quien no fue capaz de localizar su tumba, decidió honrar su memoria de una manera especial- construyendo en su honor un jardín japonés, estilo del que Yung Hong había sido gran admiradora. Por eso la protagonista viajó  a Cameron Highlands, donde sabía que vivía Aritomo, para pedirle que aceptase el encargo de diseñarlo. Lo hizo a pesar del rechazo que sentía.  Sin embargo, Aritomo se negó  y le propuso a Yun Ling que se conviertiera en su alumna “hasta que llegue del monzón”. Así, ella misma podría diseñar y construir el jardín. Todo esto ocurrió en medio de la guerra  que libraban las guerrillas comunistas malayas contra el poder colonial británico, y cuya brutalidad con el paso del tiempo convirtió los paradisíacos Cameron Highlands en un verdadero infierno. No obstante, Yugiri parecía alejado del caos de la guerra, mientras Yun Ling se sentía cada vez más atraída por su “sensei”. Además de jardinero, Aritomo era también un artista polifacético- autor de excelentes grabados ukiyo-e y tatuajes horimono.  No se sabía qué hacía en la selva malaya, por qué realmente se había asentado allí. Muchos veían en él un espía imperial aunque durante la guerra había ayudado a muchos protegiéndolos de ser recluidos en los campos de concentración o de trabajos forzosos  en el infame Ferrocarril de Birmania. Como expresión máxima de amor, Aritomo tatuó la espalda de Yun Ling. El día que decidió que el horimono estaba terminado, desapareció  durante su paseo diario por la selva. Yun Ling era incapaz de vivir en Yugiri sin él. No regresó hasta 35 años más tarde.  ¿Qué ocurrió realmente? ¿Quién era el hombre que “no se disculpó por lo que sus compatriotas nos habían hecho a mi hermana y a mí”? ¿Por qué Yun Ling siempre lleva guantes? ¿Cómo logró ser la única sobreviviente del campo en el que la encerraron los japoneses?
“El jardín de las brumas” enamora.  No es una historia de amor en los tiempos de guerra. Tampoco es un relato de las atrocidades cometidas por los japoneses durante la IIGM. La acción se desarrolla lentamente, sin prisa crece el suspense que rodea a los protagonistas. El lector sabe que al final llegarán los secretos, el recuento de los recuerdos más dolorosos, y parece que el encanto de Yugiri, el clima de paz y serenidad que crea, lo preparan para ello. Creo que el autor quería conseguir un efecto parecido al que produce un jardín japonés:
“El jardín tiene que llegar a tu interior. Puede cambiar tu corazón, entristecerlo o animarlo. Tiene que hacerte apreciar la transitoriedad de todo en la vida” – dice Yun Ling.
La novela está escrita de una manera muy sutil. Los maestros de horimono siempre dejan un trozo de piel sin tatuar- el tatuaje no debe ser acabado, tiene que permanecer en él algún secreto. Yun Ling no se fía de su memoria. Escribiendo sus memorias quiere salvar lo que intentó borrar a lo largo de los años. Sin embargo, no está segura si lo que recuerda no es más que una ilusión. Tan Twan Eng, como un maestro de tatuaje, deja al lector igual de inseguro y con varias preguntas sin respuesta.
Es una novela muy sensorial. Las descripciones de la belleza de los paisajes nos dejan sin aliento, nos duelen las heridas físicas de los protagonistas, saboreamos las exquisiteces de la cocina malaya y, sobre todo, el té. “El jardín de las brumas” tiene incluso su banda sonora- el Larghetto del Concierto de Piano No.1, Op. 11 en e menor de Chopin, que todas las noches tocaba uno de los protagonistas para su mujer.
Para mí ha sido una especie de madalena de Proust- me hizo recordar “A town like Alice” de Nevil Shute, “Rey de la ratas” de James Clavell, “El puente sobre el río Kwai”… Me atrevo a afirmar que “El jardín de las brumas” es una de las novelas más bellas que he leído jamás, de las que le marcan a uno de por vida, como, por ejemplo, “Tren nocturno a Lisboa” de Pascal Mercier. Transmite mucha paz, siendo su principal mensaje, en mi opinión, la tolerancia y el perdón. Lo dice Yun Ling al profesor japonés que estudia los ukiyo-es de Aritomo:
“Me doy cuenta de que somos iguales. Las personas que amábamos nos dejaron y desde entonces hemos estado intentando continuar con nuestras vidas. Pero lo único que no podemos hacer es olvidar.”

4 comentarios:

  1. Tiene muy buena pinta este libro, sin duda. Además sigues en oriente como en el libro anterior, aunque, claro, no es lo mismo oriente escrito por un occidental que por un oriental. La manera pausada de escribir, su forma poética de expresarse. Aunque hablo un poco basándome en los pocos escritores asiáticos que he leído, este sin duda, si lo comparas con "Tren nocturno a Lisboa" debe haberte causado mucha huella. Me encanta la foto que le has puesto al blog, libros y chimenea de fondo, eso es la literatura para mí sin duda, calor, sosiego, tradición, poso, no se si tenéis la suerte de tener chimenea en la sierra, supongo que sí.

    Entiendo perfectamente lo del nuevo blog, de hecho me sorprende que no lo hayas hecho antes, un proyecto personal con tus normas y tu ritmo, porque la estantería se había ido diluyendo y mantenerlo tu sola era un peso demasiado fuerte. Yo me lo he metido en el reader (feedly ahora) para seguirlo con devoción. Además igual en la futuro te planteas el escribirlo todo en varios idiomas para que toda tu gente llegue a él. Espero que disfrutes mucho reseñando tus libro en él. Yo sin duda disfrutaré tus reseñas mientras sigas haciéndolas.

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  2. El blog se va a desarrollar un poco sobre la marcha. La idea principal es reseñar algunos libros que no se han publicado todavía, y a lo mejor no se publicarán nunca, en castellano. Aunque lo primordial sigue siendo organizar mis ideas sobre lo que leo. "El jardín de las brumas" es excelente. Si te gustó "El tren nocturno a Lisboa", éste te encantará.

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  3. Ya lo había apuntado en mi libreta, pero después de leer tu reseña, lo señalo con la nota de prioritario. Además me llevo Tren nocturno a Lisboa.

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