“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

lunes, 19 de septiembre de 2016

Cuando lo único que tienes es tu nombre...

Me llamo Lucy Barton
Elisabeth Strout
DUOMO Ediciones 2016
         Lucy ha sido internada en el hospital. No se sabe muy bien cuál es la dolencia que la aqueja pero su estancia allí se prolonga. La mujer se siente sola y con el ánimo por los suelos. Su marido no tiene tiempo para visitarla a menudo y sus hijas son demasiado pequeñas para poder hacerlo. Lucy parece condenada a pasarlo mal hasta que un día aparece al lado de su cama la persona que menos esperaba - su madre. Una mujer que nunca se ha interesado por la vida de su hija y, si en algún momento lo hizo, siempre se mostró crítica con Lucy. El encuentro después de varios años les brinda la oportunidad para repasar y, a lo mejor, comprender el pasado - la época cuando en sus vidas reinaban la frialdad, la falta de amor y el rechazo. Si es que son capaces de hablar…
         Lucy fue a la universidad como la única persona de su familia gracias a una beca que le fue concedida por los excelentes resultados obtenidos en la secundaria. Todo el tiempo vivió a la sombra de quién era, de dónde venía y de lo que dejó atrás- la pobreza, el aislamiento, el desprecio de los demás, la vergüenza. Ahora intenta escribir pero no está segura si será capaz y si alguien la tomará en serio lo que quiere transmitir en sus relatos. Cuando se lo cuenta a un vecino, éste le aconseja que sea implacable en la escritura. ¿Lo será? ¿Podrá hablar abiertamente de sus miedos, su falta de seguridad, de la vergüenza que la acompañó durante la mayor parte de su vida?
         Me llamo Lucy Barton me recordó La noche de los niños de Toni Morrison por la manera en la que presenta las relaciones entre madres e hijas. En ambos casos se trata de relaciones marcadas por la incapacidad de romper el silencio y hablar de lo realmente importante. Strout escribe sobre el distanciamiento de manera discreta y explícita a la vez. Los 5 días que Lucy pasa en compañía de su madre demuestran de forma dolorosa lo lejos que se puede estar de la persona más cercana y querida, y lo destructora que resulta esta situación para las dos mujeres. Además, la autora nos muestra el vacío que impregna las vidas de los que dedican su tiempo a hacer las eternas comparaciones con los demás y buscar los fallos del otro. Elisabeth Strout hace un diagnóstico amargo de una sociedad en la cual el estado de ánimo de varias personas parece inmejorable porque ven a la gente a su alrededor como seres inferiores. Este fue el caso de Lucy menospreciada y ridiculizada por sus compañeros del colegio por ser pobre. Su identidad bebe de las carencias y los anhelos. La protagonista parece haber  pasado demasiado tiempo huyendo de sí misma para poder encontrarse de verdad.  A Lucy le cuesta hablar del precio que pagó por superar las penurias ocasionadas por la pobreza que había sufrido en su infancia. Le cuesta hablar en general, sobre todo sobre sus recuerdos y sentimientos más dolorosos – entre otros nos ahorra los pormenores de los episodios de locura de su padre, víctima del estrés postraumático (aquí me viene a la memoria la magistral La magia del rayo de Gail Anderson-Dargatz).
         La novela de Elisabeth Strout está repleta de emociones y escenas difíciles de olvidar, en parte gracias a su peculiar estilo- escueto, lleno de conjeturas y silencios, como si la narradora quisiera contarnos toda la verdad pero tuviera miedo de hacerlo. O le faltase la seguridad para hacerlo. Y, sin embargo, como nadie convierte en palabras los pensamientos más íntimos. También su tacto y sutileza se ven reflejados en el estilo de la novela, mientras el hecho de que no hable directamente de varias cosas ponga la imaginación del lector a pleno rendimiento.
         Lucy recuerda los días pasados con su madre en el hospital después de varios años cuando todo indica que por fin encontró su lugar en el mundo, que se encontró a sí misma. Parece estar en paz con sus emociones, las carencias que no logró compensar y los sueños que nunca se cumplieron. Por eso Me llamo Lucy trata sobre todo de la felicidad y lo difícil que resulta a veces demostrarse a uno mismo que nos las merecemos. Una lectura más que recomendable.
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Querría agradecer a la Editorial el envío del libro y a Laky del blog Libros que hay que leer el haber organizado el sorteo y la lectura conjunta de la novela.



jueves, 1 de septiembre de 2016

Recordando mis mejores lecturas: La luz entre los océanos

La luz entre los océanos
M. L. Stedman
Salamandra 2013

         
Hoy se ha presentado en la Mostra del Cinema di Venezia la versión cinematográfica de La luz entre los océanos de M.L. Stedman, una novela de la que much@s hemos disfrutado desde que se publicó hace 3 años. Aquí tenéis mis impresiones de la lectura que compartí en mi antiguo blog en otoño de 2013:

Si tuviera que definir en pocas palabras La luz entre los océanos, diría que es la novela más bella que he leído este año. Pero además de escribir un libro realmente bello, M. L. Stedman, en su debut literario, supo cumplir las tres condiciones que hacen que una novela mantenga la atención del lector: contó una historia apasionante sobre unos protagonistas intrigantes y, además, la ubicó en un lugar insólito e interesante. 

Es abril de 1926. A un remoto islote llamado Janus Rock, a 100 millas al suroeste de Australia, llega un pequeño bote. Dentro está el cadáver de un hombre y una bebé de unos 2 meses- viva y llorando. La llegada del bote causa una gran conmoción entre los dos únicos habitantes del Janus Rock, Tom Sherbourne y su mujer Isabel. Tom es farero y se ocupa del faro situado en la isla. El trabajo que desempeña, en casi total aislamiento del mundo exterior y silencio sólo interrumpido por el rugido de las olas, le ayuda a superar los horrorosos recuerdos dejados por la Primera Guerra Mundial. La tranquilidad del entorno, la rutina del trabajo y el gran amor hacia Isabel hacen que lentamente recupere la paz interior. Ambos Tom e Isabel desean tener hijos. Desafortunadamente, Isabel sufre dos abortos y el tercer hijo nace muerto. Dos semanas más tarde aparece el bote… Sí, se quedan con la niña sin decir nada a nadie. La tentación es demasiado grande, sobre todo para Isabel. Tom cree que hacen mal, que la niña seguramente tiene una madre, pero cede ante la insistencia y desesperación de su mujer. Con la niña en casa parecen haber alcanzado la plena felicidad. Sin embargo, cuando después de tres años vuelven de vacaciones a la tierra firme, conocen la historia de su hija adoptiva. Y las cosas empiezan a torcerse… La decisión tomada un día de abril de 1926 va a acarrear consecuencias trágicas para todas partes involucradas.

Uno de los fuertes de la novela es el lenguaje poético con el cual la autora describió el aislamiento y la soledad de la vida en una isla pequeña. Las descripciones de la vida en el Janus Rock son mágicas- Tom e Isabel construyen su propio mundo- un mundo perfecto, alejado de la realidad y problemas, sumergido en una burbuja de felicidad. El estilo limpio, sin muchos adornos, nos acerca al océano, hace sentir su fuerza potenciando la sensación del alejamiento y cierta irrealidad. (He leído la novela en inglés y espero que la traducción española sepa reflejar la belleza del lenguaje y estilo de M. L. Stedman).

La luz entre los océanos regresa a algunos temas poco populares en la literatura contemporánea.  Entre otros, conocemos los pormenores del oficio de farero, una profesión prácticamente desaparecida, que la autora había estudiado muy a fondo y descrito con mucho detalle. Pero sobre todo M. L. Stedman saca del olvido la Primera Guerra Mundial, hoy totalmente eclipsada por lo que ocurrió 20 años más tarde. Leyendo sobre los recuerdos de Tom o los miles de hombres muertos en las trincheras, mutilados, o a quienes las armas químicas dejaron secuelas de por vida, me  di cuenta de lo poco que nos acordamos de aquellos acontecimientos (incluso el 11 de noviembre se ha convertido en una conmemoración más con fines puramente políticos) y la poca importancia que se los da en la literatura hoy en día. Como si Erich Maria Remarque en Sin novedad en el frente o Ernest Hemingway en La fiesta o Adiós a las armas hubieran contado todo lo que había por contar sobre los horrores de la guerra o las experiencias de la generación perdida.

No obstante, lo que a mi juicio hace de La luz entre los océanos una novela excelente, es la construcción de los protagonistas. Todos son muy humanos, cometen errores, a veces son irritantes, ensimismados, egoístas. Al mismo tiempo han sido tan maltratados por la vida y el destino, que podemos comprender su comportamiento y decisiones que toman. Quizás no perdonar sino, por lo menos, comprender las razones detrás de sus decisiones.

La luz entre los océanos cuenta una historia estremecedora sobre las elecciones en la vida y sus consecuencias, sobre la pérdida y la recuperación, el amor y el perdón. Lleva una potente carga emocional que la autora sabe dosificar con mucha destreza haciendo que el lector desee seguir leyendo.

Y no olvidemos que la dirección del haz del faro hace que sea imposible iluminar sus alrededores:
 The lighthouse is for others, powerless to illuminate the space closest to it.


domingo, 28 de agosto de 2016

Per aspera ad astra

Lágrimas en el mar

Ruta Sepetys
Maeva 2016

en inglés: Salt to the Sea
Philomel Books 2016
           
Enero de 1945, algún lugar en Prusia Oriental. Entre la nieve y con las temperaturas de hasta -20˚C la población civil empieza a huir de sus casas ante el avance del Ejército Rojo, mucho antes de que las autoridades lo permitan en la llamada Operación Aníbal. Los rusos están sedientos de venganza después de casi 4 años de guerra en la cual los agresores alemanes no tuvieron compasión con nadie asesinando, quemando, robando y violando. Así que ellos tampoco la tienen – historias de pueblos arrasados, familias enteras asesinadas y mujeres violadas se extienden sembrando pánico entre los que huyen hacia el oeste. Es allí, en las tierras de los antiguos prusianos, donde se cruzan los caminos de Joana Vilkas, una joven enfermera lituana cuyo padre y hermano están luchando contra los rusos, Florian Beck, un alemán de Königsberg malherido en un costado, y Emilia, una polaca de 15 años, a quien su padre logró esconder en la granja de un conocido alemán pensando que allí tendría más oportunidades de sobrevivir que en su Lwów natal (hoy Lviv en Ucrania). Junto con un grupo de personajes variopintos intentan llegar al puerto de Gotenhafen (antes y después de la guerra: Gdynia en Polonia), de donde salen barcos hacia el oeste. Todos parecen tener más secretos que equipaje. Hacen el viaje a pie, sufren a causa de las bajas temperaturas y falta de alimentos, pasan muchísimo miedo por la cercanía de las tropas tanto alemanas – la orden de la evacuación se dio mucho más tarde y cualquier movimiento de civiles era ilegal- como las rusas. Lo que experimentan y ven por el camino parece indescriptible pero no sorprende a los que han escuchado o leído los recuerdos de los evacuados, como, por ejemplo, Expulsadas. Historias de las alemanas de Silesia, Pomerania y Prusia Oriental de Helene PlüschkeUrsula Pless-Damm y Esther von Schwerin, o han visto películas como Anónima. Una mujer en Berlín.   Sí, la historia que cuentan Lágrimas en el mar es brutal y cruda. 
Creo que la fuerza de la novela de Ruta Sepetys reside en que la autora se acoja a los hechos, aunque a muchos puedan parecer poco políticamente correctos, y salga del esquema Holocausto-la Ocupación de Francia-la Batalla de Inglaterra que predomina entre la narrativa sobre la IIGM publicada en castellano. Como en su primera novela, Entre tonos de gris, la escritora norteamericana da voz a los millones de víctimas de la guerra silenciadas por razones puramente políticas. Hay que subrayar, sobre todo, la tragedia de las tres repúblicas bálticas que, invadidas por el Ejército Rojo en junio de 1940 (tras el reparto de Europa entre el III Reich y la URSS efectuado en el Pacto Ribbentrop-Molotov del 23 agosto de 1939), vieron a la Alemania de Hitler como una fuerza que iba a liberar sus poblaciones de los asesinatos, deportaciones y purgas perpetradas por los rusos. Sepetys habla abiertamente de las vilezas de los dos regímenes, las limpiezas étnicas y atrocidades cometidas o incitadas por ambas partes.
            La novela tiene cuatro narradores: los ya mencionados Joana, Florian y Emilia, así como Alfred, un marinero alemán y nazi ferviente que idolatra a Hitler y odia a todos los que enumera en esta cancioncilla siniestra:

Communists, Czechoslovaks, Greeks, Gypsies, Handicapped, Homosexuals, Jews, Mentally ill, Negroes, Poles, Prostitutes, Russians, Serbs, Socialists, Spanish Republicans, Trade Unionists, Ukrainians and Yugoslavs.

Los cuatro coinciden a bordo del Wilhelm Gustloff, el antiguo transatlántico que va a llevarlos desde Gotenhafen a Kiel, junto con más de 10 mil personas, tanto civiles como militares. El 30 de enero, ya camino a Kiel, el barco es detectado por el submarino soviético S-13 cuyos torpedos impactan contra el transatlántico alemán causando la mayor tragedia marítima conocida con más de 9 mil víctimas.  
            Sin duda Ruta Sepetys ha hecho una exhaustiva e impresionante investigación antes de escribir la novela. La inmensa mayoría de sus lectores, independiente de su educación o país de origen, nunca ha oído hablar del hundimiento del Wilhelm Gustloff. Las razones de este mutismo son numerosas, así como hay muchas causas de la catástrofe, entre ellas la desastrosa preparación de la evacuación en la que se permitió la sobrecarga de la embarcación y la utilización de un barco armado como entonces estaba el Wilhelm Gustloff para tal fin.
            La novela impresiona con la inmensidad del impacto de la IIGM sobre la vida de los millones de civiles quienes lo perdieron todo como su consecuencia, independientemente de su origen, creencias o ideología. La escala del horror y de la pérdida presentadas desde la perspectiva de los cuatro jóvenes surten efecto en los lectores. Sentimos su desesperación, su voluntad de sobrevivir aunque sea un día más, su dolor y el sentimiento de culpa por todos los que se quedaron atrás o murieron por el camino. 
No obstante, hay ciertos aspectos de la novela que, en mi opinión, merecen crítica. Sobre todo falla la construcción de los personajes. Mientras Joana, Florian y Emilia se nos presentan como los buenos y bonitos, Alfred resulta ser un mirón sociópata, aquejado de una desagradable enfermedad cutánea. Por tanto, es presentado como una caricatura de villano, un malvado irrisorio  al estilo Gargamel. Creo que recurrir a los esquemas simplistas de héroes nobles y guapos contra villanos delirantes y feos, con el cuerpo cubierto de ampollas, es, como poco, decepcionante y desmerece el mensaje general de la novela. Por otro lado, lo que me sorprendió de manera positiva fue el carácter educativo de Lágrimas en el mar, algo que normalmente me molesta. La autora explica, eso sí - de forma muy concisa, lo ocurrido durante la IIGM en el este europeo, cómo se desarrollaron las ocupaciones soviética y alemana de esos territorios,  lo diferentes que eran del glamour de los cabarets parisinos, habla del terror, vejaciones y ejecuciones sumarias también de los  no-judíos. Siendo más que consciente del desconocimiento imperante acerca de esos hechos me parece hasta genial que se haya escrito esta novela y que lleve ya varios meses como uno de los  bestsellers de una conocida tienda on-line. Estoy incluso dispuesta a perdonarle algunas cursiladas como cigüeñas que desaparecen en los momentos menos oportunos.
Por eso, y a pesar de los peros, recomiendo Lágrimas en el mar a todo el mundo. Su estilo fluido y la tensión que crece con cada página la convierten en una gran lectura llena de emociones y reflexiones.  El hecho de que nos acerque un episodio muy poco conocido de la historia la hace imprescindible. Y creo que todos sus lectores se quedarán con el fabuloso e inolvidable personaje del poeta-zapatero. La novela sale este otoño en España publicada por Maeva. No os la perdáis.

You see, fear is a hunter. It encircles us when we are unarmed and least expect it. And then we are forced to make decisions.
I made the right decision. I tried to help.






martes, 23 de agosto de 2016

La vida nos devora

Horas subterráneas
Delphine de Vigan
Suma 2010

Mathilde es viuda y madre de tres hijos. Thibault es médico y trabaja en un servicio de urgencias a domicilio. Viven en la misma ciudad, grande y bella, la tercera protagonista de la novela de Delphine de Vigan. A Mathilde y Thibault les unen la soledad y la sensación del sinsentido de la vida. Todos los días pasan horas en el metro, tren de cercanías o parados en el atasco camino a trabajo.
Mathilde tiene una exitosa carrera profesional y parece que, 10 años después de la muerte de su marido, por fin ha encontrado el equilibrio. No obstante, una palabra pronunciada en el momento inapropiado la convierte en el enemigo número 1 de su jefe. Como consecuencia, se ve apartada de los proyectos, pierde su posición en la empresa y su oficina. Los compañeros empiezan a evitarla por miedo a represalias. La situación en la que se encuentra es asfixiante y acaba por afectar su salud. Mathilde padece insomnio, es irritable y se siente perdida.
Thibault tiene la vida y el corazón rotos. La pérdida de 3 dedos de la mano en un accidente enterró sus sueños de la especialización en cirugía. Al mismo tiempo se ve atrapado en una relación sin amor ni ternura. En su trabajo todos los días se encuentra con muchas personas desconocidas, siente el agobiante tempo de la vida en la gran ciudad y la inmensidad de la soledad que reina en ella.
Las experiencias de los dos protagonistas han hecho que éstos coexistan – porque no se puede afirmar que vivan -con el miedo de poder perder todo en cualquier momento. Alrededor suyo perciben un vacío que son incapaces de ignorar por más tiempo. A lo largo del día en el que se desarrolla la trama de la novela tanto Mathilde y Thibault tienen la sensación de que va a ocurrir algo que cambie todo. Junto con ellos percibimos la creciente tensión…
Las horas subterráneas es un estremecedor relato sobre dos personas solitarias que se cruzan en la multitud anónima de una gran ciudad. El lector espera el desarrollo de los acontecimientos con inquietud y la novela se lee con el corazón encogido. El acoso laboral y la soledad pertenecen a los problemas que afectan a muchas personas, así que resulta muy fácil identificarse con los protagonistas. A pesar de la dureza de los temas que trata, Delphine de Vigan describe las vidas de Mathilde y Thibault con mucha tranquilidad, sin ni siquiera una pizca de histeria que suele acompañar a los personajes en crisis. Seguramente habría sido más fácil y más rentable escribir una novela al estilo de Foenkinos o Musso, por suerte la escritora gala se resistió a la tentación de convertir su novela en otra historia de amor que supera todos los obstáculos. De hecho, con Las horas subterráneas se sitúa en el polo opuesto a esos dos productores de bestsellers franceses.
Delphine de Vigan habla sobre la soledad de numerosas personas que viven rodeadas de la multitud. Personas que, como dijo un clásico, si saben contar, que cuenten consigo mismas. La autora deja varias preguntas sin respuesta obligando al lector a reflexionar sobre muchos aspectos de nuestras vidas cotidianas. Creo que después de la lectura de Las horas subterráneas miramos con otros ojos a las personas que nos acompañan en nuestros trayectos de día a día.
La autora dibuja un sugestivo retrato de una gran urbe donde el tan añorado por muchos anonimato se convierte en una maldición, habitada por personas profundamente heridas por una metrópolis cuyos senderos parecen bifurcarse a cada paso y nunca se cruzan.
Las horas subterráneas rezuma tristeza. Habla de dos extraños unidos por la misma sensación del sinsentido y la esterilidad de sus vidas. Los dos tienen el único objetivo: llegar al final del día. Y así pasan los años. Merece la pena leer y reflexionar sobre las razones del vacío que reina en sus vidas. Deja mucho que pensar. 

jueves, 18 de agosto de 2016

La certeza de las dudas

El mundo incierto de Vikram Lall
M.G. Vassanji
Salamandra 2006

Me llamo Vikram Lall. Tengo el honor de estar considerado uno de los hombres más corruptos de África, un estafador de astucia monstruosa y rastrera. Se me ha atribuido la sustracción en los últimos años de una gran parte del tesoro de mi atribulado país, del que encabezo la lista de indeseables. En realidad, éstas y otras descripciones halagan mi inteligencia, por no decir mi sensibilidad moral. Pero no pretendo defenderme, ni siquiera buscar redención mediante la confesión; sólo deseo contar mi historia. (…) Hasta a mí me sorprende haber llegado a hacer la carrera que hice y haber conseguido estas distinciones. Pero me tocó vivir en una época excepcional de la que nadie sale indemne.

Con estas palabras Vikram Lall, un keniata de ascendencia hindú, empieza a contarnos su historia. Lleva varios años exiliado en Canadá, en un chalet de diseño adquirido con el dinero que ganaba en cantidades ingentes gestionando las riquezas robadas a sus compatriotas por las llamadas élites del país. Pero ésto no es ni lo más importante ni tampoco lo más llamativo de la novela de M.G. Vassanji.
         La historia de Vikram es realmente fascinante. Empieza en los años 50 del siglo XX, cuando el Imperio Británico está desmoronándose poco a poco, aunque faltan todavía unos años para que Ghana, como la primera colonia británica en África, declare su independencia. Vikram es un niño de corta edad, hijo de un comerciante hindú en Nakuru, y lo que más le gusta hacer es jugar con su hermana Deepa y su mejor amigo Njoroge, nieto del jardinero kikuyu que trabaja en la urbanización. Con el tiempo empiezan a unirse a sus juegos Annie y Billie,  hijos de unos granjeros blancos, clientes de su padre.  Vik está enamorado de Annie y Njoroge  de Deepa, ignorando por completo las barreras culturales y raciales vigentes en la época. Todo esto ocurre mientras los Mau Mau, la guerrilla independentista, siembra terror matando familias enteras de granjeros británicos. Los cinco niños viven una infancia casi bucólica ajenos a lo que ocurre a su alrededor, incluso cuando la policía se lleva de vez en cuando a algún que otro sirviente africano, y a pesar de que el padre de Deepa y Vikram se vea obligado a tener una pistola y participar en las patrullas vecinales. Hasta que la violencia golpea tan cerca de su reducido universo que ya nada va a ser igual.
La familia se muda a Nairobi, pasan 10 años, Kenia se independiza y el temible jefe de los Mau Mau, Jomo Kenyatta, se convierte en el primer presidente del país. Vikram empieza a trabajar para el gobierno gracias a las influencias de Njoroge y, con el tiempo, se ve en el centro de una red de corruptelas y blanqueo de dinero. La historia de su relación con Kenyatta y de la creciente corrupción que mancilla el mito de la lucha por la independencia del país hace la lectura de la novela  incluso más absorbente que la parte dedicada a la infancia de los protagonistas, cosa que creía imposible. Al mismo tiempo, no podemos olvidar de que hemos sido invitados a ser testigos de la vida de una familia hindú tradicional, con toda la profusión de colores y olores que implica presenciar sus comidas y fiestas. Los saris, los salwaz kameez, las dupattas para ir al templo, los chapatis, el naan, el dhaal, los currys, los matrimonios concertados, las celebraciones del Diwali… El mundo incierto de Vikram Lall es una novela muy sensual que nos mete de lleno en el universo de los hindúes keniatas.
         Alternando dos planos temporales entre el pasado en Kenia y el presente en Canadá, M.G. Vassanji nos habla sobre todo, creo, de la identidad y la alienación - un fenómeno que fácilmente se puede extrapolar a las historias de todos los inmigrantes que no se sienten en casa en ninguna parte. En el caso de los Lall, la India ya no es su hogar porque su pueblo quedó del lado pakistaní al separarse los dos países, mientras que en Kenia nunca serán tratados como iguales, ni por los británicos en los tiempos coloniales ni por los kenianos después de la independencia. Y da igual que hablen suajili y kikuyu, que sean los que mejor formación tengan y estén dispuestos a integrarse en la sociedad siempre y cuando se les deje a ellos y a sus creencias en paz. Los prejuicios y el racismo gozan de buena salud aunque pueda sorprender que los profesen los que los padecieron en su día y quienes, de cara a la galería, se llenen la boca de frases grandilocuentes sobre la igualdad y la fraternidad entre los pueblos. 
El otro tema clave es la ya mencionada corrupción, así como sus consecuencias directas: la desigualdad y el desmoronamiento de la sociedad. El pesimismo impregna las páginas de la novela cuando resulta que Njoroge (…) empezaba a pensar que el movimiento de liberación y los Mau Mau habían sido traicionados, que Kenia se había convertido en un país donde vivían diez millonarios y diez millones de pobres (…) y que quienes habían colaborado con la policía colonial ocupaban ahora altos cargos y se habían quedado con las mejores tierras y las mejores oportunidades.
         Estamos ante una saga que,  lejos de caer en sentimentalismos,  conmueve al mismo tiempo que refleja las realidades históricas. La trama rebosa de la excitación típica para las épocas del cambio pero no elude los múltiples problemas que éstas conllevan. A través de las gráficas e intensas descripciones Vassanji yuxtapone la belleza de los paisajes y la vida en Kenia con la destrucción que traen la violencia y la corrupción. Las historias de amor, contadas de manera muy realista, y tratadas como uno de los elementos esenciales de la vida de cada uno, hacen que nos involucremos con los protagonistas aunque esto no quiera decir que  no critiquemos sus acciones o las decisiones que toman. Sin duda, El mundo incierto de Vikram Lall es una novela muy recomendable.





viernes, 12 de agosto de 2016

Luna lunera cascabelera

Luna lunera
Rosa Regàs
Plaza y Janés 1999


Pero el destino de los hombres y de las mujeres se proyecta en la infancia, la patria que aparece, se forma y se consolida a medida que desarrollamos nuestras facultades amatorias y cognoscitivas.

         Barcelona, 1965. El abuelo está muriéndose. Tras la llamada de Francisca, la única sirvienta que queda en la gran casa del rico empresario moribundo, acuden a su lado su primogénito Manuel y los cuatro hijos de éste. Llevan años sin ver a quien ha sido para ellos la fuente principal de desgracias y sufrimiento. Entre las paredes que fueron testigos del desmoronamiento de una familia que parecía tenerlo todo, los nietos rememoran su vida bajo el yugo de un verdadero dictador opresivo, hipócrita y muy violento.
         Hacía mucho que no leía una historia que me indignase tanto.  Porque la que Rosa Regàs hilvana con mucho arte en Luna lunera es una historia estremecedora e indignante. Al estallar la Guerra Civil los cuatro hermanos de muy corta edad son enviados al extranjero. Vuelven a Barcelona una vez acabado el conflicto, pero no para reunirse con sus padres- que tuvieron que partir al exilio – sino que es su abuelo paterno quien se hace con su custodia. A partir de ese momento vivirán según los arrebatos de violencia de un hombre que, delante de sus nietos, no dudó en propinar una paliza a su mujer por haber comprado ensaimadas en vez de bollos… Los niños tampoco evitarán golpes, gritos y castigos por cualquier razón o sin ella, y donde mejor se sentirán será en sus respectivos internados.  Al mismo tiempo, el abuelo los utilizará como un arma en contra de su hijo y su mujer a quienes repudia por ser de izquierdas y, además, estar separados – para él un pecado mortal. La madre de los niños regresa del exilio en 1942 e inicia una lucha sin cesar por recuperar su custodia. Lo único que consigue es poder verlos en un juzgado cada 3 semanas. Los dos encuentros ilegales con la madre acabarán con el abuelo mandando a los niños a un reformatorio. Todo esto ocurre con el beneplácito del Tribunal de Menores controlado, como no, por la iglesia católica.
         Rosa Regàs pinta un retrato desolador de una familia destrozada por la guerra y por un hombre que parece la encarnación del mal. Los niños conocen la historia de sus abuelos, sus padres y sus tíos gracias a los recuerdos de las mujeres que trabajan en la casa del abuelo. Son unas historias muy duras, llenas de sufrimiento exacerbado por la imposible relación con el patriarca del clan. Los niños prácticamente no mantienen contacto con el mundo fuera de sus internados y la casa del abuelo, así que no se puede decir que la autora nos muestre el panorama de la vida de su clase social durante la época de la posguerra como lo hizo, por ejemplo, Esther Tusquets en Habíamos ganado la guerra. No obstante, es fácil intuir el ambiente opresivo de aquella época. Lo que destaca sobre todo es la hipocresía de los curas de diferentes rangos y colores de hábito que merodean por la casa familiar. La autora tampoco se queda corta al hablar del apoyo explícito de la burguesía catalana al régimen de Franco y su evolución posterior hacia el nacionalismo.
El nacionalismo si es de derechas es siempre fascismo.- afirma Manuel, en mi opinión el personaje más trágico, si cabe, de la novela. Porque todos los protagonistas de Luna lunera son trágicos, quebrados y traumatizados. Los niños ponen toda su esperanza en que el abuelo tenga que morir un día. Desafortunadamente, ese momento soñado tardará en llegar. Sin embargo, ellos todavía tendrán tiempo para intentar rehacer sus vidas, siempre y cuando logren superar sus traumáticas infancias. Su padre, el único miembro de la familia que parecía enfrentarse a la vida con algo de optimismo, ya no dispondrá de esta oportunidad:

 Muchos años después, cuando murió Franco, creyó llegado el momento que tanto había esperado. Pero su tiempo había pasado y nada habría de cambiar para él cuyas esperanzas de recuperar la República se iban alejando cada vez más a medida que avanzaba la nueva democracia a la que no parecía reconocer ni creer en ella como había hecho con su antecesora. Y las perdió para siempre cuando, a finales de los setenta y principios de los ochenta, se dio cuenta de que la República a la que tanto había dado había quedado en una vía muerta y los nuevos aires democráticos estaban en manos de gran parte de los hijos y los nietos de los que habían ganado la guerra civil y así sería por muchos años.


Una historia sobrecogedora que muchos podrían tildar de otra novela sobre los horrores de la posguerra si no estuviera basada íntegramente en la vida de su autora, Rosa Regàs. Aquí os dejo un link donde la escritora habla de su infancia.

martes, 9 de agosto de 2016

El lugar en el mundo

Belonging
Umi Sinha
Myriad Editions 2015


Parece que todo empieza al  principio del siglo XX, en la India, cuando Lila, una niña de 12 años, presencia desde un escondite la cena que su madre ha organizado para celebrar el 50 cumpleaños del padre. Además de la fiesta, la mujer puso mucho esmero en la preparación del regalo para su marido: un regalo tan extraordinario que, después de verlo, el hombre sale corriendo a su estudio y se pega un tiro en la cabeza. A Lila la acoge su única pariente conocida, una tía abuela que vive en Inglaterra. Mina hace de todo para que Lila olvide lo ocurrido en la India pero los recuerdos la van a perseguir hasta que no conozca la verdad sobre su familia.
Estamos delante de una convincente historia tejida con mucha destreza por tres narradores en primera persona. Por un lado tenemos a Lila quien nos habla de su vida de una niña arrancada a fuerza de su lugar en el mundo, privada del amor de su padre, de su identidad,  y quien ya siempre tendrá miedo de perder a los que ama. Su relato se entrelaza con las cartas que su abuela Cecily escribió a su hermana gemela, Mina, entre los años 1855-57, y con el diario del padre de Lila, Henry. Los tres componen toda una sinfonía de emociones, grandes dramas y momentos de felicidad que parecen robados al destino. La información está dosificada de tal manera que la tensión crece con cada página y tener que dejar la lectura resulta insufrible.
Al mismo tiempo, la autora nos acerca los tiempos cuando la India era la joya incuestionable del Imperio Británico – una joya brillante pero llena de sombras, como la masacre de Kanpur en 1857 o el trato dispensado a los soldados provenientes de las colonias por sus superiores británicos durante la IGM. Entrelazando las historias de sus protagonistas y, por ende, las siguientes generaciones de la misma familia, Umi Sinha nos permite comprender tanto las tradiciones culturales como los conflictos de identidad que moldearon sus personalidades. Por eso afirmo que parece que todo empieza con el suicidio de Henry. En realidad, la tragedia de su familia tiene unas raíces muy profundas. Lila tardará años en desenterrarlos. No obstante, Belonging trata sobre todo de los temas que, como la raza, el género o la violencia, desde siempre han ejercido una enorme influencia en la vida humana. - ¡Qué triste que después de siglos y siglos de los mismos conflictos causados por las aberrantes creencias en la superioridad de unos parezca que no hemos aprendido nada! - La inmejorable ambientación de la novela en la India colonial vista con los ojos de los británicos - no siempre de acuerdo con las políticas del Imperio- y de los hindúes- en la mayoría de los casos discriminados y tratados de forma denigrante, pero tampoco tan indefensos como acostumbramos a pensar- es, sin duda, otro de sus puntos fuertes.
La novela de Umi Sinha es un conmovedor y estremecedor estudio de la identidad cultural, de un verdadero choque de civilizaciones, y del daño que hacen los prejuicios. Al mismo tiempo no deja de ser una emocionante historia de amor, locura, pasión, pérdida y venganza. Pero, ante todo, habla de la necesidad de encontrar el lugar propio en el mundo, ese puerto seguro donde buscar el cobijo durante la tormenta. Una historia bella y dolorosa a la vez, que nos invita a reflexionar acerca de lo que significa pertenecer a un lugar a pesar de lo que opine la mayoría alrededor de nosotros. Sería estupendo que alguna editorial española la publicase.
-Simon, ¿Qué harías en mi lugar? (…)
-Lo que siempre deberíamos hacer.  Tomar la decisión y aceptar sus consecuencias.
Y así hago. Elijo volver a casa.